Opinión
La Jornada Maya
21/09/2026 | Mérida, Yucatán
En los últimos dos años ha quedado de manifiesto que la península de Yucatán es sumamente vulnerable ante una posible falla en la red de transmisión de energía eléctrica. Esto a pesar de las inversiones que ha habido para fortalecer la infraestructura de generación, que incluyen la entrada en funciones de la central de ciclo combinado Mérida IV, a la que se ha dado el nombre de “Elvia Carrillo Puerto” y cuya capacidad instalada es de 449 megawatts.
A esto debe agregarse otra planta de ciclo combinado, la Riviera Maya -Valladolid. Ya con la combinación, se ha insistido que la península se encuentra en camino hacia la autosuficiencia en materia de electricidad. Sin embargo, el panorama actual parece no ser del todo halagüeño ante las continuas fallas que ha experimentado la red de distribución.
Ahora, la Comisión Federal de Electricidad (CFE), empresa paraestatal a cargo de hacer llegar la energía a todos los hogares y negocios en la región, contará con menos dinero para invertir en el mejoramiento de su infraestructura y modernización de la red, dado que en 2027 deberá enfrentar una reducción de alrededor del 8.5 por ciento con respecto a los recursos con que contó el año pasado, lo que equivale a unos 30 mil 819.5 millones de pesos, y a una reducción de aproximadamente el 8.5 por ciento con respecto a lo que recibió en 2025; esto de acuerdo a datos recogidos del proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación, por parte de jubilados de la Comisión, especialistas y diputados del Congreso de Yucatán.
Visto en términos monetarios, lo que está en riesgo es la promesa de autonomía en materia energética que Emilia Calleja Alor, directora de la paraestatal, y el gobernador de Yucatán, Joaquín Díaz Mena, aseguraron en junio de 2025 que era el objetivo.
La exposición de jubilados de la CFE se dio durante el foro Yucatán: Energía con visión y experiencia. Sin embargo, debe decirse que la ponencia no mencionó cómo se repartirá el presupuesto disminuído, donde debe hacerse notar que lo que no habrá es otra obra de construcción de infraestructura de generación. Eso sí, tampoco se señala cuánto se destinará al rubro que está pendiente: la modernización de las vías de transmisión.
Es decir, contar con menos presupuesto asignado bien puede deberse a que ya se han ejecutado los proyectos mayores, que son la construcción de plantas de ciclo combinado. En cuanto a la red de distribución, la ciudadanía suele concebir que la CFE cuenta con transformadores y cables prácticamente a libre disposición, o por lo menos de manera equivalente a como una dependencia tiene a la mano insumos de papelería; en caso de alguna deficiencia, es posible ponerse en contacto con proveedores y hacer la adquisición sin alterar gran cosa el gasto programado, toda vez que la paraestatal debiera considerar la renovación periódica de equipamiento obsoleto o de capacidad rebasada.
Debiera, es el verbo y modo clave. Porque el recorte se da precisamente cuando la península ha sido escenario de apagones que ya han motivado protestas airadas por parte de la ciudadanía.
Lo que se ignora al momento es si la CFE ya cuenta con planes de inversión, mantenimiento preventivo, fortalecimiento y modernización de la infraestructura instalada en la península, que son en realidad tareas de ejecución continua. Así como crece la población, debe adecuarse la capacidad de hacerle llegar la energía eléctrica: al aumento en la demanda debe obedecer lo propio en cuanto a infraestructura.
Dada entonces la disminución de presupuesto para la CFE, lo que queda por cuestionar es si existe el recurso para sostener el plan de mantenimiento y modernización de la infraestructura de distribución, que es el rubro donde sabemos que se dan las fallas más frecuentes. Caso contrario, resultaría conveniente que los gobiernos peninsulares consideren exhortar continuamente a la población a tomar medidas ante la temporada de apagones 2027, al igual que se hace con motivo de las tormentas y huracanes tropicales.
Edición: Ana Ordaz