Opinión
Óscar Rébora
07/05/2026 | Playa del Carmen, Quintana Roo
La Quinta Avenida es el epicentro del éxito turístico de México y, paradójicamente, la vitrina donde el modelo neoliberal por más de una década exhibió su rostro más descarnado: la mercantilización absoluta de la vida.
Animalandia operó todo este tiempo como un monumento a la impunidad bajo el amparo de las administraciones prianistas, que hicieron de la omisión gubernamental una regla de oro. Primates, grandes felinos y especies en peligro de extinción padecían el encierro diario, el estrés y el maltrato a cambio de una fotografía fácil.
Para la lógica conservadora, el sufrimiento de un ser vivo era un simple costo operativo mientras garantizara la acumulación de capital. Esa crueldad se sostuvo por la renuncia sistemática de la autoridad. Los gobiernos del pasado abandonaron su obligación de proteger el patrimonio natural y asumieron un cómodo rol de gerentes de intereses privados.
Hoy el andamiaje ha cambiado de raíz. Actuar con firmeza es posible porque contamos con un marco legal sólido, en especial con la reciente reforma al artículo 4º constitucional, que marca un hito en nuestra historia jurídica. Por primera vez, los animales gozan de protección constitucional y de un reconocimiento explícito a su bienestar. Ese mandato dejó de ser letra muerta; es la herramienta que le devuelve al Estado su capacidad rectora para frenar a quienes lucran por encima de la ley.
Recuperar el estado de derecho en Quintana Roo responde a una voluntad política real. La gobernadora Mara Lezama demuestra en los hechos que la transformación significa ir de frente contra los intereses creados si estos vulneran nuestra Carta Magna. Poner la Constitución y la vida por encima del mercado es la decisión ética que define a la actual administración.
En este esfuerzo, hacer equipo con la alcaldesa de Playa del Carmen, Estefanía Mercado, resultó clave; abordar el problema de fondo, desmarcándose de la indolencia de sus antecesores, permitió un operativo impecable. El poder sólo adquiere sentido cuando protege a los más vulnerables.
Un rescate de esta magnitud no se resuelve en un día. Detrás del operativo en contra de "Animalandia" hay una planeación minuciosa, recursos, coordinación interinstitucional y el trabajo de decenas de personas. La tarea no concluye al terminar el operativo; de hecho, ahí empieza. Exige verificar la salud clínica de cada ejemplar, gestionar su traslado a espacios adecuados, empujar las carpetas de investigación en la Fiscalía y mantener el rigor procesal para que no exista impunidad. Hablamos de una labor técnica y jurídica compleja que solo llega a buen puerto con convicción de mando.
El bienestar animal se consolidó como un estandarte de la Cuarta Transformación en nuestro estado, un compromiso sin espacio para simulaciones. Los tiempos de la complicidad y el silencio comprado terminaron. Este operativo histórico prueba que en Quintana Roo la ley se aplica parejo, sin privilegios. En el nuevo pacto social que estamos construyendo, el desarrollo económico convive forzosamente con el respeto a todas las formas de vida. Defender el patrimonio natural es la única vía para garantizar el futuro de nuestra tierra.
*Secretario de Ecología y Medio Ambiente de Quintana Roo
Edición: Estefanía Cardeña