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Playas vemos, lagartijas endémicas desconocemos

Estas especies ayudan a estabilizar las dunas y controlar la erosión
Foto: ENES

Anibal H. Díaz de la Vega Pérez, Ricardo Galván López, Ricardo A. Carballo Pérez y Xavier Chiappa Carrara

México cuenta con más de 11 mil kilómetros de costa en su territorio. De estos, alrededor de 2 mil km se encuentran en la península de Yucatán, que comprende los estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo. En estos litorales se encuentran ecosistemas que proveen condiciones ambientales muy particulares para especies residentes y únicas. Una de ello es la lagartija de Cozumel (Sceloporus cozumelae) que es endémica de la península de Yucatán. Esta lagartija habita en la vegetación natural de las playas en la región continental, bordeando la costa, desde Mahahual en Quintana Roo, hasta la Reserva de la Biosfera Ría Celestún en Campeche, así como en las islas Contoy, Mujeres, Blanca y Cozumel, de donde proviene su nombre científico. La lagartija de Cozumel fue descrita y nombrada por Paul Jones hace casi 100 años (1927). Sin embargo, actualmente desconocemos muchos aspectos de su biología, ecología y fisiología, lo que supone un reto para su conservación. Hasta el momento, hay menos de 10 estudios publicados en la literatura científica que han reportado sobre sus características reproductivas, de tamaño, de hábitos y de sus relaciones evolutivas y de parentesco con otras especies del grupo diverso de las lagartijas espinosas (del género Sceloporus). 

Recientemente, hemos estudiado la relación entre la vegetación costera y la presencia de la lagartija de Cozumel mediante observaciones directas en las playas de Yucatán. En las playas en las que se ha removido por completo la vegetación natural y se tienen grandes construcciones, las lagartijas de Cozumel están ausentes. Por el contrario, en las playas en las que se mantiene la vegetación natural, en más del ochenta por ciento de las ocasiones, se han encontrado lagartijas debajo de las plantas. Hemos registrado la asociación de las lagartijas con nueve especies de plantas, las cuales utilizan como refugio para evitar el sobrecalentamiento, depositar sus huevos, comer insectos, huir de depredadores e interactuar entre machos y hembras. Destaca que la mayoría de las ocasiones estas lagartijas se encontraban cerca de la planta conocida como baya de mar (Scaevola plumieri), seguida por la verdolaga de playa (Sesuvium portulacastrum) y la margarita de mar (Ambrosia hispida). Estas tres especies de plantas son nativas y representantes de la vegetación de las dunas costeras de la península de Yucatán. Además, ayudan a estabilizar las dunas y controlar la erosión, que son funciones invaluables para el ecosistema.  

Las relaciones positivas entre especies son un tema muy interesante de estudio para los biólogos, ya que este tipo de interacciones suelen redundar en beneficios comunes o al menos para una de las especies implicadas. Además, las lagartijas cumplen funciones ecológicas muy importantes para los seres humanos, como la regulación de insectos transmisores de enfermedades. También son alimento de otras especies y contribuyen al intercambio de energía en el ecosistema. En el caso de la lagartija de Cozumel, su estrecha dependencia a las plantas de las playas puede tener un desenlace negativo. Actualmente, el acelerado crecimiento de la infraestructura costera, en muchos casos, genera la erradicación de la vegetación de las playas. Además, existen al menos nueve especies de plantas introducidas que se han establecido ampliamente en las playas de la península de Yucatán, las cuales pueden competir y desplazar a las plantas nativas. No menos importante es el cambio climático acelerado, que pone en riesgo la permanencia de las plantas costeras debido al incremento en la frecuencia de los huracanes, la intensidad de la erosión costera y el eventual aumento en el nivel del mar. En conjunto, estos diferentes factores ponen en riesgo tanto a las plantas nativas de la zona costera como a toda la biodiversidad que depende de ellas.  

Los resultados de las observaciones que se ha realizado permiten destacar la estrecha relación de las lagartijas con la vegetación. Por lo tanto, es importante continuar estudiando las interacciones entre las plantas y los animales que habitan las dunas costeras. En particular, en el caso de la lagartija de Cozumel, es necesario comprender su capacidad de resiliencia ante la expansión de las especies vegetales introducidas. Esto nos ayudará a encontrar posibles soluciones para aminorar el impacto del deterioro y llevar a cabo acciones de prevención, restauración y conservación de este ecosistema único que alberga una gran cantidad de especies endémicas de la península de Yucatán. 

Edición: Estefanía Cardeña


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