Opinión
La Jornada Maya
08/10/2026 | Mérida, Yucatán
La electricidad ha sido uno de los principales temas en la agenda durante el presente año, en la península de Yucatán. Sobre todo, porque el verano, que coincide con la temporada de huracanes y tormentas tropicales, se ha convertido en la estación de los apagones.
Este año, de nueva cuenta, quedó demostrada la vulnerabilidad de la red eléctrica. Las fallas llevaron a varias protestas de habitantes tanto de Quintana Roo como de Campeche y Yucatán; aparte de que un supuesto ataque vandálico causó, el 31 de agosto, que casi todo el territorio peninsular quedara sin suministro de energía.
Puede decirse mucho acerca de las causas: el cambio climático, el desarrollo inmobiliario acelerado con la consiguiente demanda de electricidad, el hecho de que sólo haya una línea de transmisión hacia la región, la carencia de gas natural para las centrales de ciclo combinado, y por supuesto, la falta de mantenimiento y el equipamiento obsoleto en las líneas de distribución. Como problema, la incidencia de apagones se encuentra sobrediagnosticada.
Al respecto, Emilia Esther Calleja Alor, directora general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) se presentó en la conferencia diaria de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, para presentar su informe de avances correspondiente a los dos años que lleva al frente de la paraestatal. En ese contexto, afirmó que se están atendiendo las causas para evitar los apagones en la península de Yucatán. La funcionaria señaló que “Específicamente en la península de Yucatán, hemos reforzado con cuadrillas de toda la República y además con trabajos de modernización y mantenimiento en toda la red de distribución y de transmisión. Con ello, estamos ya resolviendo las causas raíz que hemos detectado que ocasionaron las interrupciones”.
La declaración de Callejas Alor fue clara: trabajos de modernización y mantenimiento en toda la red. Esto debe eliminar al menos la obsolescencia del equipamiento, brindando la posibilidad de instalar mayor capacidad de transmisión. El resultado debe ser que la infraestructura sea suficiente para soportar la demanda regional, y se esperaría que las obras estuvieran proyectadas para el crecimiento de la demanda. Agreguemos protocolos de seguridad para prevenir apagones y la atención al tema habría sido integral.
Se escucha mucho más fácil de lo que realmente es. Por principio está el tema presupuestal y de la respuesta que dio la directora de la CFE se desprende que no es un problema que se pueda resolver en un año. Eso sí, en principio “se está reforzando la infraestructura con inversiones y acciones precisas”. Aquí, la ciudadanía tiene todo el derecho de preguntar dónde se están realizando esas inversiones, cuál es el monto y en qué consisten los trabajos.
Por otro lado, indicar que las afectaciones están relacionadas en gran parte con la falta de poda de árboles se antoja un desliz.
Sin embargo, éste es un tema que involucra tanto a la CFE como a la ciudadanía: es sabido que cortar ramas cuando éstas se encuentran cerca de cables de electricidad es una tarea que muchos particulares evitan, pero también los ayuntamientos, y esto tiene una razón: un descuido puede resultar, por lo menos, en una lesión grave, pero también en una afectación al suministro de una colonia. De ahí que las palabras de Emilia Calleja sean más una revelación que un lapsus: esta tarea fue relegada en los últimos años, de manera que es necesario reorganizar cuadrillas; pero también debe insistirse a la población a que reporte ramas demasiado próximas a las líneas de distribución.
Se anticipa que los peninsulares tendremos otra temporada de apagones en 2027, porque modernizar las líneas de transmisión requiere de presupuesto y personal. Habrá que esperar a la conclusión de las obras que, esperemos, esta vez sí solucionen el tema desde la raíz.
Edición: Ana Ordaz