Opinión
La Jornada
22/09/2026 | Ciudad de México
CBS, NBC, ABC y Fox News anunciaron que suspenden la cobertura conjunta de las actividades del presidente Donald Trump en solidaridad con CNN, MS NOW y Politico, los cuales fueron vetados de la Casa Blanca por el mandatario. Las seis cadenas de televisión mencionadas llevan a cabo un seguimiento permanente y rotatorio de la agenda presidencial, es decir, que en ocasiones sólo una de ellas acude físicamente a los eventos, pero comparte las imágenes obtenidas con todas las demás. Por ello, la negativa de CBS, NBC, ABC y Fox News a ser cómplices de la censura contra sus colegas deja a Trump sin una sola televisora de alcance nacional que lo siga a donde vaya y difunda sus declaraciones. The New York Times y The Washington Post, los dos medios escritos más importantes del país, no dejarán de cubrir las actividades del Ejecutivo, pero se abstuvieron de tomar y divulgar fotografías de sus eventos hasta la medianoche de ayer como un gesto simbólico de respaldo.
La restricción a CNN, MS NOW y Politico no es, ni de lejos, el primer intento de Trump por callar a cualquier voz que no sea lo suficientemente obsecuente con él. Hasta la fecha, exige en tribunales 15 mil millones de dólares al Times por la presunta difamación en su contra durante la cobertura de la campaña presidencial de 2024, así como 10 mil millones a The Wall Street Journal por publicar un reportaje en el que se afirmaba que en 2003 el mandatario escribió una carta de cumpleaños con tono lascivo a su difunto amigo y violador de menores, Jeffrey Epstein. También demandó a CBS News y ABC News (filiales de Paramount Global y Disney, respectivamente) por una entrevista y afirmaciones de un presentador que no fueron de su agrado. Estos dos casos se saldaron con acuerdos extrajudiciales –eufemismo para extorsiones– por 16 y 15 millones de dólares.
Pese a éstos y muchos otros antecedentes, el conflicto actual lleva a un nivel inédito la ruptura del magnate con la prensa y es muestra del desquiciamiento que le ha llevado a pelearse no sólo con quienes percibe como enemigos, sino incluso con sus más cercanos aliados. La participación en el boicot de Fox, un conglomerado tan abiertamente trumpista y favorable al Partido Republicano, es el mejor indicador de que el mandatario ha cruzado todas las líneas rojas de la institucionalidad y la cultura política estadunidenses. Además, ha elegido el peor momento posible para embarcarse en un pleito innecesario: a sólo seis semanas de las elecciones de mitad de mandato y con su popularidad por los suelos.
De acuerdo con una encuesta de Reuters/Ipsos, el índice de aprobación del presidente cayó a 32 por ciento, el nivel más bajo en sus dos mandatos. Lo más inquietante para él y su partido es la velocidad del desplome, pues apenas en una semana el respaldo general retrocedió tres puntos y el de sus correligionarios, nueve, al pasar a 73 por ciento desde el 82 por ciento anterior. Ya en julio pasado, una encuesta de CNN encontró una cifra récord de 73 por ciento de adultos quienes creen que no ha prestado suficiente atención a los problemas más importantes del país, y Trump no hace nada por disipar esta percepción: en mayo dijo no pensar “ni un poco” en la situación financiera de los estadunidenses durante las negociaciones con Irán, y apenas hace una semana reiteró que los precios más altos de la gasolina son un pequeño costo a pagar por su guerra en Medio Oriente.
En suma, cabe saludar la solidaridad entre los grandes medios de comunicación estadunidenses frente al ataque contra la libertad de expresión, aunque este cierre de filas sea tardío y se produzca cuando ya transcurrió una década de normalizar agresiones inadmisibles a comunicadores, desde reporteros de a pie hasta importantes figuras mediáticas. La determinación de las televisoras para mantenerse unidas y los resultados de los comicios de noviembre próximo parecen factores decisivos en la posibilidad de rescatar la democracia estadunidense, con todos los defectos que ésta ya presentaba antes del trumpismo.
Edición: Ana Ordaz