Bambucos

Un secreto revelado

Enrique Martín Briceño
Foto: Raúl Angulo Hernández
La Jornada Maya

Jueves 4 de agosto de 2016

En estas mismas páginas, José Juan Cervera se ha referido a los poetas que han nutrido a la canción de Yucatán desde los tiempos de Chan Cil. En la lista, integrada tanto por bardos del patio como por poetas de otras latitudes, figura un venezolano, Diego Córdoba, a quien se atribuye parte de la letra de la famosa Flor de Guty Cárdenas y la letra entera de la hermosa clave Amor secreto de Rubén Darío Herrera (“Tener un amor secreto, / un amor suave y discreto / a una mujer…”). Así lo leemos en todos los libros y los discos publicados en México.

Pero he aquí que desde Ginebra, Valle del Cauca, Colombia, población donde se realiza anualmente el importante Festival de Música Andina Mono Núñez, nos llegan evidencias de que el autor del poema que musicalizó Herrera no es el venezolano Córdoba –quien ejerciera el periodismo en Mérida–, sino el colombiano Carlos Torres Durán. La cantautora Maricarmen Pérez, quien representa en nuestro país al festival y viene asistiendo a él desde hace 16 años, ha sido el conducto por el cual el promotor cultural Julián Salcedo nos ha hecho llegar dichas evidencias, que hacen justicia a Torres Durán 90 años después de que Amor secreto fuera creada.

En realidad –como en el relato “La carta robada” de Poe–, desde hace años teníamos a la vista una de las fuentes que atribuyen el poema a Torres Durán: el libro Canciones y recuerdos del trovador colombiano Jorge Áñez (quien, según se recordará, grabó con Guty Cárdenas y escribió con él un par de canciones). En esta publicación (Bogotá, 1950), conocida por todos los interesados en la historia de la trova peninsular, el cantautor antioqueño apunta que, durante la jira que realizó por Colombia y Ecuador, en 1934, compuso, entre otras canciones, “el bambuco que intitulé Amor secreto, versos de Carlos Torres Durán” (p. 262), y cita los primeros de estos. ¿Se trataba de la misma canción atribuida entre nosotros a Rubén Darío Herrera? Esta pregunta me surgió al leer aquellas líneas –hace ya más de diez años–, pero ni siquiera se me ocurrió googlear a Torres Durán.

Ahora, gracias a Julián Salcedo, no me cabe ninguna duda: la letra de la popular clave que –según algunos– canta a un amor adúltero, proviene del poema “Tener un amor” de Carlos Torres Durán (Piedecuesta, Santander, 1892-Bogotá, 1955), comerciante, periodista y literato (v. Antonio Cacua Prada, Carlos Torres Durán / Leonel Torres García-Herreros: poeta / pintor, separata de Hojas Universitarias, Bogotá, 1993). Publicado en el Diario Nacional de Bogotá en una fecha no precisada, se volvió popular en toda Colombia y figura por los menos en las antologías Los poetas del amor y de la mujer (Bogotá, 1936) y Antología poética de Santander de Antonio Lagos Castro (Bucaramanga, 1974). Helo aquí:

Tener un amor secreto, / un amor suave y discreto / a una mujer / es como tener un nido / perfumado y escondido / en nuestro ser. // Un nido de ruiseñores, / con arrullos y con flores / y con trinos de cristal, / un nido en el alma preso / donde tiembla como un beso un madrigal. // Tener un amor radiante, / un amor tibio y fragante / de emoción / es engarzar una rima, / como un lucero en la cima / del corazón. // Hacer de la imagen de ella / un sueño azul, una estrella, / una esperanza, una flor, / es tener amor sincero, / tener amor verdadero, / dulce amor. // Dulce amor que no se trunca / y que no se dirá nunca / a una mujer / porque se irá con la vida / como una rosa encendida / en nuestro ser.

¿Cómo llegó a la península? ¿Cómo lo conoció Rubén Darío Herrera? Es algo que aún está por averiguarse. Lo cierto es que el yucateco aprovecha todo el texto con excepción de la tercera estrofa, cambiando el orden estrófico (y modificando levemente tres versos). Musicalmente, da a la canción la forma binaria modo menor-modo mayor, que hallamos en muchas canciones yucatecas. Su sensibilidad poética le lleva a dar el modo menor a aquellas estrofas cuya nota principal es el carácter oculto del sentimiento (“Tener un amor secreto, / un amor suave y discreto…”, “Un amor que no se trunca / y que no se dirá nunca…”), mientras que con el modo mayor traduce musicalmente las estrofas en que se describe ese amor con la imagen del nido de ruiseñores y se alcanza el clímax melódico en el verso que resume sus atributos (“es tener amor sincero...”).

Por un programa reproducido en el libro Pepe Domínguez: un pilar de la trova yucateca de Rafael de Pau y Beatriz Heredia (Mérida, 2000) sabemos que la canción Amor secreto ya la había compuesto Herrera –¡como bambuco!– en 1926. Su primera grabación es probablemente la realizada por el dueto de Tapia y Rubio para el sello Brunswick en Los Ángeles en 1928 (Ross Laird, Brunswick Records: A Discography of Recordings, 1916-1931, vol. 3: Chicago and Regional Sessions, Westport, 2001, p. 1311). Un fragmento de este raro disco de 78 rpm puede escucharse en el portal de la Colección Strachwitz Frontera de Grabaciones Mexicanas y Mexicanas Americanas (http://frontera.library.ucla.edu/es/recordings/amor-secreto-0).

¿Y el bambuco Amor secreto de Áñez? ¿Cómo suena? Si tienen curiosidad, pueden escucharlo en la excelente versión de Jessica Jaramillo, la mejor intérprete vocal en el Festival Mono Núñez de 2015 (https://www.youtube.com/watch?v=aQv4Am--tu8). Personalmente, encuentro más afortunada la musicalización de Herrera por las razones asentadas. Pero lo que aquí importa es que, desde ahora, para yucatecos y mexicanos, ha dejado de ser un secreto el nombre del colombiano cuyos versos inmortalizó Rubén Darío Herrera. No lo olviden: Carlos Torres Durán.

Mérida, Yucatán
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