Opinión
Salomón Baz Baz
12/10/2026 | Mérida, Yucatán
El inicio
Me tocó crear y fundar la Cumbre Tajín con un grupo extraordinario de seres maravillosos.
Así es, me tocó, no es algo que estuviera buscando, simplemente estaba en el lugar correcto y con la gente indicada.
Más tarde me di cuenta de que no era una coincidencia, que llevaba años explorando las Ciudades Sagradas y conociendo a los guardianes de la tradición. Lo que me tocaba vivir en 1999 era fruto de un proceso de sensibilización para una gran misión: Revalorar los sitios arqueológicos como Ciudades Sagradas y fortalecer el gran conocimiento de las comunidades indígenas.
La Cumbre Tajín fue un gran detonador, una escuela única de arte, cultura, tradición, tolerancia, política y mucha, mucha sabiduría. Un espacio de encuentro y diálogo intercultural a nivel mundial.
Un proyecto desafiante que estaba haciendo lo que nunca se había hecho, una relación de diálogo y entendimiento con los artistas y sabios totonacas, una oportunidad única para realizar los sueños de una sociedad más justa. Donde la diversidad cultural y artística nutren el desarrollo material, sustentado en la espiritualidad. Donde prevalece el diálogo intercultural sensible y respetuoso.
Las primeras Cumbres
Fue así que se llevaron a cabo las primeras Cumbres en Tajín, fueron polémicas, revolucionarias, trascendentales y muy exitosas.
Un mundo donde caben muchos mundos: La ciudad sagrada de El Tajín, El pueblo Totonaca, el gobierno, los artistas, los gestores, la academia, los hoteleros, los turistas, ….. Un espacio donde conviven muchas identidades y visiones a través del arte y la tradición.
Así, se construyó el Parque Temático, se creó un puente con la Ciudad Sagrada de El Tajín, un círculo virtuoso que incluía a la Ciudad de Papantla y se involucraron todos los actores relevantes en la región.
La Cumbre Tajín era como la espada de Santiago, abriendo camino en un lugar que estaba olvidado y que despertaba para enseñarle al mundo sus mejores Dones.
Pasaron las primeras Cumbres y a pesar de la satisfacción y del éxito, faltaba mucho por hacer: Que la Cumbre trascendiera los días en los que se llevaba a cabo. Que el evento se convierta en un proceso, en un proyecto que verdaderamente fortalezca el Patrimonio Cultural de los Totonacas y la vida Totonaca en el aquí y ahora.
La Revelación
Esos primeros años me permitieron adquirir una gran sabiduría, darme cuenta de que el arte indígena es un arte ritual, de que existe una comunalidad entre los artistas y portadores de la tradición, que había una riqueza cultural extraordinaria que había resistido al tiempo y que estaba viva. Que la cultura Totonaca era un imperio cultural que no habíamos entendido y que estaba a punto de florecer. En mi cabeza y en mis cuadernos revoloteaba la idea de la creación de un Centro de las Artes Indígenas, una forma alternativa a la educación formal. Una educación tradicional sistematizada y con las mejores condiciones de llevarse a cabo. Un derecho a crear instituciones propias de educación y de creación artística.
Los cambios en el camino
Sin embargo, llegó el cambio de gobierno y como suele ocurrir, el equipo que estaba a cargo salió, creando una gran incertidumbre sobre el futuro del proyecto.
Yo me fui a la India y ahí encontré una gran inspiración: El Centro Norbulingka, una escuela de artes de la tradición del Pueblo Tibetano, donde se privilegia la espiritualidad, se desarrolla el arte y se transmite la tradición a las nuevas generaciones.
Quedé anonadado y esperanzado, viendo que si era posible. Que el sueño de Don Juan Simbrón de crear una institución de educación propia del Pueblo Totonaca se podía realizar.
Fue entonces que me llamaron para incorporarme otra vez a la Cumbre Tajín.
Le expuse a las autoridades que para mi ya no era sustentable el proyecto, que el Tajín y el Parque Takilhsukut ya eran entidades vivas nuevamente y que había que hacer proyectos durante todo el año que fortalezcan el Patrimonio Cultural de los Totonacas.
Con este argumento, condicioné mi regreso a tres metas fundamentales:
La realización del expediente para que la Ceremonia Ritual de Voladores fuera reconocida como Patrimonio Cultural de la Humanidad
La creación del Centro de las Artes Indígenas
La creación de un programa de Becas para estudiantes indígenas universitarios en todo el Estado de Veracruz.
En mi mente estaba siempre latente la posibilidad de crear un Centro donde la cultura y la tradición se transmitan de generación en generación.
Ya estaban todos los elementos: la infraestructura, los practicantes culturales, el conocimiento y las investigaciones, las voluntades políticas, las alianzas necesarias y los recursos suficientes.
El desarrollo pleno
Fui a México a invitar al Maestro Francisco Acosta, un gran sabio con enorme arraigo en el Totonacapan y con un gran conocimiento de las Culturas Populares, con el que ya habíamos platicado de la posibilidad de esta escuela de tradición. En ese momento Paco era subdirector de Culturas Populares a nivel nacional, cerca del retiro. Dejó todo y se regresó al Totonacapan a cumplir tan importante misión.
Por un lado ya había un equipo humano que se dedicaba al evento y festival de la Cumbre. Pero se pretendía hacer algo distinto, estamos hablando de procesos con creadores y con pueblos originarios, en el que no teníamos la respuesta, se trataba de construir desde el pueblo y nación totonaca, no aplicar respuestas. Estábamos pensando en su derecho, dignificación cultural. El Centro de las Artes Indígenas sólo ha sido un medio, no un fin en sí.
Fue entonces que había que buscar a las personas, que por su sabiduría, experiencia, sensibilidad y compromiso pudieran cumplir con esa gran misión. Indígenas y no indígenas como decía Don Juan. Llegaron muchos: Eneida Hernández, Guillermina Ortega, Luis Hernández, Gerardo Espinoza, Romualdo García, Cruz Ramírez, Esteban González, Domingo García, Martha Atzin, Domingo Francisco, Beatriz Leal, Amada Simbrón, Inés Valencia, José Valencia, Oliverio Baez, Lina Bautista, Facunda Juárez, Guadalupe Simbrón, Victor García Castaño, Mario Ramírez Vega, Epifanio García, Alejandra Cerdeño, Chloé Campero, Sol Ramos, Alexandra Ahuja, Miguel Negrete, Carlos Gómez, Edgar de León, Karina Juárez, Efrén Calleja y muchos, muchos más.
Juntos, creamos a un equipo que posteriormente planteó el proyecto a Don Juan Simbrón, los Abuelos Sabios y los Maestros Tradicionales Totonacas. Don Juan nos dio su bendición y guía, ahora había que hacer las Ceremonias necesarias y los amarres institucionales para que esto suceda.
En ese momento también Cruz Ramírez y Kogsni ganaron una beca del FONCA para crear la escuela de niños Voladores, que posteriormente se convirtió en la primera escuela del Centro de las Artes Indígenas.
Don Juan nos guió en las Ceremonias y nos instruyó: Sembremos un árbol de Buena Fruta.
Así, decidimos realizar una planeación exhaustiva, donde pudiéramos realizar encuestas y consultas, buscar a la gente adecuada para cada perfil, socializar la idea, desarrollar un modelo educativo propio y unir a las autoridades en esta siembra cultural.
Esther Hernández Palacios del IVEC y José Luis Perea del INAH se incorporaron al equipo y con su gran experiencia delimitaron un marco cultural y una serie de metodologías que nos permitirían llegar al destino que estábamos buscando.
Fue entonces que en octubre del 2006 se da la inauguración oficial del CAI con la presencia de autoridades de los tres órdenes de gobierno, la comunidad de portadores del Arte y la Tradición Totonaca y la presencia de los gestores que hicieron posible su apertura.
Se abrieron algunas escuelas y se desarrolló el Modelo Educativo. Se trabajó en una planeación que obedezca a las formas y los tiempos Totonacas, que no interfiera con la educación formal y que complemente de una manera propia la educación tradicional.
Hicimos el expediente y la Ceremonia Ritual de Voladores que fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2009. Cruz Ramírez recibió el nombramiento en la sesión de la UNESCO en Abu Dabi.
Posteriormente, cuando la UNESCO vino a ver el proceso y conoció el Centro de las Artes Indígenas, nos recomendó hacer un expediente para que fuera incluido en la lista de mejores Prácticas de Salvaguardia del Patrimonio Vivo, lista que he de reconocer, no conocía.
Nos pusimos a investigar y una vez más, hicimos el expediente de una manera ejemplar: Incentivando la participación comunitaria, realizando encuestas y consultas, investigando, preservando, protegiendo, difundiendo, visibilizando, transmitiendo y finalmente revitalizando el Patrimonio Cultural Inmaterial del Pueblo Totonaca.
El CAI siguió con su proceso de construcción, su proceso creativo, su autovaloración y su reconocimiento. En el 2012, se convirtió en la primera institución de Centro y Norte América reconocida en la lista de Mejores Prácticas de Salvaguardia del Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Un hito en los Derechos Culturales de los Pueblos Originarios.
Don Gregorio, Doña Isabel y Víctor García recibieron el reconocimiento en la sede de la UNESCO de París, con la flauta de los Voladores y el discurso en Totonaca de Don Goyo.
En ese periodo también se otorgaron más de mil becas a estudiantes universitarios indígenas de todo el estado de Veracruz.
Año con año, la Cumbre Tajín se consolidó y se volvió uno de los festivales culturales más importantes del mundo.
Con sus tiempos y protagonistas, diversas ramas del proyecto tomaron su propio peso y lugar como ejemplos de revitalización cultural: El Consejo de Voladores, las Mujeres de Humo, el Laboratorio de Acrobacia Indígena, los Encuentros de Músicos y Danzantes del Totonacapan, los Encuentros de Voladores y los Encuentros de Patrimonio Vivo, la Escuela de Cine del Totonacapan, entre muchas otras expresiones.
Los altibajos
Luego llegaron los nuevos gobiernos, que con altibajos y muchas veces a su pesar y con poco entendimiento, han seguido apoyando la Cumbre Tajín, el Centro de las Artes Indígenas, el Parque Takilhsukut, el Consejo de Voladores y otras iniciativas como las Mujeres de Humo, el Laboratorio de Acrobacia Indígena, las relaciones nacionales e internacional y todo lo que implica el Modelo Tajín.
El Bosque Cultural
Podemos afirmar que se sembró un árbol de buena fruta, que ese árbol dio semillas que a su vez se convirtieron en otros árboles y que la región de El Tajín es un bosque cultural que le da oxígeno al Pueblo Totonaca y esperanza a otros pueblos indígenas.
Como todo en la vida, los ciclos terminan y me hice a un lado después de 20 años de trabajo en la región.
Me siento profundamente orgulloso de los resultados obtenidos y recuerdo la frase sabia del Maestro Francisco Acosta: “Un gestor cultural siembra para que otros cosechen”.
La satisfacción y el agradecimiento
Como dije al inicio, para mi esta es una misión divina, estoy claro que fui un instrumento más de una gran maquinaria celestial para que El Tajín y el Pueblo Totonaca recuperaran su grandeza y se convirtieran en un ejemplo para otros pueblos originarios.
Y hoy, me toca portar la espada de Santiago para abrir nuevos caminos en otras latitudes, siempre sintiéndome parte del Pueblo Totonaca y de uno de los procesos culturales más grandiosos en la historia de la Humanidad.
Gracias, gracias, gracias.
¡Larga vida a el Tajín! ¡Al Pueblo Totonaca! ¡A la Cumbre Tajín! ¡Al Centro de las Artes Indígenas! ¡A la Ceremonia Ritual de Voladores! ¡A todos los pueblos originarios!
Edición: Emilio Gómez