Opinión
Julio Hernández López
09/01/2026 | Ciudad de México
Asumirse como referente
La presidenta de México se verá este mismo año colocada ante la disyuntiva de convertirse en un mesurado referente de poder de la izquierda latinoamericana o concentrarse en eludir los riesgos y amenazas constantemente perfilados por Donald Trump contra el gobierno de la llamada Cuarta Transformación.
Las circunstancias colocan a Claudia Sheinbaum Pardo en un escenario difícil para la citada izquierda subcontinental: de las figuras relevantes que tal corriente ha tenido en diversos países, sólo el brasileño Inácio Lula da Silva podría intentar mantenerse en el poder en los comicios generales de octubre del año en curso; en Colombia terminará el periodo de Gustavo Petro, con la incierta posibilidad de que el senador Iván Cepeda dé continuidad al progresismo en las elecciones presidenciales de mayo o en segunda vuelta en junio.
O concentrarse en lo nacional
En ambos casos mucho pesará el cantado intervencionismo de Donald Trump, quien ya ha cargado la balanza electoral hacia sus favoritos en las legislativas de Argentina (para ayudar al naufragante Milei), Chile y Honduras, y ahora, envalentonado por su “éxito” en Venezuela, tratará de impedir a toda costa que aspirantes con tonalidades de izquierda lleguen o se mantengan en el poder en otros países.
Sheinbaum ha logrado mantener una política de cesiones en la práctica combinadas con una retórica de aspiraciones soberanas. No es mucho el grado de acción que la realidad le permite, pero, el posible, lo ha ejercido con decoro: mantiene la intención de apoyo a Cuba (frente a una ultraderecha gringa que considera traición a la Casa Blanca toda solidaridad con la isla), se ha negado de manera rotunda a que haya acciones directas de los gringos contra los cárteles mexicanos y, con los cuidados a que el caso obliga, ha expresado rechazo a la invasión de Trump en Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro.
Ayer mismo, por vía telefónica, dialogó con Lula y, según lo que este declaró públicamente, ambos repudiaron “los ataques contra la soberanía venezolana y (...) cualquier visión que pueda implicar la anticuada división del mundo en zonas de influencia”. Dicha versión brasileña del diálogo fue acompañada de una invitación a la mexicana a visitar el gran país sudamericano.
Petro, por su parte, fue invitado a visitar la Casa Blanca luego de una peculiar llamada que sostuvo con Trump. Antes del telefonema, la postura del multimillonario había sido constantemente ofensiva contra el ex guerrillero. Aunque en apariencia hubo distensión, en Washington se mantiene firme el objetivo de que la derecha regrese al poder en Colombia.
Diríase que en el resto de las naciones latinoamericanas pocas son las expectativas de crecimiento o consolidación electoral y de poder de las izquierdas (lo que hay en Nicaragua es una aberración con cierta retórica sin credibilidad, Cuba pareciera encaminada a una crisis acaso terminal para el régimen histórico y los Rodríguez batallan en Venezuela para cumplirle tanto al poder gringo como a las exigencias de congruencia que les hace el chavismo-madurismo).
En ese escenario y sin que ella lo hubiese buscado, a Sheinbaum Pardo podría quedarle la oportunidad de construir una especie de referencia simbólica y, en cierto grado, operativa, de esa izquierda latinoamericana maltrecha o aplicarse a la defensa del territorio propio, sin dar motivos a los abusivos del norte para más golpes de los que ya se han recibido y los que constantemente se anuncian desde oficinas del trumpismo.
Trump, sólo limitable por él
Y, mientras The New York Times ha preguntado en entrevista a Trump si existen límites a su poder global y él ha respondido: “Sí, hay una cosa: mi propia moralidad, mi propia mente. Es lo único que puede detenerme (...) No necesito el derecho internacional (...) No busco hacerle daño a nadie”, ¡hasta el próximo lunes, con esta “moralidad” Epstein, Gaza, Caracas y lo que se acumule!
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Edición: Ana Ordaz