Opinión
La Jornada Maya
17/09/2026 | Ciudad de México
Cuando la memoria sobre un hecho desaparece, queda la historia como campo de batalla. Los rituales cívicos sirven entonces para apuntalar la legitimidad de los gobiernos, pero también para recordar que a pesar de que los recuerdos se debilitan, todavía persisten los motivos que dieron origen a las luchas más significativas de una sociedad.
Este miércoles, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo enfatizó que el pueblo mexicano mantiene una lucha constante por su independencia y soberanía. Esto en el marco del aniversario 216 del inicio de la guerra de independencia del país.
El mensaje de la Presidenta en este día, dado durante el pase de revista a las tropas, en el cual enfatizó que es responsabilidad de todas las generaciones “honrar lo que costó vidas, defender la patria, cuidar la soberanía y hacer realidad la justicia social”, tiene como función precisamente renovar el valor de la historia, cuando ésta se enuncia desde la tribuna y en Palacio Nacional.
Por supuesto, esto no quiere decir que las amenazas externas sean falsas. La ofensiva contra los Estados -Nación es una realidad y esto es incluso un riesgo para las libertades individuales, las consagradas en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en el siglo XVIII. Así, las palabras “México no se doblega, no se arrodilla y nunca se vende. México no será nunca colonia ni protectorado de nadie”, no son porque en este momento se haya alcanzado un grado de reconocimiento internacional que haya suprimido el peligro de una invasión, sino porque desde el exterior ha habido amagos de intervención que sí se han hecho realidad en otros países, como Venezuela.
El uso de la historia cuando se trata de dar mensajes políticos a la población en general, vuelve a ésta un relato simplista. Decir que México “nació de la rebeldía de un pueblo que se negó a aceptar la injusticia como destino” es suponer que ese pueblo o nación ya tenía una identidad antes de lanzarse a la lucha, y en también debe mencionarse que ya desde la Colonia existían distintas culturas en todo el territorio de la entonces Nueva España. No era lo mismo el indígena maya de la península de Yucatán que el tlaxcalteca, el otomí, o el seri o el rarámuri, sólo por mencionar algunos entre los cuales también existían divisiones.
También, la guerra de independencia no nació únicamente de los contingentes que se unieron al sacerdote Miguel Hidalgo mientras recorría la intendencia de Guanajuato luego de salir de la parroquia del pueblo de Dolores. Entre sus acompañantes se encontraban también oficiales del ejército realista como Ignacio Allende y Juan Aldama, ambos de origen criollo, como fueron los principales líderes de los movimientos independentistas de Hispanoamérica.
Pero la historia se recupera para enfrentar el presente. Incluso si el mensaje resulta un relato simplista, lo que sí se percibe es que son tiempos en los que el imperialismo cuenta con adeptos en varias esferas, tanto entre elementos de la clase política que se han visto desplazados por la Cuarta Transformación, como entre empresarios que han perdido privilegios y que tienen acceso a mecanismos de comunicación que convierten en sus voceros.
México ya ha atravesado etapas en las que sus recursos fueron extraídos para beneficio de las élites de otros países, muchas veces con la colaboración de personajes encumbrados en la vida política o la economía; o ambos. La Revolución vino a reclamar para la nación buena parte de los bienes e industrias estratégicas, pero en un momento el péndulo también regresó y de nueva cuenta se fueron desmantelando tanto empresas como servicios públicos. Los riesgos para el país existen, y más cuando hay quienes quisieran colaborar con quienes buscan intervenir ya sea a través de agentes o incluso por la fuerza, como diciendo “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Y esto no sólo es pobreza de miras, sino el recurso de quien se sabe incapaz de hacer viable un proyecto de nación independiente y soberana. Eso es lo que sí debe grabarse en la memoria.
Edición: Ana Ordaz