de

del

Alberto Rodríguez
La Jornada Maya

10 de febrero, 2016

No había entendido por qué, desde que era un niño, mi tía Aurora me llamaba [i]Nohoch huevos[/i]. Hasta que, llegada la adolescencia, noté que no podía correr ni jugar futbol al ritmo de mis compañeros, pues [i]aquellos[/i] campaneaban, causándome severas molestias, incluso dolor. [i]Testicólogos[/i] eminentes diagnosticaron la imposibilidad de una cirugía. Ahora, con asombro y esperanza, he visto la llegada en avalancha de sanadores, chamanes y clarividentes a nuestra ciudad. De un periódico seleccioné a uno de ellos. Llegué a la consulta; el sujeto, que usaba un penacho de apache, con aire mefistofélico me dijo “y, bien, ¿en qué puedo ayudarte? ¿Algún amarre?. Respondí que sí; le expliqué mi problema y le prometí una gratificación si me aplicaba un efectivo amarre de huevos, de acuerdo a su experiencia. El tipo estalló, vocifero y me corrió del lugar, indignadísimo. Nunca supe el porqué.


Lo más reciente

La violencia anda en balancín

Editorial

La Jornada Maya

La violencia anda en balancín

¿Debemos temerles a los millonarios?

Billonarios nacen en un mundo que perece por sus acciones

Ornela De Gasperin Quintero

¿Debemos temerles a los millonarios?

Mérida, agosto de 2026

Suite colombiana (V y última)

José Díaz Cervera

Mérida, agosto de 2026

De nuevo el fracking

No hay argumentos para apoyar una práctica insostenible con el medio ambiente

Rafael Robles de Benito

De nuevo el fracking