Opinión
Mauricio Dardón Velázquez
28/09/2026 | Mérida, Yucatán
El 13 de septiembre de 1993, el primer ministro de Israel, Yitzhak Rabín y el líder de la OLP, Yasser Arafat, firmaron los Acuerdos de Oslo en la Casa Blanca, a través de los cuales Israel reconoció a OLP como representante del pueblo palestino y la OLP reconoció el derecho de Israel a vivir en paz. Se adoptó la solución de dos estados al problema palestino e Israel aceptó el establecimiento de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en Ramala (Cisjordania), que gobernaría Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental.
El Partido Likud y Netanyahu se opusieron a los Acuerdos. El 4 de noviembre de 1995 Yigal Amir, un israelí de extrema derecha, asesinó a Yitzhak Rabín en Tel Aviv, magnicidio que justificó porque el primer ministro entregó territorios judíos a los árabes.
Por el lado palestino, todas las agrupaciones de la OLP aceptaron los Acuerdos, pero el grupo islamista Hamás los rechazó ya que implicaban una cesión territorial a Israel y, por ello, se opone a la solución de dos estados.
El 25 de enero de 2006, los palestinos celebraron elecciones legislativas, en las cuales Hamás obtuvo 44% de los votos, mientras que el gobernante Fatah alcanzó 41%. Con ello, se gestó una ruptura temporal, pero el 8 de febrero de 2007 Fatah y Hamás firmaron un acuerdo para formar un gobierno de unidad.
El 31 de marzo de 2009 Netanyahu asumió como primer ministro y empezó a tramar una maquiavélica política hacia los palestinos, basada en la siguiente premisa:
El Likud y Hamás se oponen a la solución de dos estados y la ANP la apoya plenamente, ergo, la ANP es el enemigo principal y Hamás se convierte en el ariete para fracturar la unidad palestina y en un aliado del Likud. Los extremos se tocan y, a partir de entonces, Netanyahu empezó a ototgar beneficios al gobierno de Hamás en Gaza.
En 2018 y a raíz de un atentado contra un funcionario, el presidente de la ANP, Mahmud Abás, interrumpió la transferencia de dinero a Gaza. Entonces Bibi decidió salvar a Hamás de la bancarrota: un auto procedente de Catar que transportaba 30 millones de dólares en efectivo, entraba todos los meses por el cruce de Rafah a Gaza. Esta operación clandestina se realizó desde el verano de 2018 hasta inicios de octubre de 2023.
Durante 2020, Netanyahu enfrentó un juicio por tres delitos: Soborno, fraude y abuso de confianza, que a la fecha es vigente. A principios de 2023, Bibi lanzó una iniciativa de reforma judicial cuyo objetivo era controlar al Tribunal Supremo y todo el poder judicial. Esto provocó que cientos de miles de israelíes salieran a las calles cada semana durante los primeros diez meses de ese año. Después sucedieron los ataques del 7-O.
El 9 de septiembre pasado el periódico israelí Haaretz publicó una investigación que informó que el presidente de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), el jeque Mohamed Bin Zayed, llamó personalmente a Benjamín Netanyahu una semana y media antes del 7-O, para advertirle expresamente que el líder de Hamás en Gaza, Yahya Sinwar, estaba preparando una operación a gran escala, la que describió como un “terremoto”. Asimismo, instó al primer ministro a tomar la amenaza muy en serio y a preparar a Israel ante el inminente peligro. Haaretz confirmó la llamada mediante un altísimo funcionario de EAU, quien agregó: “Netanyahu mostró una extraña calma y le contestó al jeque que su principal preocupación era Cisjordania, no Gaza”.
Tras avisar a Netanyahu, Bin Zayed llamó al entonces director de la CIA, William J. Burns, a quien le dijo que algo estaba a punto de estallar en Medio Oriente. EU también fue informado.
Netanyahu negó la llamada y procedió a denunciar penalmente a los periodistas, pero todo el público israelí ya había conocido el Emiratosgate que desnudó y desenmascaró a Bibi.
En sectores israelíes se preguntan si Netanyahu, maquiavélica y deliberadamente, ignoró las advertencias del ataque, para enfrascarse en una guerra que mitigara las acusaciones en su contra y las masivas manifestaciones de rechazo a sus iniciativas judiciales. ¿Deliberadamente permitió el ataque de Hamás y la muerte de 1,200 israelíes y el secuestro de 251 personas? ¿Con esa dolosa omisión, traicionó a su propio pueblo? ¿Netanyahu optó por una guerra sólo para erradicar definitivamente la idea de un estado palestino y de paso alcanzar una limpieza étnica en Gaza?
Según las últimas encuestas, el 61% de los israelíes desaprueba a Bibi y solo un 33% lo aprueba.
Edición: Ana Ordaz