Opinión
La Jornada
26/06/2026 | Ciudad de México
Al preguntarle acerca del avance de fuerzas de extrema derecha en países como Argentina, Ecuador y Colombia, y el papel que han desempeñado algunos medios de comunicación en esos procesos, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo consideró muy difícil que esa corriente llegue a arraigarse en México. Para sostener su postura, la mandataria mencionó factores como la fortaleza de la historia nacional, la identificación del pueblo con los principios de justicia social y la relación de confianza construida entre la ciudadanía y el gobierno.
Por ejemplo, argumentó que el carácter pionero de la Constitución de 1857 por establecer la separación entre la Iglesia y el Estado y eliminar privilegios, así como el de la Constitución de 1917 por incorporar principios de justicia social, dificultan el avance de proyectos políticos retardatarios.
A los elementos referidos por la presidenta Sheinbaum cabe añadir la completa y preocupante carencia de programa político entre la derecha mexicana. En los siete años y medio transcurridos desde que perdió el control del Ejecutivo federal, dicho bloque no ha sido capaz de articular otra propuesta que acabar con la Cuarta Transformación, e incluso ha fallado en presentar un plan de acción coherente. Por muchos y graves que puedan ser los errores de la coalición gobernante, la derecha tendrá cuesta arriba ganar la atención y el favor de la sociedad mientras no le ofrezca algo mejor con qué sustituirla.
Además de la obsesión enfermiza contra el ex presidente Andrés Manuel López Obrador, y el delirio de verlo manejar los hilos del gobierno cuando él se encuentra bien instalado en su retiro, la principal constante de la derecha ha sido la sumisión incondicional a Washington. Como señaló la Presidenta, “el PAN siempre ha tenido una afinidad muy grande con Estados Unidos en una actitud de subordinación”.
Desde tiempos de Salinas de Gortari el PRI ha mostrado la misma conducta servil, y en la actualidad puede verse cómo, cuando ya nadie les sigue el apunte dentro del país, “se van a Estados Unidos a hablar mal de México con los medios de comunicación”. Afortunadamente para México y para mal de la derecha, esta actitud hoy es más contraproducente que nunca debido al abrumador rechazo de la ciudadanía al trumpismo.
Sin embargo, la Cuarta Transformación no puede permitirse interpretar la ineptitud de sus opositores como un llamado a negligir sus promesas y traicionar sus principios. Sheinbaum tiene razón en recordar a sus correligionarios que, para evitar el avance de proyectos ultraderechistas, deben seguir cumpliendo los compromisos que han asumido, no defraudar y cumplir al pueblo. Por supuesto, gobernar bien no basta para contrarrestar las campañas de desinformación, cuyo diseño remplaza la realidad con narrativas que manipulan a la opinión pública y crea percepciones tan erradas como poderosas, y la Presidenta aconseja que la mejor defensa frente a la desinformación sigue siendo el contacto directo con la ciudadanía.
En suma, por ahora México parece protegido frente a los retrocesos catastróficos que experimenta casi toda América Latina, pero ello no anula el mal que significa la ausencia de una oposición seria, con ideas, con programa y con propuestas propias surgidas de la realidad del país. Mientras la derecha vernácula mire a la Casa Blanca de Trump en busca de respuestas a su inanidad, no sólo se hundirá a sí misma; también privará al país de los debates y el contraste de ideas que enriquecen a la democracia.
Edición: Ana Ordaz