Opinión
La Jornada
09/10/2026 | Ciudad de México
Cabe destacar que el sector privado coincide en el diagnóstico de que no hay peligro inminente de desabasto. Alfredo Bejos Inclán, presidente de la Asociación Mexicana de Gas Natural, señaló que la reducción ocurrida hace unos días fue programada y no tuvo mayores repercusiones, pero también consideró urgente aumentar la capacidad de almacenamiento del combustible a fin de contar con una reserva estratégica frente a contingencias como la crisis de 2021, cuando las heladas paralizaron la distribución de gas.
Es obvio que Bejos Inclán habla en nombre de los intereses de sus representados, pero no se puede ignorar la vulnerabilidad de nuestro país en materia energética, sobre todo al considerar que las plantas operadas con gas natural generan más de 60 por ciento de la electricidad a escala nacional. En este sentido, ampliar el almacenamiento es una urgencia, pero la solución definitiva pasa por ampliar la generación eléctrica a partir de fuentes renovables, en particular la fotovoltaica y la eólica, por ser las de mayor potencial de expansión y para las que se dispone de tecnologías más maduras. Pese a las grandes posibilidades de aprovechamiento de la luz solar y la fuerza del viento, estas técnicas apenas aportan 13.4 por ciento de la generación total en México.
En el contexto de la 11 Semana de la Energía realizada por la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía, la directora regional de práctica e infraestructura del Banco Mundial, Marcela Silva, resaltó que los países de la región requieren triplicar la inversión anual en energía limpia para pasar de 70 mil millones de dólares en 2025 a más de 200 mil millones en 2035. El monto parece enorme, pero vale la pena destacar que el año pasado China invirtió alrededor de 800 mil millones de dólares en el sector de las energías limpias y tecnologías verdes. Si bien está claro que ni México ni los demás países latinocaribeños disponen de las capacidades del gigante asiático para imprimir semejante ritmo a su transición energética, es imprescindible otorgar a este proceso la máxima prioridad y destinarle todos los recursos posibles.
El riesgo de no hacerlo es energético, geopolítico e incluso existencial. El agotamiento de las reservas de hidrocarburos eventualmente convertirá a México en un importador neto no sólo de gas natural, sino también de petróleo, un cambio que alterará la balanza de pagos, el flujo de divisas, y aumentará la exposición a las fluctuaciones de los precios internacionales. Además, la concentración de esta dependencia en Estados Unidos dejará al país a merced de los caprichos del inquilino de la Casa Blanca, quien puede usar la llave del gas como un instrumento de chantaje en cualquier diferendo con sus homólogos mexicanos. Por último, estos problemas palidecen frente al riesgo de una catástrofe climática provocada por la quema incesante de combustibles fósiles, perspectiva que obliga a tomar en serio la transición energética y tratarla como asunto prioritario y de supervivencia.
Edición: Ana Ordaz