Opinión
Mauricio Dardón Velázquez
01/09/2026 | Mérida, Yucatán
En 1980 mi amigo judío Boris Rosen, activo antisionista originario de Rusia y casado con la famosa crítica de arte Raquel Tibol, me platicó un chiste bastante mordaz: “un sionista es un judío que le pide dinero a otro judío para que un tercer judío vaya a vivir a Palestina”.
Por esas fechas yo mantenía una especie de duelo político-ideológico con Esther Shabot como articulistas en el periódico El Nacional. Doña Esther era una vocera y defensora de las políticas coloniales y represivas anti palestinas de los gobernantes de Tel Aviv, cuyo gobierno era encabezado entonces por Menahem Begin. Ignoro si la señora Shabot es simpatizante del partido Likud y de su ideólogo Vladimir Jabotinsky, pero sí lo era de Begin, quien se convirtió en el carnicero de las masacres de Sabra y Chatila en El Líbano. De igual forma, ignoro si Esther Shabot tiene algún lazo consanguíneo con Ezra Shabot, pero sí puedo asegurar que ambos tienen un profundo vínculo político ideológico con los gobernantes sionista de Israel encabezados por otro sanguinario líder, como es Benjamín Netanyahu.
El 2 de agosto el portavoz de Tel Aviv, Ezra Shabot, publicó en la revista Nexos, un libelo titulado “Genocidio”, en el cual endilgó una simplista definición del término que palmariamente indica que el autor ni siquiera fue capaz de leer los elementos que constituyen este delito internacional, establecidos en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio que, por cierto, fue ratificada por su patrocinador, léase Israel.
En otro pasaje del panfleto escribe que “entre los 50 mil muertos palestinos (que ya ascienden a 73 mil) había combatientes y menores transformados en yihadistas, o sea mártires en potencia dispuestos a morir”. Seguramente se refería a los19 mil 500 niños palestinos, incluidos 6 mil bebés, que han sido asesinados en Gaza. La proclividad yihadista de todos los bebés, niñas y niños asesinados es cortesía de las fantasías fascistas del autor de marras.
En otro pasaje del pasquín, el autor intenta puerilmente equiparar el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 con el genocidio de Netanyahu.
Otro infundio expresado por Shabot es que ni Yasser Arafat ni Mahmud Abbás han reconocido a Israel. El 13 de septiembre de 1993 en la Casa Blanca (EU) fueron firmados los Acuerdos de Oslo por Yitzhak Rabin (primer ministro de Israel) y Yasser Arafat, en los que expresamente Israel reconoce a la OLP como representante de Palestina y Arafat reconoció el legítimo derecho se Israel a existir. Seguramente Ezra olvidó que un fanático sionista de ultraderecha, asesinó a Yitzhak Rabin por haberlos suscrito y más tarde Netanyahu desconoció los Acuerdos.
Casi al final y en su afán de lavarle la cara a todos los gobernantes de Tel Aviv, de manera tímida y vergonzante, sostiene que lo aseverado en su escrito lo planteó “sin pretender justificar los excesos de un autócrata como Netanyahu”.
Los pequeños excesos de Netanyahu son contundentes:
Asesinato de 73 mil palestinos, de los cuales 19 mil 500 son niños.
Más de 35 mil desaparecidos.
Destrucción del 95% de todos los edificios y casas habitacionales, hospitales, escuelas, así como de la infraestructura eléctrica y de agua potable.
Privar a la población gazatí de agua potable, alimentos, medicinas y uso de esos suministros como arma de guerra.
Impedir el arribo de ayuda humanitaria para los gazatíes incrementando su desamparo y desaliento para obligarlos a emigrar.
Confiscar sus tierras de vivienda y agrícolas para construir zonas turísticas y hoteles de lujo, en contravención al derecho internacional.
El autor deliberadamente omite decir que la Corte Internacional de Justicia, la Corte Penal Internacional, la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU, la Relatoría Especial sobre los Territorios Palestinos Ocupados (ONU), la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ACNUDH), Amnistía Internacional y Médicos Sin Frontera han documentado, probado y condenado el genocidio que comete y continúa ejecutando Israel en contra del pueblo palestino en Gaza. Seguramente en la paranoica mente de Shabot todos están equivocados y no aprecian su fantasiosa visión sionista de ultraderecha.
Shabot equipara a Israel con el Estado judío. Pero no dice que ahí viven más de tres millones de palestinos musulmanes.
Como dijo Rosen, un judío (Shabot) promueva al sionismo para que otros judíos emigren a Pavesina.
Edición: Ana Ordaz