Opinión
La Jornada Maya
28/09/2026 | Mérida, Yucatán
Sin duda, una de las promesas más grandes del movimiento denominado la Cuarta Transformación (4T) ha sido la mejora del ingreso a través del incremento al salario mínimo. Es innegable que desde 2018 éste ha tenido alzas continuas, muy superiores a la inflación, pero en la carrera para recuperar el poder adquisitivo aún existe un importante rezago, el cual está vinculado a las condiciones laborales.
Al respecto, Marath Bolaños López, secretario del Trabajo y Previsión Social, denominó “primavera laboral” al tiempo que corre desde 2018, haciendo referencia a que el salario mínimo de entonces no alcanzaba ni para una canasta básica y hoy en día pueden adquirirse dos, con el mismo indicador.
Sin embargo, vale la pena detenerse un momento y revisar las cifras que proporciona el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), a través de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) correspondiente al segundo trimestre de 2026. Esta medición reveló una disminución en la situación de pobreza laboral en la comparación anual (el mismo período de 2025) y un aumento con respecto al trimestre anterior, lo que apunta a que la recuperación real del poder adquisitivo muestra altibajos que obedecen a variables que quedan fuera del control del gobierno, o sobre las que debe intervenir.
Por otra parte, el que poco más de un millón de personas hayan encontrado mejores condiciones de empleo en el actual mercado laboral en el último año es una buena noticia, pero de nuevo, es necesario identificar que esta mejoría no es una tendencia constante y regular; al contrario, por períodos tiende a ralentizarse o incluso a disminuir.
También existen mediciones que no corresponden al Inegi y que deben ser objeto de análisis. Entre estas se encuentra el Termómetro Salarial 2026, que levantó el Observatorio del Trabajo Digno y fue difundido a mediados de agosto de este año. En ésta se expresa la disminución de la brecha entre quienes tienen “salarios de pobreza” y salarios dignos. Este organismo dio a conocer que, desde 2023, aquellos en la primera categoría de remuneraciones -que no alcanzan a cubrir dos canastas básicas - representaban el 40 por ciento de los puestos de trabajo registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), mientras que hoy son apenas el 2 por ciento, lo que equivale a 407 mil personas.
Eso sí, el Observatorio destaca que estos eran puestos formales, registrados, por lo que legalmente no debieran existir: si el salario mínimo actual permite adquirir dos canastas básicas, ya no califica como un “salario de pobreza”. Incluso en el nivel simbólico, esto es un gran avance, pues ya nadie recurre al vocablo “minisalario”, que se usó en el período neoliberal.
Sin embargo, el Observatorio resalta que poder adquirir dos canastas básicas es apenas el nivel de sobrevivencia, lo que el organismo interpreta como que 11.9 millones de personas registradas ante el IMSS, el 52 por ciento de la población incorporada, carecen de salario digno.
Por supuesto, un organismo como el Observatorio del Trabajo Digno obedece a un perfil ideológico, político. Sin embargo, concediéndose el rigor metodológico, apuntan hacia una meta de la 4T en la que ha habido avances importantes. En ocho años se ha pasado de “minisalarios” y “salarios de hambre” a un mínimo que sí permite adquirir dos canastas básicas. Y esta cantidad es ahora un nuevo piso, no un objetivo. El propio Observatorio reconoció que, en tres años, prácticamente se erradicaron los salarios de pobreza; eso sí, solamente en la formalidad.
A la 4T le ha tomado casi una década esta recuperación del poder adquisitivo. Sin embargo, el alcance es apenas la mitad de la población ocupada, pues el mercado laboral mexicano es dominado por la informalidad; es decir, aún es necesario llegar a unos 25 millones de personas que trabajan sin prestaciones y, ahí sí, expuestas a salarios de hambre y a las vergonzosas pobrezas con apellido como “alimentaria”, “laboral” y “multidimensional”. No ha sido fácil, pero existen avances importantes en su combate.
Edición: Estefanía Cardeña