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Foto: Reuters

El presidente Joe Biden afirmó que el financiamiento para la guerra en Ucrania es un asunto muy serio para él, y que está dispuesto a hacer concesiones significativas a la agenda xenofóbica del Partido Republicano en torno al tema migratorio con tal de que los legisladores de ultraderecha destraben los fondos destinados al envío de armas a Europa oriental y al sostenimiento del régimen de Volodymir Zelensky.

Con estas declaraciones, el mandatario demócrata consuma la traición a sus votantes, a quienes prometió revertir las draconianas medidas antimigrantes instauradas por su antecesor, Donald Trump. Pese a que en el discurso Biden y sus funcionarios se distancian del magnate, los hechos muestran que durante su administración se ha mantenido una suerte de trumpismo sin Trump: desde marzo de 2020 hasta abril de este año, se llevaron a cabo 2.8 millones de expulsiones de indocumentados, y apenas en octubre pasado la Casa Blanca derogó 26 leyes federales con tal de extender permisos para construir hasta 32 kilómetros de obstáculos al tránsito fronterizo en el condado texano de Starr, colindante con Tamaulipas. Esta forma de continuidad del sueño trumpiano de levantar un muro desde el Golfo de México hasta el océano Pacífico fue calificado por el presidente Andrés Manuel López Obrador como un retroceso en materia de política migratoria, que responde a las presiones de la clase política y el electorado conservador para frenar en seco la llegada de personas a través de la frontera sur.

 

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La rendición del gobierno demócrata a las peticiones retrógradas del conservadurismo es una tragedia en sí misma, pero resulta peor que el sacrificio de millones de seres humanos cuya única aspiración es mejorar sus condiciones de vida no se produzca para lograr algún bien (por ejemplo, para abrir conversaciones serias en el Capitolio acerca del urgente control de las armas de fuego), sino a fin de seguir enriqueciendo a la industria de la muerte y prolongar la guerra de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra Rusia, en la que se usa a los ucranios como carne de cañón de los intereses occidentales. Se trata de una propuesta macabra: violar los derechos humanos de los solicitantes de refugio a cambio de obtener dinero para violar los derechos humanos de los soldados y civiles ucranios y rusos.

De consumarse el acuerdo bipartidista sugerido por Biden, los contribuyentes estadunidenses financiarán un doble despropósito: tirar miles de millones de dólares en frenar la entrada de trabajadores que la economía de la superpotencia requiere de manera apremiante, y tirar muchos más en extender un conflicto estancado, imposible de ganar mediante las armas, y que sólo puede resolverse en la mesa de negociaciones.

 

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Edición: Emilio Gómez


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