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del

Tabacon B. Linus
Foto: La Jornada
La Jornada Maya

Lunes 5 e septiembre, 2016

Vamos a suponer que la invitación de Peña Nieto para que Donald Trump nos visitara fue -por lo menos en el concepto abstractouna idea coherente. Es una suposición fantástica, pero útil para los fines del análisis que queremos proponer en los siguientes párrafos.

Peña Nieto invitó a Trump con la intención -como explicó su vicepresidente Luis Videgaray y no la canciller de sangre azul (¡vamos, la niña es de apellidos Massieu- Salinas!)- de aminorar una futura furia anti-mexicana del candidato republicano, en caso que el sujeto gane la elección en noviembre.

Desde esa perspectiva la reunión salió inicialmente muy bien: se reunieron en privado, imaginamos que con traductor (porque Peña a duras penas habla el inglés) y luego dieron una conferencia de prensa improvisada (no había ni auricular electrónico de traducción para Trump, así que vimos a una mujer hablarle al oído al norteamericano cuando hablaba Peña Nieto ¡así de mal hechos se vieron en Los Pinos!). En la conferencia de prensa Trump le dio a Peña una pelota de lujo para que su estrategia (o la de Videgaray o mejor dicho el vicepresidente) funcionara.

Cuando le preguntaron a Trump ¿quién pagaría por el infame muro fronterizo? Él contestó que eso lo discutirían después y Peña se quedó calladito, no dijo nada al respecto, ni corrigió al visitante norteamericano. El presidente mexicano se quedó calladito porque ése era el acuerdo al que había llegado con el candidato republicano.

En efecto, la versión que maneja el equipo de Trump es que había un entendimiento tácito para que ese mismo día, en Arizona, el candidato hablara de la construcción del muro fronterizo, pero sería ambiguo respecto a quién lo pagaría. Trump, al decir que el tema del muro se “discutiría después”, daba pie a un triunfo pírrico de Peña y sus secuaces.
La idea, según reportan distintas fuentes de la campaña de Trump y distintos medios internacionales, era que el candidato republicano le bajara dos rayitas al tema del pago y que México se quedara calladito al respecto. Eso hubiera sido un gran triunfo para la diplomacia mexicana.

El problema es que Peña Nieto no aguantó la presión, el mexicano no aguantó ni tres horas de redes sociales diciendo que “no había confrontado a Trump respecto a que México no pagaría el muro”.

Peña se portó como una versión torcida del personaje de Dostoyevski, saliéndose de la estrategia trazada por sus asesores “geniales”, y mandó un tuit señalando que “sí le había dicho a Trump que México no pagaría por el muro”.

Se portó como ese personaje del que todos sentimos un poco de pena y lástima en una novela rusa; porque él cree que es bueno y justo, pero todos le toman ventaja. Lo decimos con ironía, obvio.

Cuando Trump aterrizó en los Estados Unidos descubrió que Peña Nieto había roto el pacto de silencio respecto al pago del muro. Cuentan las fuentes que Trump enfureció, se sintió traicionado y no sólo reafirmó que México pagaría el 100 por ciento del muro, sino que hizo un punto político de ese compromiso y, claro, horas después se burló de Peña Nieto en un programa de comedia televisiva.

Peña Nieto no pudo esperar tres horas más. Con su twitter de nivel kínder o primero de primaria, no convenció a nadie en México, cuando millones lo vimos mansito ante la presencia física de Trump y, en cambio, sí logró enfurecer al candidato republicano que se sintió traicionado por Enrique. Peña pudo haber aguantado unas horas más su twitter de “yo sí lo dije”, y quizá Trump en su discurso estelar sobre migración hubiera dejado en la ambigüedad el tema del pago. Si eso hubiera pasado, Peña se hubiera colgado una medalla que nadie le hubiera podido regatear: Trump se hubiera visto “blando” frente a su base extremista y algo bueno se hubiera logrado. Sin embargo, las cosas no ocurrieron así.

Peña Nieto no pudo quedarse quieto e inmóvil por cuatro horas, no aguantó una pausa estratégica y de fondo de unos cuantos minutos. Sin duda sus asesores le pidieron esperar, guardar silencio mientras Trump pronunciaba su discurso en Arizona y verían qué pasaría, pero seguro él se fue a encerrar al baño y desde ahí mandó su twitter para verse “bien valiente” y así nos hundió a todos. Si invitas a Trump, lo cual ya suena como algo absurdo, por lo menos apégate a la estrategia y los acuerdos (inmorales o no) que alcances en el encuentro. Si lo invitas, aceptas esa humillación inicial y no te le enfrentas en vivo, pues tampoco te pongas luego en la cobardía del twitter. Romper una estrategia con esos riesgos, con arranques sin sentido. Sólo lo hace él, jugando con el destino de todos.

[b]Mérida, Yucatán[/b]
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