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Ubú Rey en la escena meridana

Daniela Gamboa
La Jornada Maya

¡Oh, señores, créanme! Por muy bello que sea, no vale
lo que Polonia. Y es que, si no existiera Polonia, tampoco habría polacos.
Padre Ubú

No es Polonia. No son los alrededores de Varsovia. Tampoco el Théâtre de L’Oeuvre, en donde fue estrenada Ubú Rey el 10 de diciembre de 1896. Más bien se trata de la ex penitenciaría Juárez, en donde los esquemas se hacen cachitos al entrar al Foro Alternativo “Rubén Chacón”. Se trata de un paisaje completamente disruptivo.

Recorres el pasillo de las antiguas celdas para llegar a tu destino –es un peregrinaje inevitable-. El calor que se siente al pasar ese galpón es agobiante. Enseguida imaginas la miseria de algún preso cumpliendo ahí su pena. Alucinas con la antigua aromaterapia que habría ahí y opinas que en relación a Ubú Rey sería muy conveniente. Te quedas mirando la retahíla de celdas oscuras y te topas con alguna que otra cámara convertida en oficina protegida bajo las mismas rejas que las demás; esperas a que alguien te grite algo tras los barrotes, imaginas varias manos saliendo de las rejas estirándose para poder tocarte o que te lanzan un escupitajo encima –se acaba la poesía porque caes en cuenta de que esas imágenes vienen del cine hollywoodense- .

Pero hay tiempo para más elucubraciones –pues el pasaje es largo-. Alcanzas a pensar que, en todo caso, preferirías recorrer esos galpones sólo si fueras un preso o un poli – pues a ti te harían pedazos desde la primera mirada-.

Terminas el pasaje y sales a un jardín en donde te despabilas y caes en la cuenta que a lo que vas ahora es al teatro, a la puesta en escena de Ubú Rey preparada por los alumnos de 8vo semestre de la Escuela Superior de Artes de Yucatán (ESAY) y dirigida por Alcíbiades Zaldívar.

Crees que ha sido una suerte, de esas coincidencias que suceden pocas veces en la vida cuando tienes algo durante tanto tiempo en la cabeza y se cumple. Justo es eso lo que pasó con Ubú Rey, de leerla y repetirte una y otra vez ¡Mierdra! ¡Por mi chapiro verde! ¡Cuernoempanza! De no parar de pensar en la genialidad de los juegos del lenguaje que simbólicamente significan nada o una y mil cosas que quizás no estás entendiendo en todas sus dimensiones, porque la traducción del francés nunca será del todo fidedigna, aunque buenos intentos hay. Deseas poder verla en escena, porque es en el performance en donde se materializa todo y cobra una verdadera superficie, una que te hace usar todos los sentidos.

Ya imaginaste al Padre Ubú, la marioneta grotesca -y gran doctor en patafísica: “ciencia de las soluciones imaginarias”- de mil maneras; ya te topaste con cientos de imágenes ubuescas con panzas que cargan el símbolo de espiral hipnótica, que es la que pareciera conseguir la potestad momentánea del pueblo, o del mismo rey de Polonia, ante quien llega a proclamarse como esclavo, para después esclavizar al país entero con su desenfrenado y obsceno apetito de dominación e incitado en gran medida por la Madre Ubú, a quien no imaginaste tanto, pero ya lograste ponerle un rostro de lujuria y locura.

Pero entonces por un lado tenemos el libro y toda su compleja riqueza de lenguaje, uno propio, aunque tome algunos préstamos de la tradición rabelesiana para sus expresiones. La narrativa es muy clara aunque no fácil: es el espejo exacerbado de la lujuria, la gula por el poder, la cobardía y la estupidez humana; es catalogada como teatro surreal o de lo absurdo, pero en realidad todos sus elementos van cargados de agudas y certeras percepciones de realidad, muy directa y excesivamente honesta y cínica – quizás es por ello que Borges con esa mesura que guardaba todo tras los símbolos, consideró la obra de Jarry como una payasada-. Es una obra constituida para el sabotaje sistemático de su tiempo y los futuros venideros con formas y rostros dictatoriales. Es una obra para no ser ordenada, ni academizada pues se le restaría alcance poético, de ese que es imperecedero.

Eso sí Ubú es una obra que pide a gritos ser representada –aunque no sea fácil de poner en escena-. En este caso la reinterpretación de Alcibíades Zaldívar junto a los alumnos de 8vo semestre de la ESAY se nos presenta fresca, madura y en el terreno idóneo –clave de la permanente actualidad de la obra-. La madre Ubú nos convence a todos del despojo, con ese aptito sexual y lujurioso que usa para conseguir sus fines, mientras que padre Ubú nos convence de su grotesca cobardía y hambre de poder corrupto. El capitán Bordura, la reina Rosamunda y Bugrelao nos hacen traspasar las fronteras genéricas –porque no tiene que ver el sexo en la actuación, ni en la vida real que también es todo un teatro, sino la capacidad de cada actor para encajar bien en un personaje-. 


Quedan pocos días para ver la puesta en escena, hoy y mañana sábado para ser exactos. No es una cuestión de publicidad, nada más es una actividad cultural para mejorar la calidad de vida de los meridanos: 20:00 hrs. –Foro Alternativo “Rubén Chacón”.

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Mérida, Yucatán
Sábado 18 de junio, 2016