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Ya es sabido que la destrucción económica provocada por la pandemia de Covid-19 representa un desafío de magnitud comparable a la propia emergencia sanitaria, y que sus efectos perdurarán incluso cuando la propagación del coronavirus se encuentre plenamente controlada gracias a las vacunas disponibles y a las que se desarrollen en el futuro.

Si algunos sectores han mostrado resiliencia e incluso capacidad de crecimiento en medio de las inevitables medidas de confinamiento y distanciamiento social, otros han recibido un impacto frontal a raíz de los desajustes en el funcionamiento de los mercados. Entre estos últimos se encuentran, por supuesto, el turismo, pero también el comercio exterior, el cual apenas se recuperaba de la crisis de 2008-2009 cuando el Covid-19 lo hizo retroceder a mínimos históricos.

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), las exportaciones de la región cayeron en 13 por ciento a causa de la pandemia, una cifra alarmante si se considera que desde hace más de tres décadas las economías latinoamericanas se reconfiguraron en función del sector exportador. Durante la presentación del informe Perspectivas del Comercio Internacional de América Latina y el Caribe, la secretaria ejecutiva del órgano de Naciones Unidas, Alicia Bárcena, sostuvo que este sector ha dejado de ser el motor económico de la región, toda vez que frenó su alza como porcentaje del producto interno bruto. Entre los escollos al comercio de bienes creados por la presencia del coronavirus tienen particular relevancia la sustitución digital, el surgimiento de nacionalismos y regionalismos productivos, la regionalización de los principales bloques económicos, y la reorganización de la producción mundial.

En medio de este panorama sombrío, Bárcena ofreció una nota de optimismo al señalar que la relocalización de las cadenas globales de valor en un sentido de nearshoring (proceso de empresas multinacionales que buscan mayor cercanía con un mercado) podría favorecer a México al potenciar su vínculo, ya estrecho, con Estados Unidos. Para la funcionaria, la nuestra es la nación latinoamericana que más podría beneficiarse de esta tendencia, y a ese impulso se sumaría el generado por el Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

Está claro que las consecuencias financieras de la pandemia no quedarán relegadas al olvido en el corto o el mediano plazos, ni en México ni en ninguna parte del mundo, pero cabe esperar que gobierno e iniciativa privada unan esfuerzos para explotar al máximo las ventajas con que cuenta el país, pues sólo mediante la cooperación podrá comenzar a superarse el difícil trance que padecen asalariados, trabajadores informales, empresas de todas las dimensiones y las propias finanzas públicas.

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Edición: Emilio Gómez


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