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La Jornada Maya
30/03/2026 | Ciudad de México
El fósil humano reportado en 2022 y recuperado a finales de 2025, en el sistema de ríos subterráneos Sac Actun, en Quintana Roo, fue trasladado por la Dirección de Estudios Arqueológicos (DEA) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a la Sección de Bioarqueología de la Dirección de Salvamento Arqueológico, en la Ciudad de México, donde será estudiado.
La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, señaló que “el traslado y estudio de estos restos humanos recuperados en Quintana Roo representa un avance muy importante para la investigación sobre los primeros pobladores de nuestro territorio. Cada hallazgo de esta naturaleza amplía el conocimiento científico sobre nuestra historia más antigua y confirma el valor del trabajo especializado que realiza el INAH para proteger, conservar y estudiar un patrimonio excepcional”.
Foto: INAH
La pieza llegó embalada en cajas herméticas para proteger su conservación y prevenir cualquier contaminación. Fue entregada al antropólogo físico Arturo Talavera González, responsable de dicha área y quien encabezará los análisis y estudios bioarqueológicos.
Luego de las observaciones preliminares, a partir de dos huesos diagnósticos: el ángulo de la apófisis mastoide, y el engrosamiento del hueso frontal encima de las órbitas oculares, el antropólogo determinó que se trata de un individuo masculino. Por los huesos largos, calcula una estatura de entre 1.45 y 1.50 aproximadamente; De complexión muy delgada y debió tener entre 20 y 25 años de edad al morir.
Asimismo, el especialista calcula que fue recuperado 40 por ciento del esqueleto, con partes del cráneo, algunas costillas y vértebras, las clavículas, el omóplato derecho, fragmentos del coxal y de huesos largos de extremidades inferiores y superiores. El fósil se encuentra en regular estado de conservación, por lo que ha iniciado un proceso para consolidarlo, antes de manipularlo para su estudio.
Con el fósil masculino llegó un cráneo femenino, también recuperado durante la misma exploración. Talavera González confirmó que se trata de una mujer de entre 35 y 45 años de edad al morir, con mala alimentación; aunque cuenta con la mandíbula ya no tiene dientes. Será sometido a estudios osteométricos, para tener una aproximación a sus características físicas y definir una posible filiación étnica.
Probables líneas de investigación
El arqueólogo Luis Alberto Martos López, quien funge como asesor y aval académico del proyecto, informó que el esqueleto se ubicó al fondo de un cenote, a 200 metros de penetración y ocho metros de profundidad, en una pequeña cámara detrás de un espeleotema. Asimismo, se encontró una cantidad importante de carbón, lo que habla de la actividad del lugar, que entre ocho mil y 10 mil años atrás fue una caverna, ya que el mar se encontraba entre 20 y 30 metros más abajo del nivel actual.
Foto: INAH
Recordó que, en ese periodo, la península de Yucatán era una gran pradera, con arbustos, gramíneas, pocos árboles y megafauna, por lo que las cuevas servían como refugio a los primeros pobladores. “Se ve que había fogones, lo cual indica que la cueva tenía actividad y que, probablemente, cuando esta persona murió, usaron la cámara como una cripta funeraria natural, lo que habla de ciertas creencias y ritos mortuorios”, dijo.
En tanto, el cráneo femenino, recordó, se localizó cerca de otra de las entradas del cenote, a poca profundidad. A partir del material fotográfico, analizado por el antropólogo estadounidense James Chatters, se planteó una hipótesis que la ubica como una probable persona afrodescendiente, pero reiteró que se deben esperar los resultados de los análisis de antropología física para sustentar esta posibilidad.
El proyecto, aprobado por el Consejo de Arqueología del INAH, en 2025, es dirigido por Octavio del Río Lara y el arqueólogo adscrito a la Subdirección de Arqueología Subacuática, Gustavo García García. Participa un equipo multidisciplinario, conformado por el hidrogeólogo Emiliano Monroy, el biólogo molecular Víctor Moreno, el ingeniero Guillermo D’Christy, el explorador subacuático Peter Broger y el instructor Eugenio Acevez, con financiamiento de la productora canadiense Barbara Hager.
Edición: Ana Ordaz