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Texto y foto: Fabrizio León Diez / Enviado.
La Jornada Maya

Miércoles 7 de septiembre, 2016

Lo que es obvio no se pregunta: había que ir a su funeral en el Palacio de Bellas Artes, donde reposaron durante más de 28 horas las cenizas de Juan Gabriel y luego ir a cenar birria en Garibaldi, para rematar bebiendo en El Tenampa y frente a su mural, morir.

- Oye Alberto y ¿el funeral de Juan Gabriel?
- Ese lo vive en cada concierto. Son muertes chiquitas. Claro que lo imagino. ¿Usted no?
- Yo viví el de Cantinflas, muy impresionante.
- Bueno, pero ese era un señor.

Eso me comentó en aquella plática secreta, en su casa cercana a Puerto Morelos en Quintana Roo, dentro de un enorme fraccionamiento-hotel llamado El Dorado, en febrero de 2012, cuando pretendía convencerlo de hacer sus memorias.

Las masas que describió el filósofo Elias Canetti avanzan a una velocidad de 38 personas por minuto, a ese ritmo ingresan al recinto. Antes, están formadas y disciplinadas en una fila que asemeja una serpiente que envuelve a la vieja Alameda Central.

Luego de horas se llega al centro del palacio y frente a la urna del ídolo todos toman una foto, dejan una flor y entonan la canción en turno.

A unos metros, en la plaza de Garibaldi, en medio de esa mezcla tradicional de teporochos, parejas, familias, mariachis e inválidos, la escultura de Juan Gabriel es el escenario y la coreografía donde transitan las rondas de cantantes desafinados y amantes que se introducen al famoso antro Guadalajara de Noche.

Algunos ofrendan una flor; unos más, un globo; otros, sus lágrimas.

60 pasos adelante, en la cantina El Tenampa se cierra el ciclo. Con la de Juan Gabriel, la muerte dejó en sus murales un recuento de todos los autores rancheros que nos han marcado. Al fondo, Pedro Infante, acompaña en una esquina a Pepe Guízar.

Chavela Vargas y José Alfredo Jiménez conviven también en sus paredes. A lado de la barra, Juan Gabriel, muy joven, es ahora el nuevo mito y está en un altar.

Mientras tres conjuntos de mariachis interpretan al mismo tiempo las tres clásicas del michoacano, un joven muy ebrio voltea y me pregunta: ¿Te gusta la de Juan Gabriel? Obvio, le contestó.

[b]Ciudad de México[/b]
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