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Cuando a Mérida le cambió el rostro

Noticias de otros tiempos
Foto: El Mundo Ilustrado, 18 de febrero de 1906

La historia de Mérida, como capital de Yucatán, tiene varias etapas. Desde su fundación hasta la actualidad hay que reconocer que la ciudad no se construyó en un día. Edificios como la Catedral tardaron varios años en concluirse, y en el caso del Palacio de Gobierno, éste data del Porfiriato.

En efecto, lo que conocemos como Centro Histórico de Mérida se fue construyendo en distintas épocas, y también es necesario señalar que también se ha ido destruyendo en nombre de la modernidad, la utilidad económica para los propietarios, y también de la corrupción.

Pero a finales del siglo XIX, Mérida era una ciudad cuya urbanización correspondía al antiguo régimen. Su trazado venía de la Colonia y los vehículos que recorrían sus calles eran predominantemente de tracción animal; incluso sus tranvías eran tirados por mulas. Pero las vías, mientras tanto, carecían de algún empedrado que impidiera dos cosas: primero, que las lluvias produjeran inundaciones, y segundo, que en tiempo de secas fuera imposible evitar quedar cubierto de polvo.

La gran transformación de Mérida ocurrió al cambio de siglo y el mérito le corresponde al entonces gobernador, Olegario Molina Solís. Entre 1902 y 1906, la administración de Molina emprendió varios proyectos que resultaron en el cambio de rostro de la ciudad. Sus obras más conocidas son las que inauguró el presidente Porfirio Díaz durante su visita en febrero de 1906; es decir, el Hospital O’Horán, el Asilo Ayala y la ampliación de la Penitenciaría Juárez, pero hubo también otras que terminaron siendo reconocidas por los viajeros más críticos.

Un ejemplo es el testimonio de los periodistas ingleses Arnold Channing y Frederick J. Tabor Frost, autores de The American Egypt, quienes terminaron fascinados por la limpieza de la ciudad, algo que pocos años antes de su visita era sumamente difícil de destacar. La gran diferencia había sido la pavimentación.

En su edición del 22 de junio de 1902, el diario El Eco del Comercio refiere  en una breve nota titulada “El adoquinamiento de la ciudad”, que el gobernador Molina había aprobado el contrato para pavimentar 40 mil metros cuadrados, correspondientes a las calles 59 y 60. El convenio se había celebrado con la Compañía Neuchatel y el señor J. Condit Smith y la Comisión especial del Ayuntamiento de Mérida para la pavimentación.

Un detalle que llama la atención en la nota es que la obra sería “por vía del ensayo”, y esto se debía a que se utilizarían técnicas diferentes. La Compañía Neuchatel se encargaría de 20 mil metros cuadrados en los que emplearía “rocas de asfalto en capas monolitas”, mientras que Condit Smith se encargaría de la otra mitad de la superficie a pavimentar, “con ladrillo vitrificado de la mejor clase conocida”.

La nota resalta que se trataba de un “ensayo”. Para esto es necesario entender que las calles 59 y 60 no sólo eran las principales (la primera, como camino al puerto de Sisal, y la segunda como vía hacia Progreso), sino que también se trataba de hallar lo que más convenía a Mérida. Cabe agregar que, si no se alcanzaba a cubrir los 40 mil metros cuadrados, la comisión municipal, de acuerdo con el gobernador, debía designar otra calle para ser pavimentada.

Otra cuestión era que el contrato no le daba derecho a los contratistas para las obras generales de pavimentación de las demás calles de la ciudad, “quedando en libertad el Gobierno o el Ayuntamiento para verificar nuevos contratos con los que se presenten y ofrezcan mejores condiciones”.

Lo más notable es que las empresas eran de las más reconocidas en el mundo, y aunque se tratara de ensayos en realidad estaban aplicando variantes del procedimiento de macadanización, el procedimiento de construcción de carreteras que ya llevaba casi un siglo de conocerse en Europa, pero que apenas entraba a América Latina en parte porque la región al fin entraba a una época de paz generalizada, pero también porque la economía de entonces, basada en la venta de materias primas, permitía financiar estas obras.

Del pavimento y adoquinado que se pudo durante el gobierno de Olegario Molina quedan algunos vestigios sobre los cuales el Instituto Nacional de Antropología e Historia debió dictar alguna medida de conservación, porque también es cierto que grandes tramos de ladrillo vitrificado ya fueron retirados de las vialidades meridanas; pero eso es noticia de otros tiempos.

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Lea, del mismo autor: Instrucciones para circular billetes falsos

 

Edición: Estefanía Cardeña


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