Opinión
Cristóbal León Campos
22/09/2026 | Mérida, Yucatán
El próximo sábado se cumplirán 12 años de la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, y si bien se sabe ya el destino de tres de ellos, eso no ha eliminado la consigna general nacida en medio del horror del crimen de Estado: ¡Nos faltan 43!
El paso de los años ha hecho del Caso Ayotzinapa un dolor enclavado en lo más profundo, una llaga no curada que sigue lacerando el alma patria, a lo que debe sumarse el desgaste que produce el constante vaivén de información que, en ocasiones, nos hace pensar que por fin habrá luz sobre la verdad para poco después divulgarse una noticia contradictoria o un viraje en la postura de las instituciones gubernamentales encargadas de esclarecer los hechos, generando un efecto de desolación al que hay que agregarle el hecho de que a la fecha ocho madres y padres de los 43 han fallecido, partiendo de la existencia mundana sin conocer el destino de su hijo, terminado su existencia destrozada por la muerte adelantada que les causó la desaparición forzada de los normalistas, y de esa pérdida no hay retorno humano posible.
Así, el Caso Ayotzinapa para algunos sectores, incluso de la izquierda, va convirtiéndose en una más de las efemérides del extenso almanaque de la injusticia y la impunidad que durante décadas han marcado con su sello la realidad mexicana, teniendo en la sima de este listado la matanza de Tlatelolco , con un sinfín de adendas. Ahí la importancia de seguir hablando, escribiendo y exigiendo justicia para Ayotzinapa, no solo en la efeméride, sino cotidianamente.
En las últimas semanas el Gobierno Federal reveló que antes de que se cumplan 12 años de la desaparición forzada de los 43 se dará a conocer un nuevo informo de manera conjunta por la Secretaría de Gobernación (SG) y la Fiscalía General de la República (FGR), donde se espera sean presentados los avances de las nuevas líneas de investigación abiertas por la actual administración, y al mismo tiempo se den a conocer las siguientes acciones, sobre todo recordando los pendientes relativos al caso, como son la extradición de Tomás Zerón de Lucio, ex titular de la Agencia de Investigación Criminal, resguardado en Israel, y las indagatorias sobre la participación del hoy detenido ex gobernador de Guerrero Ángel Aguirre.
De igual forma, se espera la atención a uno de los reclamos más airados de los últimos años que se refiere a la entrega por parte del Ejército mexicano de los 800 folios señalados de contener posible información fundamental para esclarecer lo sucedió la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, fecha en que una buena parte de la nación quedó marcada, siendo Ayotzinapa un dolor y un reclamo que ha dado lugar a protestas sociales en que la generación naciente de ese entonces a la vida política se entrecruzó con las generación que ya venían luchando durante décadas por un mejor país, siendo por eso que Ayotzinapa significa esperanza; por alcanzar la justicia negada y por la construcción de un país sin el oprobio sistémico, aunque ahora, con el paso de los años, a algun@s acomodados en el poder se les olvide.
En estos días esperamos con honestidad, aunque también con recelo, que el informe anunciado por las instancias gubernamentales presente información puntual sobre los sucesos, el paradero de los 43 normalistas, las condenas a los culpables materiales del crimen de Estado, y también nuevas rutas de investigación para que sean ya por fin implicados en las indagaciones autores intelectuales de esta ignominia como el ex presidente Enrique Peña Nieto, y otros actores políticos del gobierno de entonces, y que hoy gozan de impunidad en medio de este crimen sin justicia.
A punto de cumplirse 12 años, las madres y padres de los 43 normalistas han sido como siempre muy claros al decir que: “lo único cierto que tenemos es que no sabemos dónde están”. Para nosotros es tiempo ya de que llegue la verdad y la justicia para Ayotzinapa, pues aún... ¡Nos faltan 43!
Edición: Ana Ordaz