La Jornada Maya

Graciela H. Ortiz
Foto: Fernando Eloy
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Lunes 26 de marzo, 2020

La epidemia del coronavirus COVID-19 ha afectado la vida cotidiana de todo el mundo y México no es la excepción.

En Yucatán se han suspendido actos masivos, se cancelaron las visitas a los sitios arqueológicos de Chichén Itzá y Dzibilchaltún durante el equinoccio, se instalaron diversos filtros en la entrada al estado; se suma ahora la suspensión de clases desde este martes 17 hasta el 20 de abril, lo que ocasionará a muchos padres y madres de familia un verdadero “dolor de cabeza” y una erogación económica inesperada.

Más de 500 mil alumnos y alumnas de educación básica y media superior, según datos de la Secretaría de Educación del Estado, no concurrirán a clase durante el periodo de contingencia.

Para Gabriela Cetina, una empleada de una agencia de seguridad, esta decisión si bien indispensable constituye un verdadero problema: “sé que es necesario, pero significa que debo contratar a alguien que venga a cuidar a mis hijos (Edder de nueve y Edgar de 5), porque yo trabajo y mi marido también, al igual que mi madre y mis suegros ya son gente muy mayor”.

“La verdad que esto es un verdadero golpe a mi economía, pero ¿qué puedo hacer?, debo seguir trabajando y los niños no pueden quedarse solos”, dice.

La médica Zulemy Alonzo, quien trabaja en un consultorio de una farmacia, tiene una niña de cuatro años y un niño de siete, “yo tengo la suerte que me los cuida mi mamá, lo cual es una gran ventaja, y por suerte no tengo que pensar en eso, pero entiendo los problemas de aquellas madres que no tienen con quien dejarlos”.

Fátima Moo es una empleada doméstica, quien viaja a diario de Hocabá a Mérida, y debe dejar solos a sus hijos José, 16; Alejandra, 13; e Inocencio, 10. “Si bien ya son bastante grandes, me preocupa dejarlos solos. Le hice prometer a José que velará por sus hermanos, mientras yo no esté, pero qué puedo hacer, si no trabajo no hay comida sobre la mesa”.

Algo similar le ocurre a María José Martín, con Adrián de 17 y Abril, de 10. “A ellos los cuidan mis suegros, pero la verdad es que yo no quiero que salgan de casa, así que creo que se van a quedar y vendrá mi suegro a traerles comida, cuando yo no pueda cocinar, y a ver cómo están”.

“Mi hijo Adrián está muy molesto porque tiene que aprobar algunas materias que debe y está iniciando el propedéutico para la universidad. Traté de hacerle entender que esto es para la seguridad de todos, y que mientras tanto puede leer para mejorar sus conocimientos”, concluye.


Edición: Gina Fierro


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