Visiones extrañas de la península

Yucatán visto desde Guadalajara y San Luis Potosí

Emiliano Canto Mayén
Ilustración Arbee Farid Antonio Chi
La Jornada Maya

5 de noviembre, 2015

Actitud persistente entre los investigadores de la cultura yucateca es recalcar que el regionalismo de aquí es excepcional si se le compara con el resto del país. Si bien esta posición tiene algo de cierto, creerla una verdad absoluta decanta en una caricatura según la cual nuestros abuelos detestaban todo lo que venía del centro.

La visión antedicha es forzosamente inexacta ya que los desiertos del norte, las cordilleras del centro, las costas del Pacífico y del Golfo consisten en un mosaico multicolor de acentos, climas y culturas. Tan solo para darnos a beber de nuestra propia medicina, contaré dos casos acerca de cómo se concebía Yucatán en Guadalajara y San Luis Potosí, durante el siglo XIX.

En Guadalajara, la novela El misterioso de Mariano Meléndez Muñoz, publicada el año de 1836, tiene por escenario la isla de Cozumel, la costa oriental de la península y, en algunas planas, los tórridos pantanos de Tabasco. En este libro, Yucatán es un espacio selvático, surcado de ríos y cordilleras y sus héroes, cual osados exploradores, se desplazan en un intrincado telón de verdor. Tierra indómita en la que los forajidos luchan entre sí, cual bestias sedientes de venganza, el Yucatán de Meléndez es una tierra brutal.

En el caso de San Luis Potosí, la novela Luisa de Francisco Palomo Robles, deja igual de mal parado a nuestro terruño. En esta obra impresa el año de 1865, un pasaje hace referencia a la península, como un sitio plagado de peligros. En el relato de Palomo, el capitán Ignacio es mandado a combatir a Yucatán. El ejército ficticio triunfa en la entidad, sin embargo, el capitán es dado por muerto y, el mes de abril de 1839, el comandante en jefe escribe a Laura, cónyuge del desaparecido, informándole de su defunción. Yucatán representa entonces, en la pluma de Palomo, un sitio lejano, peligroso e incomunicado.

Estas visiones externas de Yucatán seguro incomodan a aquellos que sostienen que Mérida fue, en aquel siglo XIX, una urbe con actores culturales de gran entusiasmo y actividad. El que novelistas como Palomo y Meléndez imaginaran a la península como una comarca exótica, dirán los “orgullosamente yucatecos”, responde a la ignorancia de estos fuereños de las cosas y casos de Yucatán; pero lo mismo puede decirse de todos los yucatecos que consideran hoy a los fuereños como unos hunos semisalvajes y criminosos. A Palomo y Meléndez se les puede excusar de sus inexactitudes pues ellos hacían literatura y para ello libraron de toda rienda a su imaginación, en cuanto a nosotros, los yucatecos del siglo XXI, con mayor acceso a la información, es imperdonable que nos cerremos al conocimiento de las otras entidades y connacionales.

@gacetarara