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En la mesa directiva de la Cámara de Diputados, una mujer de rostro surcado por los años, de postura firme, aunque auxiliada de un respirador artificial, preside el relevo en la Presidencia de la República este 1 de octubre. Ella quedó a cargo de tomar la banda presidencial del mandatario saliente, Andrés Manuel López Obrador, y entregarla a la entrante, Claudia Sheinbaum Pardo, y de declarar a esta última como presidenta constitucional.

La imagen parece una repetición de la historia, en particular del momento en que el llamado padre de la primera Reforma, Valentín Gómez Farías, enfermo, auxiliado por otros diputados, se aproximó a la tribuna para firmar la Constitución de 1857 y después afirmar “éste es mi testamento”. Gómez Farías había sido el impulsor de la separación entre Iglesia y Estado, tantas veces echada para atrás por Antonio López de Santa Anna, y pocos meses antes de morir, era testigo de cómo México había conseguido aquello por lo que él luchó durante tres décadas.

Así hoy, Ifigenia Martha Martínez y Hernández, bien puede decir que ha visto culminar tantos años de brega por la democratización del país, y por el reconocimiento a la participación política de las mujeres. Ifigenia Martínez debe ser recordada como una figura crucial en la política mexicana, por lo menos desde mediados de la década de 1980, destacando junto con Porfirio Muñoz Ledo, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Rodolfo González Guevara como fundadores de la Corriente Democrática, dentro del Partido Revolucionario Institucional (PRI), y luego como fundadora del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Entre varios hombres, ella ha brillado con luz propia tanto como profesional en economía como en el servicio público.

Este 1 de octubre no es relevante para México únicamente por el relevo en la Presidencia y porque ésta ha quedado ya oficialmente en manos de una mujer; la primera en ser titular del Poder Ejecutivo en Norteamérica, sino también porque se ha rendido homenaje a la lucha de otra gran mujer cuya contribución a la democracia deberá analizarse en el largo aliento, porque además debe considerarse que Ifigenia Martínez ha sido fundamental en diversas instituciones, como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), o representando al país ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), o como impulsora de la reforma al Distrito Federal.

Ver a Ifigenia Martínez como presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara ha sido, de alguna forma, un homenaje justo a quien ha dado tantos años por construir un México más justo y democrático.

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Edición: Ana Ordaz


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