Opinión
La Jornada
13/10/2026 | Ciudad de México
Ante las masivas protestas de trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo afirmó que las demandas legítimas deben ser atendidas y resueltas. Señaló que aún hay personas contratadas bajo esquemas temporales durante la epidemia de covid-19 que todavía no han sido basificadas, así como la persistencia en el desabasto de medicamentos tanto por problemas con proveedores como debido a fallas de distribución dentro del propio IMSS. Por ello, instruyó al director general del organismo,
Zoé Robledo, a que establezca un diálogo con los trabajadores para tratar éstas y otras quejas, como el rechazo a la propuesta de incremento salarial de 2.9 por ciento.
El funcionario se comprometió a escuchar “piso por piso” a médicos, enfermeros y otros trabajadores a fin de conocer de manera directa las necesidades de hospitales y centros de salud. Como reconoció Robledo, “los trabajadores y las trabajadoras saben lo que hace falta en cada piso, cuál es el equipo que no funciona, dónde hace falta más personal, y por eso escucharnos es siempre el primer paso para resolver”.
Cabe saludar que desde el Poder Ejecutivo y la Dirección General del IMSS se asuman los desafíos presentes en el que por décadas ha sido pilar del sistema nacional de salud y seguridad social. Por las dimensiones de la institución y la acumulación de rezagos, es evidente que se precisa de un esfuerzo extraordinario para solucionar todos los aspectos de la crisis institucional, pero también que la tarea debe acometerse por todo lo que se encuentra en juego. Es preciso tener en cuenta que, más allá de los aspectos laborales, la situación IMSS es un asunto de verdadero interés nacional: al final, los principales afectados por las condiciones de operación del instituto no son los médicos, sino los 77 millones de derechohabientes, es decir, casi 23 millones de trabajadores registrados y sus familias.
Para este universo de pacientes, puede haber consecuencias lamentables si no se cuidan las condiciones laborales del personal sanitario, pero también si permanece desatendida la carencia de aparatos de alta tecnología, de insumos básicos y medicamentos. En todos estos casos, además de garantizar los recursos suficientes, resulta urgente establecer un sistema de control a fin de conocer con exactitud cuánto se compra, a dónde se envía, si llega a donde más se necesita; determinar si hay pérdidas en el camino y, de ser así, en dónde se extravían o sustraen los materiales. Ello es indispensable para distinguir los problemas de desabasto de los de control deficiente y crear o mejorar mecanismos de supervisión pertinentes.
Cabe esperar que la voluntad política mostrada se traduzca en avances palpables a favor de los trabajadores de la salud y de sus pacientes, pues México merece un sistema de seguridad social digno, funcional y plenamente operativo.
Edición: Ana Ordaz