Activistas mayas alzan la voz contra semillas transgénicas, durante la sexta edición del FAIBAC

Se habló sobre la conservación de la vida a través de los ciclos en los sistemas de la milpa y la apicultura
Foto: Joana Maldonado

La siembra de semillas transgénicas en la península de Yucatán ha generado una postura de lucha y resistencia de los pueblos originarios que ha revalorizado su fuerza. Durante el panel Guardianes de Semillas y Polinizadores, el trabajo en la tierra como mecanismo de defensa en la sexta edición del Festival de Arte Independiente de Bacalar (FAIBAC) Abya Yala, Pueblos en Resistencia se habló sobre la conservación de su cultura y la vida a través de los ciclos en los sistemas de la milpa y la apicultura.  

Heber Uc Rivero, integrante del Colectivo de Semillas Muuch´ Kanan I´inaj, de Nuevo Jerusalén, fue el facilitador de este panel, el cual abrió parafraseando al investigador Ramón Vera en relación a la milpa: para que siga viva la resistencia de los campesinos es indispensable defender al maíz, la milpa y las siembras propias de la autonomía alimentaria, solo con maíz propio y nativo y no su desfigurada versión transgénica.

Durante el panel, participaron Margarita Noh Poot, de Chacsinkin, Yucatán, integrante de Misioneros A.C.; Eliseo Ek, integrante la Asamblea de Defensores del Territorio Múuch Xíinbal, de Tadhziú, Yucatán; José Eduardo Moo Pat, de la Alianza Maya por las Abejas Kaabalo´on, del municipio de Felipe Carrillo Puerto, y el activista indígena y comunicador Bernardo Caamal Itza, de Peto, Yucatán.  

Margarita Noh subrayó que la milpa es “ahí donde está la vida”, y es el espacio físico “en donde nos regalan los alimentos, las semillas en unidad con la tierra, el viento y fuego, porque en el ciclo de la milpa tenemos relación con todos”.  

Moo Pat aseguró que encontrarse en la milpa es una forma en la que se busca lo básico, que al final es lo importante.  

“Si bien obtenemos los alimentos, también necesitamos servicios que deben ser intercambiados por dinero, la apicultura históricamente nos ha dado la herramienta para invertir en insumos para hacer producir la tierra y favorecer a los cultivos de traspatio, a la crianza de animales que a través de las distintas tradiciones favorecen al tejido social en el seno de las distintas comunidades”, dijo.

Afirmó que a partir del modelo agroindustrial la siembra de transgénicos en la península ha sido uno de los problemas más graves que ha enfrentado la apicultura, pero que ha significado también la revalorización de sus pueblos.  

“Las zonas más afectadas han sido los Chenes, en Campeche, ha sido una larga lucha contrarrestando los embates de este cultivo como megaproyecto y monocultivo y como una forma de despojo”, y añadió que esto ha generado que los pueblos originarios de la región se unan asumiendo una postura de lucha y resistencia contra todos los daños que ha ocasionado el cultivo.

Edición: Elsa Torres