Opinión
La Jornada Maya
01/09/2026 | Mérida, Yucatán
El habitus de la clase política mexicana posee un grado de rigidez que permite asegurar continuidades amplias en el tiempo. A pesar de grandes cambios, ciertos usos continúan, como es el caso de emitir un mensaje “al pueblo de México” con motivo del informe presidencial. El 1 de septiembre es desde hace mucho un día destinado al Ejecutivo, aunque sea el marcado para el inicio del período ordinario de sesiones del Congreso de la Unión.
Pero desde hace ya casi tres décadas, el informe dejó de ser leído por el presidente en la tribuna de la Cámara de Diputados. Incluso, la ceremonia fue reducida a la entrega del documento por parte de algún secretario, mientras el titular del Ejecutivo ofrecía un mensaje a la nación. Este martes, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo hizo precisamente eso: dirigirse al pueblo, en tanto que la Legislatura cuenta ya con el documento extenso de lo realizado en el año.
Así, la ceremonia cumple con dos funciones de comunicación: los datos sobre el ejercicio presupuestal y el alcance de metas van a los legisladores, y el mensaje se destina al público. Este martes, desde el patio principal de Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum sí presentó, económicamente, algunos de los logros de su administración, pero esta información quedó entre dos alocuciones de carácter político, dirigidas a sus colaboradores directos y compañeros en el movimiento denominado la Cuarta Transformación (4T).
De inicio, Sheinbaum recalcó uno de los principios del movimiento: “los servidores públicos tenemos la obligación de comportarnos con profunda responsabilidad, pero al mismo tiempo con sencillez y humildad”; frase que constituye un llamado de atención para quienes han caído en el derroche o en conductas que van en contra de la idea de austeridad republicana, y de estos van varios funcionarios en los últimos dos años, haya sido que luzcan joyas ostentosas “obsequio del pueblo” o que hayan realizado numerosos viajes en jets privados.
El peligro es el retorno al pasado, cuando “se utilizaban los recursos públicos para excentricidades y lujos y se gobernaba para unos pocos”, algo que, supuestamente, terminó con la llegada de la 4T, “y lo digo claro, debe continuar de esa manera”. Es una advertencia con destinatarios próximos.
En la conclusión, el énfasis estuvo en la integridad del movimiento y en la defensa de la soberanía nacional: “Que nadie se equivoque, aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos; lo único que hay es la defensa del pueblo de México y su dignidad”.
El riesgo es que esa unidad en el proyecto se traduzca, para algunos, como la tentación de la unanimidad totalitaria o de la impunidad. El que se afirme que no existen divisiones o rompimientos no es garantía de ninguna de las dos opciones o, al menos en la visión de la presidenta, lo que hay en realidad es una responsabilidad histórica “de garantizar el camino de la honradez y de un gobierno que esté al servicio del pueblo”.
La advertencia viene en tiempo. Conductas de despilfarro y ostentación terminan costando votos, y ahora nos encontramos a pocas semanas de que inicie el proceso electoral que concluirá en 2027, en el que deberá renovarse la Cámara de Diputados, 17 gubernaturas y más de mil ayuntamientos. En este momento, revertir la tendencia al alza por parte de Movimiento Regeneración Nacional (Morena) parece difícil para una oposición que se encuentra desdibujada; pero no es imposible que consiga avances importantes en estados cuyos gobernantes ya llevan el sello del escándalo, el derroche y muy poca rendición de cuentas.
Edición: Estefanía Cardeña