Opinión
La Jornada
17/06/2026 | Ciudad de México
El Tribunal Supremo de Brasil condenó a cuatro años de prisión, ocho de inhabilitación y al pago de una multa al ex diputado Eduardo Bolsonaro, por coacción relacionada con el juicio en el que su padre, el ex presidente Jair Bolsonaro, fue sentenciado a 27 años de cárcel por un intento de golpe de Estado. Eduardo, quien vive en Estados Unidos desde enero de 2025, cabildeó ante el gobierno de Donald Trump para que éste impusiera aranceles ilegales a Brasil y sancionara a los miembros del Poder Judicial que procesaron al ex mandatario y fallido dictador. Las tarifas comerciales fueron anuladas por la justicia estadunidense por su falta de bases jurídicas.
Eduardo no es el único Bolsonaro que usa la amistad con Trump para azuzar la intervención estadunidense contra su propio país. Flávio, precandidato presidencial y segundo favorito para las elecciones de octubre, voló a Washington para pedir al magnate que designase como grupos terroristas al Comando Vermelho y al Primeiro Comando da Capital, organizaciones con múltiples actividades criminales, pero ninguna implicación en el terrorismo. La designación, consumada sólo tres días después de las gestiones del también senador, significa que la Casa Blanca se otorga a sí misma el permiso para asesinar, bombardear, invadir y ejercer toda forma de agresión militar en territorio brasileño.
Más allá de lo que estas acciones dicen acerca de la familia Bolsonaro en particular, y de las derechas latinoamericanas en general, éstas deben verse en el contexto de la descarada intervención del trumpismo en toda la región. En estos momentos, la administración republicana maniobra para consolidar el dudoso triunfo de Keiko Fujimori, hija del ex dictador Alberto Fujimori y una de las figuras más nocivas de la política peruana en lo que va de siglo. También pone todo su peso político a favor de Abelardo de la Espriella, un abogado de mafiosos que este domingo contenderá en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia. Dejando de lado el estilo pendenciero, machista y provocador que De la Espriella ha calcado de otros referentes de la ultraderecha, su eventual llegada a la Casa de Nariño sería una catástrofe en todos los ámbitos, pues se trata de un individuo inescrupuloso que ha defendido los actos genocidas perpetrados por paramilitares y ha afirmado que él habría hecho exactamente lo mismo, es decir, rodear pueblos enteros para aniquilar a sus habitantes. Como los Bolsonaro, se muestra decidido a recurrir a Washington en perjuicio de su patria natal, para lo que, en sus palabras, no dudará en echar mano de su doble nacionalidad colombo-estadunidense.
Ante las intervenciones del trumpismo para atacar a quienes son o percibe como adversarios e impulsar las carreras de políticos entreguistas, es necesario rechazar cualquier forma de coacción, apremiar a todas las instancias estadunidenses con presencia en América Latina a actuar dentro del marco de la ley y recordar que la soberanía debe colocarse por encima de cualquier discrepancia partidista. En este sentido, el anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo de que la
extradición del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, requiere la presentación de evidencias incriminatorias por parte de Washington, marca el camino correcto frente a embates que no disimulan su carácter faccioso ni sus intenciones desestabilizadoras.
Edición: Estefanía Cardeña