Opinión
Margarita Robleda Moguel
12/10/2026 | Mérida, Yucatán
¿Qué pata puso ese huevo? Solían preguntar las abuelas y tías cuando querían conocer el árbol genealógico de los aspirantes de la mano de la susodicha en turno. La vida se ha encargado en decirnos, que los patanes también llegan envueltos en oros y moros, por lo que el huevo de la pata no nos da señales de la valía del galán.
Y ahora, conforme la vida avanza y nos mantiene en competencia y entretenidos con los inventos tecnológicos, hemos ido perdiendo nuestra capacidad de conocer realmente a los otros e incluso a nosotros mismos. Frente a eso, ¿qué nos extraña el vacío que sentimos y que intentamos llenar haciendo ricas a las empresas que venden a distancia ropa de telas que nunca tocamos previamente para conocer su textura, frescura, caída, calidad y que, al llegar a nosotros, únicamente aumentan nuestra caja de decepciones.
El huevo de la pata a la que hoy nos referimos tiene que ver como fruto del texto que en días pasados presenté como parte del XI Otoño Cultural que organiza en septiembre la Universidad Autónoma de Yucatán, para ofrecer a la comunidad, ideas frescas y profundas, para sacudir nuestra modorra y estimular nuestra creatividad a través de voces singulares y ricas que rompen barreras y nos permiten lanzar el vuelo en busca de lo mejor de nosotros mismos. Todo esto, través de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY), con su directora, la maestra Teté Mezquita y UC-Mexicanistas que encabeza la doctora Sara Poot Herrera.
Mi participación se tituló
Historias y secretos de mis bisabuelos, cuya síntesis
publicó el pasado lunes La Jornada Maya. La respuesta de los lectores y la “anolada” post banquete, me hizo ver la importancia del ausente sentido de pertenencia. Una cosa es saberme ciudadana del mundo, poder recorrerlo y sentirme parte, y otra poder regresar a mi tierra, mi espacio, mi historia, mis raíces.
Descubrí mi sentido de pertenecía cuando comencé a investigar sobre mis antepasados, sus hazañas y fortalezas para salir adelante, a pesar sus errores. Los comentarios de una amiga al texto publicado me enseñaron que su valor no es su alcurnia, si no su capacidad de solucionar problemas y su empatía para acoger las necesidades de los otros, haciendo que nuestro paso no sea en vano: “Mi papanino, era ganadero y hacia sus cuentas con cinco piedritas en su bolsillo. Mamanina adoptó siete niños, hijos de su capataz al quedarse huérfanos; los amó y cuidó con mucha dedicación. Mi abuela fumaba mucho, un día abrió su cajetilla de cigarros y, con mucha determinación y firmeza, dijo: “ultimo cigarro que me fumo” y nunca más volvió a fumar. Qué lindas historias tenemos todos de nuestras familias”.
Sentido de pertenencia es cuando te pones a investigar sobre tus antepasados y descubres que sus vidas, independientemente de sus logros, son parte de la historia de tu ciudad, estado y país. Ellos seguirán vivos, porque los hacemos presentes.
Hoy es la consecuencia del ayer. Somos fruto de lo que los abuelos y bisabuelos sembraron, y conocerlos nos fortalece. Cuando comencé con la idea de escribir la novela de la historia de Yucatán intercalada con la de mi familia, me di cuenta de que no estaba equilibrada. De las cuatro bisabuelas solo una participaba activamente, dos languidecieron en la tristeza y una en la alegre inconciencia. En cambio, los cuatro bisabuelos destacaron en la construcción de la Mérida que hoy habitamos.
Titulé la novela: Mi abuela tenía razón, y narra algo del largo proceso de la mujer para manifestarse, y al nombrarlas, se las dedico a las tatarabuelas, a las cuatros bisabuelas, a mis abuelas y a mi madre: soy todas las que me antecedieron e intento darles fuego y presencia a sus voces para poder compartirlas con mis hermanitas y sobrinas.
En este texto, trataré de contar la participación de los bisabuelos con historias que en su momento no fueron mencionadas y si este compendio es sobre Mérida, les comparto algunos cajones desconocidos que nos dan más información sobre nuestra historia. Pretendo ser una narradora parcial, sin juicio ni sentencias. Cada uno eligió su postura, como también la elegimos el día de hoy”. El
texto completo se encuentra en mi muro de Facebook.
Al final de cuentas, como parte del sentido de pertenencia, los refranes son consejos que nos dejaron los abuelos, así como la libertad de elegir: “El que no tranza, no avanza”, “No hay mal que, por bien, no venga”. “Haz el bien y no mires a quien”, “Más vale maña que fuerza”, “Oficio, quita vicios”. “El que persevera, alcanza”.