Pertenecer a una nación

La Resaca 2.0
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán

El sentido de pertenencia a una nación implica un apego afectivo a las raíces, a la cultura y la historia que la forjó y no significa ninguna animadversión hacia el mundo globalizado, pero si es un elemento fundamental para privilegiar los intereses colectivos por encima de la voracidad de las poderosas corporaciones transnacionales.

Por esa razón las grandes corporaciones multinacionales han cultivado con esmero a través de todos los medios de que disponen la estigmatización del nacionalismo. En tanto que los políticos corruptos que obtienen ganancias personales a cambio de ceder a precios de ganga los recursos de su nación, son ponderados y protegidos por las poderosas multinacionales y sus gobiernos.

Las reformas neoliberales hechas en las legislaciones, sobre todo de los países menos desarrollados, están enfocadas a proteger los intereses privados y restarle capacidad de acción a sus gobiernos en favor de las mayorías. Las transnacionales comparten migajas de su botín con las élites políticas y empresariales locales para operar.

El aparato propagandístico para despojar a los países del sentido de pertenencia a su nación es enorme y cuenta con la participación de intelectuales, comunicadores, artistas y figuras que gozan de fama y popularidad fabricadas para contribuir a ese fin. Ahora con toda naturalidad, muchas personas que se conciben como buenos, viven sin valores, aunque los pregonen. La justicia, concebida como el principio moral que inclina a obrar y juzgar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde, para muchos ya es utopía.

En las colaboraciones de Jorge Luis Borges en la revista El Hogar de 1935 a 1958, en un comentario sobre la obra de Gustav Frenssen, expresa: “No hay país en la tierra que no crea poseer un secreto, o mejor dicho, haberlo poseído: el de la felicidad y el honor. Luego vinieron los extranjeros y corrompieron esa antigua virtud. El pueblo, empero, guarda incontaminado el secreto. Entre nosotros el depositario es un gaucho; en Europa un labriego, un pescador. Las honradas novelas de Gustav Frenssen promulgan esa fe”.  

Urge introducir en la política actual la decencia, que significa honradez y rectitud que impide cometer actos delictivos, ilícitos o moralmente reprobables. Y por supuesto, retomar la educación cívica para inculpar el genuino amor a la Patria y la justicia para recobrar esa fe referida por el genial escritor argentino.

Es triste que gobiernos de izquierda como el del municipio Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, que preside José Esquivel del PRD camine de principio a fin sin más brújula que la de la codicia, carentes de la mínima pericia administrativa, sensibilidad social y sentido común. A unos días de ser relevado en la presidencia municipal por Maricarmen Candelaria Hernández del Morena, el SAT bloqueó 40 cuentas bancarias del ayuntamiento carrilloportense debido a la falta de cumplimiento de sus obligaciones fiscales. Por cierto la presidente municipal electa que asumirá el 30 de septiembre, formó parte del gobierno de Esquivel marcado por los abusos pero convenientemente dadivoso, y se caracterizó por guardar un ruidoso silencio. Es la nueva clase política pura del Morena, cuñada de Yenssuni Martínez que asumirá la presidencia municipal de Othón P. Blanco, apoyadas ambas por Mara Lezama, alcaldesa de Benito Juárez y Rafael Marín Mollinedo. En fin son cosas que pasan en nuestro país y en nuestro caribeño estado.

¡Hasta la próxima!


Edición: Laura Espejo