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Foto: Lourdes Couoh

En Yucatán, constantemente se realizan exploraciones arqueológicas con distintos propósitos. Algunas están vinculadas a trabajos de mantenimiento, restauración y consolidación de los diferentes edificios que constituyeron las ciudades prehispánicas que ahora son sitios arqueológicos abiertos al público de los más de 1500 sitios registrados en el estado. 

Otras exploraciones se efectúan debido a la construcción de carreteras o vías férreas, como es el caso del Tren Maya. En estos proyectos es necesario realizar excavaciones arqueológicas para verificar si existen edificaciones prehispánicas que puedan verse afectadas por la construcción de dichas vías de comunicación. Lo mismo ocurre cuando se planea construir una casa, un edificio, un centro comercial o un fraccionamiento. En ambos casos, es obligatorio realizar lo que se conoce como “salvamento arqueológico”. Este consiste en llevar a cabo una excavación arqueológica detallada y un registro cuidadoso que permitan identificar, describir y recuperar de manera adecuada los bienes arqueológicos que se encuentren.

Relacionado con esto último, hablaré del hallazgo de una ofrenda de dientes infantiles de la época prehispánica, localizada en un terreno de propiedad privada en el sitio denominado Tixcacal, al poniente de la ciudad de Mérida. En este lugar se identificaron varias estructuras que formaban parte de un conjunto doméstico, es decir, construcciones con función habitacional. Una de ellas, la que nos interesa, fue identificada como Estructura 115. Durante las exploraciones realizadas en esta estructura, se excavó una unidad de 2 por 2 metros. A una profundidad de 70 centímetros se encontró un collar elaborado con cuentas de caracol marino, de aproximadamente un milímetro de grosor y 4 milímetros de diámetro cada una. El collar se encontraba sobre un fragmento de plato con una antigüedad aproximada de entre 150 y 500 d. C. Sobre este mismo fragmento se localizaron también 16 coronas dentarias humanas, es decir, la parte visible de los dientes, que se encontraban fuera de sus alvéolos.

El análisis de estas coronas dentarias corrió a cargo de varios investigadores de la Sección de Antropología Física del Centro INAH Yucatán. De inicio, tomamos fotografías con un microscopio digital, lo que permitió observar con mayor claridad los detalles de la superficie de los dientes, así como sus características morfológicas. A partir de estas observaciones pudimos identificar el tipo de diente y obtener información importante para nuestra investigación.

Es bien conocido que los dientes son el tejido más duro del cuerpo humano y, por tanto, soportan con mayor resistencia los procesos de degradación del material biológico, llamados procesos tafonómicos. De la misma manera, nos brindan información valiosa que permite reconstruir el perfil biológico de los sujetos a quienes pertenecieron. En este sentido, los resultados permitieron mostrar que todos los dientes eran humanos y que correspondían a dientes posteriores molariformes, es decir, molares y premolares. 

Todo ello nos permitió suponer que las piezas dentales fueron seleccionadas de manera intencional para ser depositadas en ese lugar junto con el material arqueológico asociado. Por otro lado, las piezas dentales corresponden a por lo menos cinco individuos infantiles, con edades que van desde los 9 meses hasta los 6 años. Esto se pudo determinar porque las coronas de los dientes todavía estaban en proceso de formación y el esmalte dental no había terminado de mineralizarse. A partir de estas características fue posible estimar la edad biológica de cada pieza dental.

Las edades identificadas corresponden a diferentes etapas de la infancia: la primera infancia, la segunda infancia o niñez temprana y los primeros años de la tercera infancia. Estas son etapas importantes en el desarrollo de los niños, donde comienzan a adquirir conocimientos, normas y comportamientos que forman parte del proceso de socialización antes de llegar a la adultez en su sociedad. Cabe señalar que tres de las piezas dentales no pudieron ser asociadas con una edad específica, debido al deterioro que sufrieron como consecuencia de los procesos tafonómicos. A partir de todo lo anterior, se tiene la hipótesis de que esta ofrenda podría estar relacionada con una costumbre funeraria de los grupos prehispánicos de la región conocida como culto a los ancestros.


Martha Pimienta Merlín es antropóloga física del Centro INAH-Yucatán

Coordinadora editorial de la columna: 
María del Carmen Castillo Cisneros; profesora investigadora en Antropología Social




Edición: Estefanía Cardeña


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