La Jornada Maya

María Briceño
Foto: Enrique Osorno
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Martes 19 de Marzo, 2019

Un poco de suerte, ser invisible, escurridizo, hacer ejercicio y detener el tiempo, son uno de los requisitos que se necesitan para ser fotógrafo, según uno de los mejores representantes en América Latina del género: Antonio Turok, quien confiesa que todavía no tiene la habilidad de Henri Cartier-Bresson.

La fotografía más antigua de Turok se publica en el libro [i]La fiesta y la rebelión[/i] del año 1973, lo que revela que a sus 18 años de edad ya tomaba fotografías de manera profesional.

El año pasado recibió la Medalla al Mérito Fotográfico por su trayectoria, que abarca desde las primeras fotografías del alzamiento del EZNL hasta la era política de Donald Trump. Actualmente, trabaja en un proyecto que involucra a comunidades del país, así lo revela en entrevista para [i]La Jornada Maya[/i].

Los maestros de Turok son varios, pero recuerda a dos con particular cariño: a Manuel Álvarez Bravo de día, y a Alejandro Parodi de noche. “En las noches era el desmadre, la vida nocturna, mientras en la mañana recordaba que la fotografía era un arte universal y formal. Álvarez Bravo nos ponía a leer [i]El Quijote[/i]”.

Una muestra seleccionada del libro fotográfico se expone en la Filey, imágenes en blanco y negro que sorprenden a los visitantes curiosos. Hay de guerra, de mujeres trabajando, un camión que arde en llamas, pero la que más llama la atención es una de un cuerpo femenino que acaba de dar a luz, de la vagina aun cuelga el cordón umbilical, mientras que en el vientre un neonato febril estalla en llanto. Un niño que se encuentra de visita escolar en la Filey se regresa por segunda ocasión para resguardar la fotografía en su memoria.

La fotografía emblemática del portafolio de Turok se dispara en Nicaragua, a donde lo enviaron a cubrir una marcha que involucraba al político Daniel Ortega. En ese entonces se proclamaba que un “hombre nuevo” estaba naciendo en el país y llenaba de esperanza a los nicaragüenses. Negado a tomar la foto ordinaria de la marcha, Turok decidió asistir a un hospital para retratar el nacimiento de un ser y tener la fotografía del “hombre naciente” que emergía del país. Así fue, pasaron varias horas para lograr la fotografía, hasta que una madre accedió a ser fotografiada, “el bebé salió disparado, rápido, como un torpedo”, comparte Turok.

[b]Educados a la imagen[/b]

Frente al gran archivo de fotografías que existe en internet, que se actualiza segundo a segundo, Antonio Turok afirma que la sociedad ya es más “educada a la imagen”.

Las imágenes que reciben más aceptación por medio de los likes, es por que hay detrás una inteligencia visual, apunta, y acredita como medio de comunicación favorito de los jóvenes el Instagram. Los jóvenes ya no leen, ahora se comunican por medio de fotos.

Turok comparte con asombro que una fotografía perteneciente al archivo de la fototeca Pedro Guerra fue censurada por Facebook al tratarse de un cuerpo sin vida, embalsamado. “¡Es una expresión histórica! anteriormente los fotógrafos eran contratados para tomar fotos del muertito porque es el último recuerdo que se tiene”, y recalca la importancia de regular los criterios que censuran las imágenes en redes sociales, como el caso de los pezones femeninos.

“Hay un grupo de narcos que publican fotos en Instagram, es como una pasarela de modas, se exponen con sus rifles, tatuajes, los animales que tienen y compiten por los likes, no por la preservación de la foto”.

[b]La crítica necesaria[/b]

A partir de este martes, Turok imparte un taller de fotografía en la Filey, que consiste en revisar las fotografías de los asistentes para aportar ideas que puedan mejorarlas. Mediante un análisis colectivo de “todos contra todos” se puede mejorar como fotógrafo, “la lectura cuando es colectiva es muy sabia”, sentencia Turok.

Los asistentes son fotógrafos profesionales, amateurs, periodistas, niños y jóvenes. Un fotógrafo profesional fue el primero en exponer sus fotos ante los asistentes, y ante la imagen, Turok se paró de su asiento para ocultar con sus manos una luz innecesaria, después la tapó con su cuerpo entero y mostró cómo debió pasarse el fotógrafo para obtener una mejor fotografía, para lo cual encorvó su larga figura flexionando las piernas, “un fotógrafo tiene que hacer sus aerobics”, dijo.

Turok escuchaba a todos con la misma atención, y ante una una nueva serie de fotos pregunta: ¿nos vamos despacio o a la yugular? (al referirse a las críticas) a lo cual un niño que se encontraba sentado en la última fila respondió enérgico "¡A la yugular!".


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