Óscar Muñoz
La Jornada Maya

Martes 22 de julio de 2015

Curiosamente, en este país, en este estado y en esta ciudad todos los gobernantes han apostado por políticas que ponen reversa a la evolución cultural del mundo. Mientras en otros países se han hecho inversiones, en la mayoría de las regiones de México ha sido al revés: en algunas han optado por continuar proyectos anquilosados y en otras han decidido integrar acciones simuladas o eventos espectaculares que son presentados como programas de gran impacto sociocultural cuando distan mucho de serlo.

En cambio, en otros países como Argentina o Bangladesh, ha sido posible invertir en proyectos de largo aliento. En algunos casos, apenas cien mil dólares junto con la participación de socios interesados y decididos a invertir en cultura han permitido generar programas permanentes. Esos proyectos mundiales han sido apoyados por el Fondo Internacional para la Diversidad Cultural (FIDC) y han demostrado que esta industria, además de ser importante fuente de empleos, puede ser encabezada por quienes tienen esa responsabilidad pública y podría tener la oportunidad de recibir el apoyo para aplicar políticas que incluyan formas para respaldar la apreciación y la creatividad artística y cultural.

Por desgracia, a nuestros gobernantes no les interesa esa posibilidad de inversión, no les llaman la atención las industrias culturales ni tienen voluntad para impulsar políticas efectivas y adecuadas a las necesidades de la población.

Todo se ha visto reducido al espectáculo, como en la Roma antigua (donde se pudo continuar con el teatro ateniense al adoptar la cultura griega, pero se optó por el circo de humanos contra bestias y otras linduras). Todo ha sido [i]show business[/i], sin darse cuenta que la industria cultural podría ofrecer mejores ganancias, tanto económicas como sociales y humanas.

Y no sólo habría que detenerse en la posibilidad de invertir para la obtención de enriquecimiento material, se debe mirar más lejos y reconocer el seguro enriquecimiento humano.

La cultura también puede resultar muy buen negocio para quienes quisieran invertir en este rubro, además de las ganancias espirituales de la sociedad.

Entonces hay que decir a los gobernantes que esta opción es posible como negocio y necesaria para el desarrollo espiritual de la sociedad.

La sociedad en general no sólo requiere de satisfactores materiales, como comida, vestido y techo familiar, también tiene necesidades espirituales y el nutrimento para éstas se encuentra en la cultura y el arte.

No sólo de pan vive el hombre, también necesita formación, placer estético y creatividad. En este sentido, el FIDC de la ONU lanzó un enérgico mensaje: “Invertir en la creatividad puede transformar y transforma las sociedades”.

Habrá que detenerse y mirar el tema de la inversión cultural, tanto en su vertiente material como espiritual, y en la dimensión local, además preguntarnos si hay siquiera alguna idea de la inversión o de las industrias culturales entre los numerosos funcionarios estatales y municipales.

Es increíble que, a pesar de que existen unos veinte funcionarios en la Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán, nadie sepa bien a bien que es posible invertir en ese rubro. En lugar de investigar al respecto, animar a los involucrados y conseguir socios interesados en ello, parece que han elegido la postura más cómoda: simular la promoción cultural.

Y qué decir de los diversos y numerosos recintos, comenzando con el Gran Museo del Mundo Maya y terminando con el Museo de Historia Natural. Es lamentable que todos estén en un solo sitio geográfico. ¿Qué tan importante es que todos los museos estén ubicados en Mérida? Si bien algunos dependen del ayuntamiento, ¿por qué los otros no están en las demás regiones del estado? ¿Dónde está la planeación regional, el enfoque museológico, la programación expositiva, la inversión museográfica, la extensión de los museos en el estado, los proyectos de divulgación y formación? ¿De qué sirve que entre el estado de Yucatán y el municipio de Mérida exista una veintena de museos si éstos están vacíos, al grado de que se pueden percibir como espacios inertes?


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