Alberto Rodríguez
La Jornada Maya
10 de febrero, 2016
No había entendido por qué, desde que era un niño, mi tía Aurora me llamaba [i]Nohoch huevos[/i]. Hasta que, llegada la adolescencia, noté que no podía correr ni jugar futbol al ritmo de mis compañeros, pues [i]aquellos[/i] campaneaban, causándome severas molestias, incluso dolor. [i]Testicólogos[/i] eminentes diagnosticaron la imposibilidad de una cirugía. Ahora, con asombro y esperanza, he visto la llegada en avalancha de sanadores, chamanes y clarividentes a nuestra ciudad. De un periódico seleccioné a uno de ellos. Llegué a la consulta; el sujeto, que usaba un penacho de apache, con aire mefistofélico me dijo “y, bien, ¿en qué puedo ayudarte? ¿Algún amarre?. Respondí que sí; le expliqué mi problema y le prometí una gratificación si me aplicaba un efectivo amarre de huevos, de acuerdo a su experiencia. El tipo estalló, vocifero y me corrió del lugar, indignadísimo. Nunca supe el porqué.
Soy de la generación del ''Bus set'', tiempos de oro del ADO
Margarita Robleda Moguel
Se convirtió en el primer mexicano en disputar el título de un torneo de ese tipo en 16 años
La Jornada Maya
Domina Nueva Inglaterra a Pittsburgh; Lock brilla y Seattle se impone a Arizona
Ap/La Jornada Maya
La economía de mercado juega con nuestras necesidades biológicas
José Díaz Cervera