Foto: Rodrigo Díaz Guzmán

La mayoría de la población de Mérida cuenta con un suministro de agua constante: va al baño y hay agua, abre la llave y sale agua para lavar los platos o su ropa, no tiene que esperar a que llueva, o crear mecanismos para surtir de agua a los habitantes.

Algunas comunidades del interior del estado viven una realidad diferente, que pareciera ajena a los habitantes de la urbe metropolitana: el suministro de agua potable es de sólo una hora al día, no está garantizado su derecho al acceso al agua.

 

También te puede interesar: Ka’ap’éel u jaajil kuxtal yaan Yucatán: tu’ux yaan ja’ yéetel tu’ux mina’an

 

Durante años se ha promovido que Yucatán es un lugar con agua abundante, que pareciera ilimitada, lo que ha permitido atraer grandes inversiones y empresas a esta zona del país por la riqueza de este líquido. De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en Yucatán, 78 por ciento de la población dispone de agua entubada, sin embargo, la calidad de ésta es cuestionable, indicó Inés Cortés Campos, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de Antropología Social (Ciesas).

Si bien en el estado no existe un problema de escasez de agua, lo preocupante es la calidad. El verdadero problema es su tratamiento: el agua potable para el consumo diario; un agua que sea limpia, que se pueda beber, que no representa riesgo de contaminantes.

El servicio de potabilización del líquido es algo que prácticamente sólo existe en Mérida, indicó la investigadora. Fuera de la capital yucateca, no hay plantas potabilizadoras de agua; sólo existen sistemas de bombeo de agua subterránea y almacenamiento en depósitos, tinacos o cisternas, donde su única forma de tratamiento son pastillas de cloro.

Conforme más alejado se encuentre el pueblo de la cabecera municipal, señaló la antropóloga social, el panorama se complica más; sólo cuentan con un pozo, donde bombean el agua hacia un tanque elevado, y se redistribuye a las viviendas.

Sin embargo, por las condiciones de pobreza de estas localidades, para no incrementar el costo de la electricidad que usan al bombear el agua a los hogares, las autoridades locales determinan que se prenda la bomba una o dos horas al día.

“Es muy lamentable que sigamos teniendo esta situación en el México del siglo XXI”, opinó.

Dijo que por lo menos en las comunidades de los municipios de Tizimín, Chemax, Temozón, Valladolid viven con este tipo de sistemas, aunque indicó que la situación es general en todo el estado.

Apenas se prende el sistema, las personas llevan los tambos, cubetas y demás de agua pues es toda el agua que tendrán durante todo el día. “No hay un desabasto como tal de agua, lo que hay es una carencia de agua potable constante”, precisó.

Además, normalmente se designa a una persona encargada de realizar este trabajo de bombeo, conocida como el tesorero del agua, quien se encarga de cobrar a las familias de las casas para surtir el servicio, pero muchas veces a ésta se le olvida hacer la labor, no le coloca la pastilla de cloro, se levanta tarde, o bien tiene problemas con alguna persona y no le surte el agua.

Es decir, declaró Inés Cortés, que el abasto de agua potable también está sujeta a estos conflictos sociales.

En cuanto al tratamiento, la especialista indicó que en el mejor de los casos cuentan con la pastilla de cloro las bacterias que contienen el agua que se extrae, no obstante, en el oriente, donde hay mucha ganadería y agricultura, los tóxicos de los pesticidas se filtran en el manto freático, sin ningún tipo de tratamiento y llega al tanque elevado y que suministra a las viviendas que usan esa agua para bañarse, lavar sus trastes, sus manos, o en ocasiones para beber.

Para Cortés Campos, esta situación pareciera demostrar que existen dos realidades que se viven en el estado, pero sólo importa la que suceda en Mérida: el abasto del agua potable en las comunidades rurales no es prioridad para ningún gobierno, pero el problema es real y mucha gente vive bajo estas condiciones.

Es contradictorio, según reflexionó, que los gobiernos presuman a Yucatán como un estado de bienestar, un excelente lugar para visitar, para vivir y que ha ganado numerosos premios, cuando padece estas realidades.

“Yucatán y Mérida son lugares tranquilos para vivir, pero sólo para cierto sector social, quienes tienen mayor poder adquisitivo, esa es la realidad en términos de salud, de acceso al agua, empleos”, sentenció.

En general, no sólo el estado, sino el país, sigue en deuda con el México rural muy grande, agregó.

¿Qué se necesita?

En la opinión de Cortés Campos, para revertir este panorama se necesita urgentemente una política pública seria, independiente de las corrientes electorales y políticas, que dure cada sexenio, enfocada en el saneamiento y dotación de agua potable a toda la población, además que sean acciones guiadas por el sector científico.

Además, dijo que es importante borrar esa imagen de que en el estado habrá agua para siempre, o que es muy limpia: que es un paraíso tropical con mucha agua.

Edición: Ana Ordaz