de

del

¡Auxilio, una rana perdió el barco!

El tiempo me decía que se agotaba. Estaba dispuesta a pagar un taxi a la embarcación, aunque sabía que sería ''cariñoso''
Foto: Margarita Robleda Moguel

Sí, perdió el autobús, al grupo, el barco… no perdió la vida, ni la cabeza, ni la esperanza, ni el deseo de seguir algo más de dos meses embarcada. 

Pero vayamos por partes, el dos de junio subí al Crown Princess en Cd. del Cabo, Sudáfrica. Elegí un crucero de muchísimos días para cerrar mis obras inconclusas; quiero dejar todo en orden.

No he bajado mucho, estoy feliz recuperando la pluma, pero caí en cuenta de que el puerto de la Coruña, al que atracaríamos está cerca de Santiago de Compostela y para pronto compré mi boleto de excursión para visitarlo por segunda vez.

La verdad me encontré otro Santiago, pero ya platicaré de ello en la próxima entrega. En esta les cuento que el sol brillaba esplendoroso y auguraba un gran día. Los peregrinos llegaban desde todas las entradas de la ciudad radiantes de haberlo logrado. Vayan a saber cuántos metros o kilómetros habían recorrido, ¡llegaron a la plaza de Santiago de Compostela, uno de los tres sitios de peregrinación más importantes del mundo católico: Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela en Galicia, España. 

Llegamos a un sitio donde aparcan los autobuses para que bajen los peregrinos navegantes y sean recogidos más tarde. La guía nos dio audífonos donde ella podía ir comentando el camino, así como ir dando las instrucciones. Lo último que escuché es que comeríamos a las 12:00 en el Hotel de los Reyes, frente a la catedral y que después cruzaríamos al Museo. 

La aglomeración era tal que tenías dos opciones, una no perder al grupo y otra hacer lo que quería, en mi caso tomar fotos hermosas de un lugar lleno de magia y energía y estar pendiente de la cita de las 12. Y la logré. Comimos una rica paella, vino y un postre típico de almendras y un rico café, en una mesa de un lugar que aún guarda recuerdos de su tiempo palaciego. 

En la mañana había intentado entrar a la catedral, pero la cola de los peregrinos era eterna. Además, tanto caminar para llegar, no era cosa de nada más entrar y salir, mínimo tenías que tomarte unas selfies a solas y en grupo, a la deslumbrante belleza del altar en honor al santo, a pedir bendiciones para los amigos, la familia y anexas, cosa que era lo que yo esperaba hacer. 

Fue así que decidí salirme de la cola y encontrar cómo “colarme” en otro lugar para lograr entrar. 

La guía nos dijo que serían muchos escalones en el museo y como había entendido que por ahí lograríamos entrar a la catedral, acepté subir. Después de ver los tesoros de los siglos que lleva el recinto, salimos a la catedral. Logré pedir por nuestro planeta y anexas, incluidos Uds., y después de unas fotos vi a mi grupo en otra cola larguísima. Cuando pregunté qué era, me dijeron que era la tumba de santo y fue cuando decidí mejor, salir al al encuentro de la vida. Había tantas imágenes qué capturar. Una calle me llevaba a otra y… ¡Me perdí! Un señor se ofreció a acompañarme hasta la avenida qué caminamos al llegar a la ciudad. Pobre, no sé si era amable o tenía otras intenciones, la desconfianza es parte de la modernidad. ¡Ups!

Caminé por toda la avenida y no aparecía la zona de autobuses. Intentaba parar taxis y no me hacían caso, traté de detener a dos patrullas y solo una medio abrió un cristal y me regañó por no saber que los autobuses estaban del otro lado. 

Nunca encontré el otro lado. El tiempo me decía que se agotaba. Estaba dispuesta a pagar un taxi al barco, aunque sabía que sería “cariñoso”, pero no encontré. Por fin llegué. Eran autobuses de otros grupos. Mi cerebro no funcionaba. Tenía inmensas ganas de llorar. Me dije: “Margarita, ¿qué vas a ganar con eso? Toca resolver. Le Havre es el próximo puerto, París el camino”. ¡Ándale!

Se vaciaba el galerón de autobuses y gente, pensé que caería la noche y me urgía un techo donde cobijarme y decidí regresar a la ciudad. El Señor Santiago estaba conmigo, encontré el cálido hotel Pico Sacro y Eva en la recepción, una de los cinco hermanos que lo trabajaba, junto con su madre. Eva y el hermano me hablaron de Vueling, y me dio toda la información para volar a París. Hablé a Mérida a mi secre, compró el boleto, salgo el domingo a Paris a las 9:15; investigó la ruta y tomaré el metro y el tren para ir al puerto de Le Havre y mañana domingo a esta hora estaré en mi camita del barco, dejaré la ropa que me han acompañado estos tres días por una pijamada limpiecita. Cantaré loas de agradecimiento por lo vivido y el aprendizaje, por el apoyo y el cariño de muchos, y por la posibilidad de compartir: “los retos son oportunidades que la vida nos da para reinventarnos y descubrir que aún, somos capaces de brincarlas.”


Edición: Emilio Gómez


Lo más reciente

Técnicos y aficionados reprueban extensas pausas de hidratación en el Mundial 2026

Cadenas con derechos de transmisión venden publicidad en estos espacios de tiempo

La Jornada

Técnicos y aficionados reprueban extensas pausas de hidratación en el Mundial 2026

‘Somos Tod@s’, el libro que visibiliza los impactos del abuso infantil

Dafna Viniegra comparte testimonios de víctimas que enfrentaron la indiferencia

La Jornada Maya

‘Somos Tod@s’, el libro que visibiliza los impactos del abuso infantil

X sufre caída y usuarios reportan fallas desde otras redes sociales

Denuncian problemas para acceder y actualizar contenidos en la plataforma de Elon Musk

La Jornada Maya

X sufre caída y usuarios reportan fallas desde otras redes sociales

Pronóstico del tiempo: Así será el clima en Yucatán este lunes 22 de junio

Se esperan temperaturas máximas de hasta 39 grados en el poniente

La Jornada Maya

Pronóstico del tiempo: Así será el clima en Yucatán este lunes 22 de junio