El Beagle y el Myrtle

De expediciones en busca de nuestros orígenes

Daniela Tarhuni
Foto: Tomada de la web
La Jornada Maya

Viernes 15 de abril, 2016

Hace poco más de 180 años, Charles Darwin se embarcó en una expedición científica a bordo del bergantín Beagle en un viaje que duró cinco años por ambas costas de Sudamérica, Galápagos, Tahití, Nueva Zelanda, Australia, Tasmania, isla de Keeling, Mauricio, Brasil y las Azores. Sus observaciones científicas, detalladas, minuciosas e ininterrumpidas, le llevaron a publicar, casi 30 años después, en 1859, El Origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas preferidas en la lucha por la vida, hecho que constituyó una verdadera revolución científica, produjo un gran impacto en la sociedad de su tiempo, y por lejano que parezca, sigue causando polémica.

Todo partió de una pregunta que desde hace siglos la humanidad se ha hecho: ¿Cómo se originó la vida?, cuestión que los científicos hoy siguen abordando y que para responder han conformado una expedición en altamar a bordo del buque/plataforma Myrtle por un período de dos meses para explorar el cráter de Chicxulub, estructura formada hace aproximadamente 66 millones de años.

Chicxulub es el cráter de impacto de mayores dimensiones y mejor preservado en la Tierra, con alrededor de 200 kilómetros de diámetro, de los cuales la mitad se localiza en la plataforma continental –nuestra capital, Mérida, se localiza dentro del cráter- y la otra en altamar. El cambio climático que se generó tras el impacto tuvo como efecto la desaparición del 75 por ciento de las especies que entonces habitaban el planeta, incluidos los dinosaurios, lo que marcó una de las principales fronteras biológicas y geológicas de la Tierra pues, tras este evento, la evolución de la vida en el planeta permitió que los mamíferos se diversificaran e iniciaran su predominancia en el mundo… que, siguiendo a Darwin, evolucionaron mediante selección natural.

La expedición en la que participan más de 30 científicos de doce países tratará de dar respuesta a tres cuestiones fundamentales: entender la mecánica de estos impactos y la formación del anillo de picos, un rasgo topográfico distintivo de estas estructuras; analizar la actividad hidrotermal y microbiana que colonizó el anillo y determinar la recuperación de vida en la Tierra una vez que se estabilizó el medio ambiente.

No se trata de una “ocurrencia” científica. Se trata de una investigación que data desde finales de los años setenta, cuando el cráter fue descubierto gracias a una exploración de PEMEX y desde entonces se han realizado diferentes estudios geofísicos y programas de perforación en tierra. Es la primera vez que se estudiará el cráter en altamar. Les ha llevado más de diez años planear esta perforación, desde la obtención de recursos, la gestión de permisos, así como las determinaciones científicas y técnicas necesarias para hacerla.

La perforación no es cosa menor y desde ahí comienza el reto: penetrarán más allá del lecho marino hasta mil 500 metros para recobrar la primera muestra completa de las capas de las rocas de la región más cercana al centro del cráter.

En particular es formidable que estemos presenciando el desarrollo de esta investigación. Estamos hablando de una exploración que permitirá comprender cómo se recuperó la vida en la Tierra, una recuperación que condujo a la aparición del hombre. En suma, es comprender mejor el mundo del que somos parte.

Los científicos estudiarán un cambio muy abrupto en la temperatura a través del tiempo geológico, y se establecerán modelos para estimar el cambio climático actual, aunque ahora no se deba al impacto de un meteorito, sino al hombre mismo.

Ser testigos de este estudio y conocer los resultados preliminares en poco tiempo (calculan que aproximadamente dos años) es presenciar el desarrollo de teorías que pueden conducir a revoluciones científicas, tal y como la que atestiguamos hace pocos meses con el anuncio de las ondas gravitacionales.

El entusiasmo y la curiosidad de mucha gente por saber de esta exploración es un motivo de alegría, aunque por otra parte ha dado lugar a mil y un suposiciones que uno puede leer en los foros de los medios electrónicos o en redes sociales: que en realidad se trata de una exploración en busca de petróleo, que si el sismo que se produjo hace unos días fue producto de lo que están haciendo, que por qué exploran en Sisal si el impacto fue en Chicxulub, que seguramente veremos más animales muertos en las costas… Dichos sin una base que los sustente y que permean fuertemente, tanto así que es difícil que los argumentos científicos sean una contraparte decisiva. Es por ello que hoy la ciencia debe hacerse oír más que nunca.

Hoy, como en 1831, cuando Darwin se embarcó en el Beagle, los científicos abordaron en Sisal un buque que los conducirá a la plataforma del Myrtle en busca de una nueva aventura en la investigación científica y desentrañar todo lo que tiene por revelarnos el cráter de Chicxulub.

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Mérida, Yucatán