Opinión
Cristóbal León Campos
25/09/2026 | Mérida, Yucatán
Mañana, sí, mañana serán ya 12 años, doce con letras y números, con días despedazados por las largas horas que atraviesan el alma de las madres y los padres; cada segundo prolonga la agonía en una espera que no termina y la verdad que no llega, aunque la esperanza no se pierde, se mantiene intacta sin importar el paso del tiempo.
El crimen de Estado acontecido la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014 se mantiene impune. Así de simple y claro, a la fecha los discursos oficiales no alcanzan; son los hechos los que deben hablar. Sobre Ayotzinapa, en estos 12 años hemos escuchado y rechazado la “verdad histórica” del gobierno del ex presidente Enrique Peña Nieto, quien, siendo el comandante del Ejército Mexicano en ese entonces, no ha sido citado a comparecer por los hechos; ya ni siquiera es mencionado en muchos de los informes que siguen publicándose y que en ocasiones terminan sirviendo para la acumulación de páginas y páginas que distraen más de lo que informan, y tampoco se le ha llamado ante la justicia para aclarar la desviación de la verdad y la justicia presentada durante su mandato por él y por sus funcionarios de gobierno, como Jesús Murillo Karam, quien, además de manifestar su “cansancio”, leyó la infamia conocida como “verdad histórica” en horario estelar, con formato de telenovela y una deshumanización que aún hoy cala en lo profundo de la nación.
Mañana serán 12 años, sí, doce, y estamos a la espera de que el nuevo informe del actual Gobierno Federal revele datos concretos y la ruta de investigación que lleve a la verdad, al paradero de los 43 normalistas de Ayotzinapa, a la justicia y también a la implicación en procesos legales a los culpables materiales e intelectuales para que el peso de la ley, la verdadera ley y no la simulación, caiga sobre ellos, como un desagravio y como parte de lo mucho que el Estado mexicano le debe al pueblo, por las noches en vela, por el llanto acallado ante la necesidad de resistir y continuar caminando en la búsqueda, por la represión, por la ira contenida y la rabia acumulada, por el dolor que palpita y que grita ¡JUSTICIA!
En meses pasados el Caso Ayotzinapa volvió a estar en los encabezados de la presa y en las principales noticias de los medios electrónicos, la Recomendación de la CNDH revolvió la marea y trajo consigo un malestar natural ante el cambio de discurso, ante la criminalización de las madres y padres de los 43 normalistas, de las agrupaciones que los han acompañado durante estos largos 12 años, de quienes desde nuestras trincheras hemos escrito, marchado y gritado por la justicia y la verdad, esa Recomendación intentó exonerar de un plumazo el Ejército mexicano negando su participación con la “argumentación” de que los militares hoy detenidos actuaron de forma individual y no siguiendo órdenes de altos mandos castrenses, eso sin importar que no se trata de uno o dos elementos, sino de más de una decena de militares detenidos, sin contar a los ya absueltos (algunos de ellos en procesos poco claros), e incluso altos mandos como el general Salvador Cienfuegos, ex Secretario de Defensa Nacional, han sido absueltos casi con “cartas de buena conducta”, aunque tiempo atrás el propio general asegurara que ningún militar conocía los hechos de Ayotzinapa, y entonces ¿por qué no se entregan los más de 800 folios señalados de contener información fundamental para aclarar los hechos y por qué ahora, incluso, se niega su existencia?, ¿por qué no se permite la realización de investigaciones independientes (del Ejército y el Estado) en los campos militares señalados por su involucramiento en el Caso Ayotzinapa? Y ojo, acá no se trata de revanchas históricas, estamos hablando de justicia verdadera, de resarcir un poco los daños de tantos y tantos agravios acumulados, de la Guerra Sucia, de Tlatelolco, de los crímenes de Estado, de tantas muertes y desapariciones forzadas, estamos hablando de reconstruir la nación con bases sólidas erigidas con una lógica humanista.
Estas líneas se escriben a unas horas de que se revele el nuevo Informe sobre el Caso Ayotzinapa; ha habido avances, sin duda, pero también retrocesos y aún no se llega a la médula. En estas horas la justicia y la verdad se sienten aún lejos, por el cansancio y por el eco de los doce años que se nombran y resuenan, calan, hieren, pero, de igual forma, estos doce años están llenos de dignidad y conciencia que gritan con mayor fuerza: ¡Nos faltan 43!, ¡Justicia para Ayotzinapa!
Mañana, sí, mañana serán ya doce años…
Edición: Estefanía Cardeña