Opinión
La Jornada Maya
03/09/2026 | Ciudad de México
El ex presidente de Colombia Gustavo Petro se encuentra de visita en México, donde fue recibido en Palacio Nacional por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Se reunió con la comunidad de sus connacionales en nuestro país y ofreció la conferencia magistral “El capital en el siglo XXI: economía política de la crisis climática” en el auditorio Alfonso Caso de Ciudad Universitaria, entre otras actividades. Además, concedió a este diario la primera entrevista desde que dejó la Casa de Nariño el pasado 7 de agosto.
En su visita a la titular del Ejecutivo, el líder de la izquierda partidista colombiana en las décadas recientes advirtió que la nueva realidad política de la región incluye la injerencia sistemática de redes dirigidas desde Washington en los procesos electorales de América Latina. Alertó que México debe observar lo que ocurra en los procesos electorales de la región, como el que tendrá lugar en Brasil dentro de unas semanas, así como el avance de fuerzas de derecha ante los comicios intermedios mexicanos de 2027 y la elección presidencial de 2030.
El ex presidente colombiano profundizó en torno a este desafío. “Vivimos en un caparazón planetario, una matriz de la mentira en la que granjas de bots quieren degradar la discusión política y llevarla al insulto. La intención de esa Matrix es esclavizar al ser humano con cadenas que no sólo son físicas, sino también mentales; por ejemplo, esclavizar al ser humano para permitir la explotación de los recursos naturales no renovables”. Por otra parte, relató lo cerca que estuvo de realizarse una operación militar estadunidense en suelo colombiano a semejanza de la que llevó al secuestro del secuestrado presidente Nicolás Maduro en la vecina Venezuela. Al describir la sensación de inminencia de un ataque después de que Donald Trump lo señaló como “el próximo” tras la intervención criminal en Caracas, Petro revela el aspecto más preocupante de la administración republicana: pese a la omnipotencia de la que se jacta el magnate, en los hechos la camarilla hiperfascista que lo rodea opera muchas veces a sus espaldas y le oculta algunas de las decisiones más cuestionables. Para el curtido político sudamericano, varios en la Casa Blanca son peores y más peligrosos que el propio Trump, quien “ya no está del todo al mando”.
Las admoniciones de Petro cobran valor en tanto explican un factor central en el giro a la ultraderecha que experimenta Latinoamérica, incluida de manera trágica la propia Colombia, y constituyen un testimonio de quien vivió en primera persona los embates de las redes trasnacionales de desinformación y manipulación. Para dimensionar la virulencia de la campaña sucia urdida por los medios corporativos contra el dirigente de centroizquierda, basta decir que la intensidad de los insultos y la desfachatez de las mentiras superan a la maquinaria levantada por las derechas mexicanas contra el ex presidente Andrés Manuel López Obrador. Como aquí, el odio es personal, pero las consecuencias no lo son: el antipetrismo inducido por los dueños de los grandes capitales y sus corifeos en los medios allanó el camino a un gobierno de y para la oligarquía.
El aporte de Petro al debate político supone una llamada de atención para redoblar la vigilancia en torno a agentes extranjeros que aprovechan herramientas comunicacionales como las redes sociales para instalar discursos neofascistas, difundir bulos, azuzar el odio y manipular a los electorados con el fin de favorecer a sus patrocinadores externos e internos, es decir, a la Casa Blanca y a un sector del gran empresariado reacio a la democracia. Junto al panorama sombrío que perfila, hay un mensaje de esperanza: en su país, en 2022 el pueblo eligió al primer gobierno progresista de la historia, y esa experiencia no puede verse como un fracaso. Las sociedades no están inermes ante el tecnofascismo, asegura, pues pueden protegerse con mentalidades fuertes y con el mismo recurso de los opresores: las matemáticas. La educación es fundamental para la resistencia a la que él mismo se suma e invita a sumarse.
Edición: Ana Ordaz