Ciencia maya

Ciencia para poetas, poesía para científicos

Feliciano Sánchez Chan
La Jornada Maya

28 de octubre, 2015

Voy a abordar el tema de la mesa: Ciencia para poetas, poesía para científicos, desde tres vertientes. En virtud del discurso construido desde la mirada occidental sobre el pueblo maya, que siempre ha sido peyorativo: Empezaré retomando la definición de ciencia que consigna la Real Academia de la Lengua Española; pasando por comentar la concepción que le fue impuesta al hombre occidental desde el momento de su creación, consignada en la biblia, para luego comentar la filosofía que le da razón a la existencia de la ciencia maya, junto con su aplicación en los ámbitos de la literatura y concluir con unas consideraciones finales respecto a la actitud de los actores culturales del Estado en relación al pueblo maya.

El concepto “ciencia”, de acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española, proviene del término latino scientia y se define como “el conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales”.

Una segunda acepción es la “habilidad, maestría, conjunto de conocimientos en cualquier cosa: La ciencia del caco, del palaciego, del hombre vividor”, y finalmente, la que la define como el “conjunto de conocimientos relativos a las ciencias exactas, fisicoquímicas y naturales. “Facultad de Ciencias”, a diferencia de “Facultad de Letras”.

A partir de estas definiciones, predominantes en todos los ámbitos del llamado “desarrollo humano” desde la visión occidental, habría que marcar la diferencia con la que pudiéramos llamar “la ciencia maya”.

Mientras que desde la visión occidental y cristiana, bíblica, desde la concepción y la creación del hombre, Dios los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra”; nuestra filosofía maya se funda en el más profundo respeto a la naturaleza y al universo; en la búsqueda de una armonía absoluta, ya que no nos concebimos como sus dueños, sino como parte integral de ella; por lo tanto, agredir a la naturaleza y al universo, significa arriesgar nuestra permanencia como especie.

El parteaguas de desarrollo actual de las sociedades consideradas modernas, inicia con la revolución industrial. En contraste, se ha argumentado que los pueblos originarios de este continente, y de manera particular, nosotros los mayas, presumiblemente nos fuimos rezagando, justamente porque en el pasado, no fuimos capaces de incorporar el uso industrial de los metales.

¿Para qué íbamos a querer el metal, si somos, como dice Abreu Gómez en su célebre Canek, un pueblo que “come y bendice su tranquilidad”, y que además, la madre naturaleza nos prodigaba todo cuanto era indispensable para producir nuestros alimentos? Solamente para lo banal, lo superfluo, para adornarnos el cuerpo; ya que desde nuestra filosofía ancestral, toda la ciencia y tecnología que desarrollamos, siempre le apostó al mantenimiento de esa armonía, a no violentar a la naturaleza y al universo.

El conocimiento de los astros, las matemáticas, los calendarios, la religión y sus múltiples dioses, tenía como función principal sistematizar el conocimiento de los ciclos climáticos, que son a su vez, el eje de la producción alimentaria.

Pero ya para entrar en materia, podemos afirmar que para los mayas de siempre, la poesía, al decir de Alfonso Lacadena (2009) “una práctica continuada en el tiempo y el espacio”, y la muestra más fehaciente de esta literatura la encontramos en las antiguas inscripciones jeroglíficas contenidas en estelas, vasijas, códices; que según el mismo investigador, “los escribas mayas, tenían una intención premeditada de embellecimiento del lenguaje”, pues el lenguaje que se empleó en estas inscripciones, que sí contienen registros calendáricos, onomásticos, entronizaciones y otros acontecimientos propios de los grandes personajes, fue alterado con toda intencionalidad para provocar belleza, de tal manera que ahora se les puede leer, no sólo en su contenido, sino también como poesía.

Por otro lado, Arzápalo Marín (1987), al referirse al valor de la experiencia y conocimientos plasmados en El Ritual de los Bacabes, hace una afirmación categórica al señalar: “Fundamental para el avance de los estudios mayas es el conocimiento de esa rica información plasmada en registros escritos de inestimable valor científico y humanístico que nos legaron los sabios sacerdotes y caudillos de esa gran cultura mesoamericana”.

Sin embargo, no pierde de vista que independientemente del “conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento”, también se observa habilidad y maestría en el manejo del lenguaje con el que se plasmó, “este conjunto de 68 textos sobre conjuros, plegarias y recetas médicas bautizado ya con el nombre de Ritual de los Bacabes […] transcrito en versión rítmica, traducido y, a través del método hermenéutico, se pudo ofrecer una interpretación inteligible en el español, tratando de mantener su estilo literario y los diversos registros lingüísticos empleados en el original sin perder de vista, al mismo tiempo, el significado básico de los signos lingüísticos”.

Lo anterior confirma que ciencia y poesía es un binomio indisoluble traducido en el arte del lenguaje, tan fácil de apreciar siguiendo el método de Lacadena, al explicar cómo los literatos representaban, por decir, un paralelismo simple mediante la fórmula A – B y A – B1

Que ejemplificaba de la siguiente manera en el texto IX folio 50: Wooj ti’ ka’an (glifos de los cielos), Wooj ti’ múuyal (glifos de las nubes).

Otro ejemplo más lo encontramos en el texto IX folio 53: Ix ko’ ka’an (con la mirada hacia los cielos), Ix ko’ múuyal (con la mirada hacia las nubes).

Esto no significa que sean los únicos, pues en realidad, todo el documento está poblado de múltiples figuras literarias ampliamente ejemplificados por Lacadena.

Por otro lado, en el Popol Vuh, escrito en maya quiché de Guatemala, encontramos igualmente infinidad de figuras literarias tan diversos, que no se tiene que ser un teórico literario para apreciarlos: el principio de la vida, el principio de la historia.

Otros documentos de la colonia temprana, lleno de figuras literarias por donde se le mire, son los libros del Chilam Balam. En ellos podemos tomar los siguientes ejemplos: Nueve ríos lo guardaban, nueve montañas lo guardaban.

Otro más:

Y se escribió: «Uoh», en la palma de su mano.

Y se escribió: «Uoh», debajo de su garganta.

Y se escribió en la planta de su pie.

Y se escribió en el brazo de Ah Uoh-Pucil5.

Con todo lo que se pueda argumentar de la contaminación de estos textos con la visión de los conquistadores, lo innegable es el lenguaje embellecido que se encuentra “ya en un texto posiblemente fechado en el 120 d. C: en la pequeña placa de Dumbarton Oaks”.

Pero si queremos seguir buscando esa relación entre “ciencia para poetas o poesía para científicos”, a partir de las definiciones que de ella hemos citado con anterioridad, tendríamos que pensar en el conjunto de conocimientos que se tuvieron que sistematizar para calcular las medidas exactas para una perfecta distribución de las imágenes, fechas y textos contenidos en una estela, o el conjunto de conocimientos, habilidades y maestría para producir el papel, las tintas, los conceptos y diseños con los que fueron plasmados los códices o las vasijas que están perfectamente simétricas y que además perduran con el paso de los siglos, en buenas condiciones, que no deja de ser ciencia y tecnología maya.

En los tiempos actuales del cambio climático y del calentamiento global, requerimos ser lo suficientemente audaces para reconocer que la ciencia y la tecnología, tan socorridas por las sociedades modernas, han demostrado ser incompatibles con el desarrollo humano; pues es esta ciencia y tecnología, junto con las políticas públicas y las acciones de los gobiernos, los que han construido la pobreza extrema en la que viven los pueblos originarios de este continente. Y son los que están acabando con nuestras culturas, sin darse la oportunidad de reconocer que son justamente los pueblos originarios, quienes paradójicamente han puesto sus ciencias milenarias como alternativas posibles para la vida del mundo futuro.

Por eso es tan importante reconocer en su justo valor las ciencias del pueblo maya, en vez de usar a los mayas actuales sólo como gancho turístico diciendo que “los mayas los estamos esperando en Yucatán”, como reza en un spot publicitario del llamado Festival Internacional de la Cultura Maya, que de maya sólo tiene el nombre, y a uno que otro dando saludos iniciales en los eventos, cuando de plano no son usados sólo como trastos escenográficos, vestidos a usanza de la película de Mel Gibson, con plumas y penachos, haciendo sahumerios y ceremonias o ritos mayas inventados al gusto o soplando caracoles en los troncos de las escaleras eléctricas del llamado Gran Museo del Mundo Maya.

Como dice la canción de un fallecido cantante latinoamericano “son tantas las verdades, tan pocos los milagros”. Por eso se requiere mucha más poesía, poesía en maya, en lengua española o en cualquier lengua del mundo, pero mucha más poesía que cautive incluso a los científicos sociales modernos.

Por último, los invito a leer los libros de los Chilam Balam, el Popul Vuh, El Ritual de los Bacabes, Los Cantares de Dzitbalché, los libros de Briceida Cuevas Cob, de Wildernain Villegas Carrillo, Isaac Carrillo Can, o cualquiera de los poetas de las lenguas originarias de América y verán cómo batallan por llamar la atención para frenar la deforestación, la contaminación, la invasión de los grandes pulmones del mundo que se encuentran bajo custodia de los pueblos originarios; el calentamiento global, los cambios climáticos y las inminentes catástrofes naturales de grandes proporciones que se nos avecinan, provocados por nuestros actos irresponsables por aplicar, a diestra y siniestra, la ciencia y la tecnologías actuales del mundo occidental, que parece no darse cuenta que nos estamos acabando por nuestra desmedida ambición de acumular riqueza material.

La alternativa posible la tenemos a la mano y son las verdaderas ciencias del pueblo maya y todos los pueblos originarios del mundo.

*Texto leído en la mesa-panel Ciencia para poetas, poesía para científicos, organizada por la Escuela de Creación Literaria del CEBA, realizada el pasado 22 de octubre a las 17 horas en la Casa de la Historia de la Educación.

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