José Luis Domínguez
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La Jornada Maya

Jueves 15 de septiembre, 2016

[i]La vida universitaria no solo deberá ser liberadora para todos sus participantes, sino que también debería tener un impacto en toda la sociedad en su conjunto Noam Chomsky.[/i]

Desde 1960. año con año, la Universidad Autónoma de Yucatán (a la que me honro en pertenecer), previo decreto del gobierno del estado, decidió instituir la Medalla Eligio Ancona que tal y como lo marca el documento, se ha de otorgar a aquellos yucatecos distinguidos en el mundo de la ciencia, las artes o las humanidades. Así, han desfilado por los salones de Palacio de Gobierno recibiendo esta presea, innumerables hombres y mujeres que en vida aportaron algo valioso a su estado y al país; hombres de ciencia, como Joaquín Ancona Albertos, Arcadio Poveda Ricalde, Alfredo Barrera Vázquez y Luis Felipe Rodríguez Jorge; los reconocimientos a hombres de letras han abundado: Leopoldo Peniche Vallado, José Esquivel Pren, Ermilo Abreu Gómez, Jesús Amaro Gamboa, Juan Duch Collel, Raúl Renán y Joaquín Bestard, entre otros; también ha habido historiadores homenajeados, como Silvio Zavala Vallado y Sergio Prudencio Quezada, apenas el año pasado. No han faltado los compositores musicales distinguidos, como Gustavo Río Escalante, Ricardo López Méndez y Juan Helguera, o los pintores y escultores: Fernando Castro Pacheco y Manuel Lizama Salazar; Emilio Vera Granados, Enrique Gottdiener Soto y Humberto Peraza Ojeda; tampoco ha faltado el reconocimiento a educadores universitarios notables tales como Jaime Orosa Díaz, Carlos Urzáiz Jiménez y a abogados insignes, como Santiago Burgos Brito y Antonia Jiménez Trava.

Llama la atención que en una relación de casi cincuenta nombres, se trata, en su mayoría, de hombres y mujeres que, además de dejar en alto el nombre de Yucatán aportando algo en sus respectivas disciplinas, se convirtieron en iconos representativos para nuestros los universitarios. Con su nombramiento la universidad pretende enviar cada año un mensaje claro a nuestros estudiantes de cuales son los modelos de ciudadanos que aspiramos formar, para el cumplimiento de nuestra misión de servir a la sociedad: acuciosos investigadores, responsables generadores y aplicadores de nuevos conocimientos; sensibles creadores y destacados profesionistas sensibles a los problemas apremiantes de la humanidad que, desde sus trincheras, han contribuido a forjar un mundo diferente.

Cuán difícil resulta, en ocasiones, seleccionar al recipiendario de la medalla que lleva el nombre del insigne yucateco, pues, amén de ser un hombre comprometido, supo darse tiempo para el ejercicio de las bellas letras. Qué difícil ha de ser para el jurado calificador, cuando las propuestas abundan, encontrar al “elegido”; que triste en cambio ha sido cuando el premio se declara desierto, sea porque no se hizo propuesta alguna o, bien, cuando éstas no alcanzan los méritos suficientes. Y es que la talla del prócer que se ha escogido como modelo, alcanza dimensiones difíciles de imitar. En efecto, don Eligio en menos de 60 años de vida fecunda (1835-1893) fue abogado, escritor, novelista y dramaturgo. Graduado en 1862, encarcelado por sus ideas liberales, fue secretario general del gobernador Manuel Cepeda Peraza, desde donde seguramente apoyó la creación del Instituto Literario, nuestro “viejo abuelo”. Fundador de varios periódicos, escribió en ellos, dándose a conocer por sus ideas críticas respecto a la sociedad de su tiempo. Omitiré la larga serie de novelas y obras de teatro que salieron de su prolífica pluma, destacando [i]El Filibustero[/i], [i]La Mestiza[/i] y [i]Memorias de un alférez[/i]. Llegó a ser magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y su obra fundamental: [i]Historia de Yucatán[/i], que abarca desde los mayas hasta 1864, es una referencia obligada para todos los investigadores de la historia de nuestra entidad.

Por eso cuando se profundiza en su vida y su obra, uno se preguntaría quién se atreve a colgarse esta presea que lleva su nombre y compromete a quienes la reciben. Ojalá que las autoridades universitarias y el jurado calificador de este año, hagan una correcta elección y envíen así la señal esperada, un mensaje liberador, no sólo a nuestros estudiantes y a la comunidad universitaria, sino a la sociedad en general, a la que nos debemos como Luz, Ciencia y Verdad.

[b]Mérida, Yucatán[/b]
[b][email protected][/b]


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