Saber Mirar

Saber Mirar: entre el olvido y la memoria. Por Gloria Serrano

La Jornada Maya

06 de junio, 2015

“Más vale que no tengamos que elegir entre el olvido y la memoria”, versa una canción de Joaquín Sabina. Ayer estuve en el Parque Santiago y en medio de un atardecer ventoso y húmedo de viernes, ahí estaban también ellos, firmes, imponentes en su humildad, erguidos tan dignamente como la estatua de Justo Sierra O’Reilly en el Paseo Montejo, recordándonos que somos hijos de la historia, del pasado, de los días. Y la música de barrio sonaba y algunos jóvenes charlaban y los niños jugaban en aquél arenero donde está el subibaja y la resbaladilla. Y fue entonces cuando me pregunté qué hay entre el olvido y la memoria, qué fibra poderosa movió al colectivo “Culturas Libres al Parque” para que, de entre todas sus posibilidades, eligieran estar ahí y cuál fue esa otra fuerza que les impidió, a otros, congregarse en este sitio para recordar una de las peores tragedias que llevamos en hombros todos los mexicanos, la muerte por negligencia de 49 niños en el incendio de la Guardería ABC, ocurrido en 2009 en Hermosillo, Sonora.



Solo unos cuantos escuchan, solo unos cuantos prestan atención a la llamada telefónica, a la voz serena pero apesadumbrada, de un padre que sigue manifestándose para exigir que se le haga justicia a la absurda pérdida de su hijo. La gente camina, conversa y mira su teléfono celular como si se tratara del Oráculo de Delfos al pie del monte Parnaso en Grecia, como si en aquella diminuta pantalla se alojara toda la sabiduría y todas las respuestas a las grandes preguntas que se hace la humanidad, como si algo les empañara la vista y les bloqueara la mente para reconocer que las verdaderas musas inspiradoras son personas como las que integran Culturas Libres al Parque, el proyecto de intervención del espacio público a través de talleres, dinámicas grupales y presentaciones artísticas, como esta. Ellos son los que se toparon, de frente, con otro 5 de junio y así fue como humanamente convocaron a su comunidad a través de la red social Facebook:

“Cuanto tiempo tendrá que pasar para que la justicia llegue, cuanto tiempo tendrá que pasar para terminar con tanta impunidad. En este país en donde la justicia no existe, es necesario que día a día nos manifestemos en contra de todas aquellas situaciones que nos indignan tanto. Es por eso que te invitamos este 5 de junio a que reiteremos nuestra rabia y con amor nos solidaricemos con las mamás y los papás que aquel día perdieron a sus bebes y que las y los abracemos a distancia y les digamos que no están ni estarán solas y solos en su lucha. JUSTICIA ABC”.

Su caminar no fue en solitario, los acompañaron IEPA, A.C., organización que promueve y defiende los derechos de los niños y de las niñas; Mayaclan, Los Parásitos, Pablo Perro y Mexikan Sound System. Su presencia y trabajo constantes, son parte de un movimiento aún mayor que ya se encuentra preparando Ecos 2015, el 3er Encuentro Nacional de Colectivos Sociales “Creemos tejido colectivo”, que se realizará del 12 al 15 de noviembre en Yucatán. El primer encuentro se llevó a cabo en 2013, en Puebla, y el segundo en Colima, en 2014. Este año será el turno de los yucatecos para evidenciar qué hay entre el olvido y la memoria, cuál es esa sutil línea que divide el México de lo deseable del México que ahora tenemos.



Cuando los seres humanos dejamos de cuidarnos unos a otros, el mundo se convierte en un lugar habitado por miradas impedidas, por rostros desteñidos, por corazones agitados y dolorosamente miserables. Es el peor de los escenarios, un mundo en el que ya nadie se pregunta cómo se sobrevive al sufrimiento o a la tristeza y cómo se respira un aire contaminado por el miedo y la indiferencia. En días como el 5 de junio pienso en estas cosas. Y es entonces cuando, de nuevo, me pregunto qué hay entre el olvido y la memoria. No lo sé. Quizás solo se trate-como canta Sabina- de poder dormir sin discutir con la almohada dónde está el bien y dónde está el mal. Quizás solo sea cuestión de salir a defender el pan y la alegría. Quizás sea tan sencillo como dejar por un rato la casa, dirigirse al Parque Santiago y plantarse ahí, para decir fuerte, todos juntos, ¡esta boca es mía!
ABC nunca más.