Opinión
Julio Hernández López
23/09/2026 | Ciudad de México
Tales palabras en tal escenario hubieran producido escándalo y riesgos inminentes si las hubiera pronunciado otro orador y en otras circunstancias. Pero Donald Trump sólo reiteró su retórica chantajista (con el doble juego del policía bueno y el policía malo) y la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas ya no tiene la relevancia que de alguna manera llegó a tener.
La palabrería presuntamente apocalíptica de Trump (“México, el epicentro de la violencia de los cárteles”, equiparación con ISIS) ha ido cediendo ante la realidad, como se ha visto en el estrecho de Ormuz y en Irán en general, pero no sólo ahí. Es una especie de caricatura de Calígula, que mantiene poder letal y diariamente se comporta como aspirante a emperador demencial, pero en constante deterioro general (no sólo mental), en caída de popularidad, desesperado por frenar a China y con indicios crecientes de que podría sufrir un revés electoral en las intermedias de noviembre venidero.
Por ello es que la reiteración de sus amagos debe sobrellevarse sin mayores alarmas de las ya cotidianas. Preocupante, en todo caso, es que más allá de lo discursivo, México esté cediendo en terrenos comerciales y de seguridad nacional. Sosegar los enojos y agresiones verbales de Trump no debería implicar el abatimiento del interés popular (la defensa del medio ambiente, por ejemplo) para satisfacer los estadunidenses apetitos empresariales de neoliberalismo crudo que se están aceptando en los “polos de desarrollo”, a cuenta del llamado “Plan México”.
La historia de México, el registro de las diversas formas de intervención extranjera, han propiciado la aprobación de contenciones legales diversas, que podrían parecer impropias o excesivas en una primera lectura simple, pero tienen fundamento claro en momentos críticos o peligrosos, como los que actualmente fabrican contra México el trumpismo y Estados Unidos en general (sean republicanos o demócratas los ocupantes de la Casa Blanca).
En ese contexto, es válida la prohibición de que tengan doble nacionalidad quienes aspiran a presidir el país o gobernar sus estados y la capital nacional. En la Constitución hay reservas, por ejemplo, a la participación electoral de ministros de denominaciones religiosas (que a partir de la reforma salinista pueden votar, pero no ser votados como candidatos si no se separaron con la debida anticipación de su cargo religioso). En el caso de la doble nacionalidad, pareciera que quienes aspiran al intervencionismo estadunidense, y lo solicitan, están también en contra de esta justificada restricción que ayer la Cámara de Diputados aprobó en lo general.
La presidenta nacional de Morena rechazó que en la designación de “coordinadores estatales” no se hubiera tomado en cuenta al Partido del Trabajo y planteó la importancia de mantener las alianzas de la 4T, aunque sin abrir resquicio alguno para la eventual corrección de virtuales postulaciones ya asignadas. “Aspiraría a que estemos todos juntos (…) Todo va a ser arriba de la mesa”, señaló Ariadna Montiel, dejando en el aire si acaso el partido discrepante estuviese intentando negociaciones por debajo de la citada mesa.
El método de las encuestas para definir virtuales candidaturas ha generado desconfianza entre aquellos que oficialmente quedan como perdedores (las encuestas son un disfraz del dedazo, reconoció años atrás el secretario de Formación Política de Morena, Enrique Dussel, filósofo, académico, teólogo y escritor que falleció en 2023). Ante ello, la propia presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, además de elogiar el método y los resultados, instó a que se den a conocer los ejercicios demoscópicos correspondientes. Montiel, en respuesta, aunque sea posdatada, anunció que se harán públicas tales encuestas, pero hasta después que haya terminado el proceso de las 17 “coordinaciones”.
Y, mientras se valoran en toda su trascendencia los datos difundidos ayer por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en cuanto al descenso de la fecundidad en México, ¡hasta mañana!
Edición: Estefanía Cardeña