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Tejiendo esperanza ante la violencia

Invitación a la lectura de 'El Invencible Verano de Liliana'
Foto: Canal 22

“Mientras vivimos, mientras nadamos en vacíos universos, día a día en esta pecera de escasez, mientras el mundo no pierde su estúpido centro gravitacional, parece que todo es normal, benigno, entonces, sin pensarlo, aparece el miedo, el espanto instantáneo” Liliana Rivera Garza.

Cristina Rivera Garza me ha orbitado sin apenas darme cuenta: en la FILEY, por comentarios a textos de algunas amigas, entre los nombres que se mencionan en las recomendaciones recurrentes y, probablemente definitoria, en mi podcast favorito de periodismo de investigación. La autora fue entrevistada en El Hilo Podcast del 6 de mayo donde cuenta sobre los treinta años que lleva buscando justicia sobre el feminicidio de su hermana a quien retrató, como parte de esta búsqueda, en El Invencible Verano de Liliana (Random House, 2021).

Preparar esta invitación a la lectura fue un reto mayor a las anteriores, aún me sigo considerando principiante en este mundo de escribir mis afectos con los libros. Después de escuchar el capítulo de El Hilo Podcast me pedí el libro en la amarilla librería mas grande de México. A los pocos días llegó a mis manos y mientras terminaba las dos lecturas que me había propuesto acabar durante el mes de mayo la sonrisa de Liliana, a medio camino entre la timidez y la curiosidad, me miraba desde el escritorio.

Sentía una curiosidad que no entendía y apuré todo lo que tenía pendiente. Al empezar la lectura decidí, a diferencia de la gran mayoría de libros que he leído en mi vida, utilizar algunas banderitas para regresar en el texto pues lo sentía pesado, no en la lectura sino en el corazón. La autora nos presenta en el primer capítulo su caminar rumbo a la delegación Azcapotzalco, donde está, o estuvo, el expediente del feminicidio de su hermana. Derramo las primeras lágrimas en la lectura y rescato una de sus preguntas: ¿Quién tiene derecho a decidir cuánto es mucho tiempo y cuánto es poco? Miro las páginas retirarse mientras avanzo y me doy cuenta de que el tiempo es dúctil mientras se lee pues las huellas que van dejando horadan en lo profundo del ser como el caudal del agua sobre la tierra.

Para el segundo capítulo la narrativa toma un viraje que francamente me fue inesperado, Cristina Rivera Garza convierte al menos dos de sus capítulos en una reconstrucción epistolar de la vida de su hermana Liliana, y nos guía en la búsqueda de entender quién fue y las condiciones en las que vivía. Logrando algo mucho más profundo que la descripción contextual de la vida de una mujer joven en la ciudad de México en los 90, nos adentra en las entrañas de los anhelos de Liliana, de los afectos de Liliana y de los temores, velados en cartas crípticas, de Liliana logrando con ello desenmarañar las tramas de la violencia que habitaba y, como todas las mujeres que han pisado este mundo gobernado por el patriarcado, el tejido suele ocultarse a la mirada mientras se hace evidente en un perverso oxímoron que oculta todo lo que está a la vista.

 

Foto: Twitter @criveragarza

 

Mientras más reconocemos la voz de Liliana en el texto vemos acontecer un tercer estadio que reconstruye la vida universitaria de Liliana desde los ojos de quienes la amaron. Amigas, compañeros y parejas efímeras observan sus memorias y narran cómo vivieron algunos acontecimientos que, aunque en un principio pudieran parecer casi irrelevantes, nos vamos encontrando el trenzado que caracteriza nuestra existencia: la memoria se hace tangible cuando la colectivizamos pues, de otra manera, parecieran piezas de rompecabezas que no terminan por redondear los vértices de un momento vivido.

Cuando la narración se vuelve una esfera, en su redondez y complejidad, es que me percato que muchas veces en mi vida he esperado una eternidad por alguna lectura, esos libros que llegaron sin esperarlo a nuestra existencia y echaron raíz, germinaron, sus brotes crecieron y terminaron dando flores. Creo profundamente que este libro fue uno así por varias razones pues requiere que nos dejemos afectar, tomemos nuestro tiempo, nos sequemos las lágrimas, concluyamos el día y sigamos leyendo cuando lo consideremos pertinente.

En un país desgarrado por la violencia, que asesina en cantidades astronómicas y cuando ninguna política partidista parece tener la respuesta a corto plazo, necesitamos hacer esfuerzos sobrehumanos para resistirnos a la amenaza de desaparición de nuestra propia memoria. El invencible verano de Liliana es una luz que nos guía hacia los caminos de resistencia que necesitamos para seguir andando en esta oscuridad y que, en palabras de la autora, podemos invitar e invitarnos a quienes han tenido que vivir o sobrevivir a estas violencias de la manera de Liliana:

“Aún en los momentos más oscuros, Liliana no perdió la capacidad de verse a sí misma como autora de su vida”. Así y sólo así, tendremos la capacidad de construir esperanza. 

@RuloZetaka

 

Lee, del mismo autor: No hay luz sin esperanza

 

Edición: Ana Ordaz


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