Opinión
Cristina Rivera Garza
03/11/2026 | Ciudad de México
Hace poco visité la Firestone Library, la famosa biblioteca de la Universidad de Princeton, donde se encuentran los documentos de algunos de los autores más importantes de la literatura latinoamericana. Quería aprovechar una visita de trabajo para seguir la pista a un autor estadunidense que vivió en México a principios de siglo XX, y por eso pregunté a mis anfitriones si me podían ayudar a conseguir la credencial que necesitaría para consultar sus papeles. Generosos y eficientes, además de la credencial prepararon una serie de documentos que podrían interesarme. Y acertaron. Me entretuve por horas hojeando el diario de Alejandra Pizarnik, algunas cartas de Carlos Fuentes, los papeles de Juan Gelman, algunas publicaciones de los infrarrealistas y, de entre toda la caja que contenía el archivo de Elena Garro, pasé un buen rato con la libreta que tomé al azar y que empezaba con una lista de vocablos impenetrables. Supuse que Elena Garro se había vuelto loca o que yo me había vuelto loca, pero luego de un rato lo dije en voz alta: es una tirada de tarot, la cruz celta.
La desgastada cubierta de la libreta azul, de formato vertical y espiral superior metálico, no ofrecía otra seña de identidad más que un número: 1977. Escrita a mano y en el trazo más bien débil de un lápiz, la libreta era un torrente de texto continuo: notas sobre historia del comunismo, que incluían algunas menciones a Trotski, meticulosas listas de gastos y, entre todo ello, las tiradas de tarot. La primera que me llamó la atención era una lista: “Me cubre VIII copas/ Obst. IX copas/ Base loco/ sale 8 pent./ viene 9 pent./ corona IV copas/ Presp. As copas revés/ rodea Star/ estoy en III pent./ fin V esp.”
Si Elena Garro tenía una pregunta específica en mente al momento de tirar las cartas, se lo guardó para sí. Entiendo algo de los significados de las posiciones de las cartas en la cruz celta (dividida en una cruz central, con lugares para el presente, el desafío, la base, el pasado reciente, la corona y el futuro cercano; y el bastión vertical, con lugares para influencias internas, externas, esperanzas o miedos, y el veredicto) y algo he aprendido de los significados de los arcanos menores y mayores, pero nunca lo suficiente como para intentar leer esta tirada.
Pero tenía mucha curiosidad. ¿Se podría leer el tarot en retrospectiva, no para mirar hacia el futuro, sino para que, desde ese futuro, pudiera reconfigurar el pasado? Aún más, sabiendo algo sobre su vida ahora, ¿podría una lectura desde mi presente, que era ya su futuro, darme alguna señal de lo que había preguntado, lo cual ofrecería visos, sin duda, sobre su vida entonces?
Las inquietudes eran muchas y la tentación grande. Supuse que lo mejor sería acudir a alguna tarotista experta, pero con un viaje en puerta, esta opción, que era la más racional, se cerró por completo. Decidí consultar a un amigo que sabe bastante de estas cosas, aunque no se dedica oficialmente a esto. Rehice la tirada, le tomé una foto, y sin decir de quién se trataba, le pedí su opinión experta. De inmediato le causó preocupación ese ocho de copas, que usualmente anuncia desilusión y alejamiento, y el cuatro de copas, con su apatía y soledad. Yo había creído hasta entonces que el nueve de copas era un deseo cumplido o hecho realidad, pero me aclaró que también podía representar el peso de la tradición o la jactancia. En todo caso, su posición misma anunciaba un reto respecto a cuestiones emocionales o de armonía familiar. Había un salto de fe, representado por el loco, un inicio impulsivo o un deseo de libertad absoluta. La seguridad financiera iba de salida, así como el legado familiar. La estrella pintaba bien en la posición de las influencias externas, pero ¿el tres de oros del trabajo en equipo y la colaboración era miedo o esperanza? El desenlace no auguraba nada bueno: si las cosas continúan como van, la resolución apunta a una victoria hueca o una serie de incesantes conflictos. Podía ganar la batalla, pero perder la guerra, por ejemplo.
Cuando le expliqué a mi amigo que era una tirada hecha por Elena Garro en 1977 se puso serio y reviró: “en 1977 Elena Garro vivía el alejamiento emocional del 8 de copas, la apatía y soledad del 4 de copas en su piso de Madrid, pero manteniendo su mente enfocada en la independencia absoluta del 9 de oros a través de su literatura”.
Tal vez. Tal vez no.
Edición: Ana Ordaz