Reacomodo geopolítico en el Caribe

Bloqueo económico, el mayor obstáculo

Gabriel Aarón Macías Zapata*
Foto: Ap
La Jornada Maya

Jueves 16 de marzo, 2017


Varios factores se han entrelazado para impulsar cambios geoestratégicos en la zona del Caribe, conformada por el golfo de México y la isla de Cuba. Uno de ellos, de gran importancia por abrir expectativas hacia una mayor presencia estadunidense en este último país, fue la política de Barack Obama de normalizar las relaciones entre La Habana y Washington.

Aunque el acercamiento promete beneficios a las empresas estadunidenses, no ha estado exento de obstáculos políticos, provenientes de grupos cubanoamericanos reacios a mantener relaciones con el régimen cubano, en tanto no haya libertad política y cambios democráticos. A esta visión se han sumado políticos con capacidad de tomar decisiones, como el gobernador de la Florida, Rick Scott, quien impidió que los puertos de su jurisdicción hicieran negocios con la isla. No obstante, lo que aún frena una mayor apertura es, sin duda, el bloqueo económico persistente.

Tras asumir la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump se ha pronunciado, hasta ahora, por cancelar algunas medidas de su antecesor, como el Obamacare. Lo que ha sostenido es la cancelación de la política migratoria pies secos, pies mojados, favorable a Cuba, quizá por coincidir con sus promesas de campaña. Lo que aún queda en el aire es el bloqueo económico, situación que ha dado lugar a cierto repliegue de las inversiones estadunidenses en la isla.

Mientras esto sucede, China, la segunda economía mundial, ha desplegado una intensa actividad en el escenario caribeño. El gigante asiático ha encontrado el campo propicio para ello, facilitado por los cambios en Cuba en su afán por atraer capitales del exterior; así como la reciente reforma energética en México, sedienta de inversiones extranjeras.

A pesar del interés económico que parece sobresalir de la presencia china en el Caribe, es innegable que las relaciones Chinas en aquella región también obedecen a un objetivo geoestratégico, y que posiblemente contribuya a mantener un equilibrio hegemónico con respecto a Estados Unidos.

Es bien conocido el enfrentamiento que Pekín sostiene con Washington por motivo de la soberanía del mar de China Meridional, una especie de Caribe asiático caracterizado por su importancia geopolítica, comercial y económica, que además contiene ricas reservas de petróleo y gas. De los nueve países que lo reclaman, Filipinas y Taiwán son los principales aliados de Estados Unidos en la región. El primero interpuso una querella en la corte de La Haya, por la que el organismo resolvió que China no tenía derecho sobre la soberanía de aquella zona. Obviamente, el dictamen no fue reconocido por Pekín.

Taiwán y Estados Unidos han mantenido estrechos vínculos políticos y económicos, además de que la isla ha permitido la presencia militar estadunidense en su territorio. Aunque Pekín ha considerado a Taiwán como parte de su territorio bajo el concepto de Una sola China, el rechazo por aceptar tal dominio ha hecho que el gobierno de Xi Jinping la considere una provincia rebelde. Esta condición ha sido objeto de enfrentamiento con Donald Trump, cuando a los pocos días de asumir la presidencia dio a entender que desconocía dicho principio. Este acto originó sendos reclamos que terminaron cuando el mandatario estadunidense adoptó una actitud conciliatoria.

En otro escenario, la incursión económica de China en Cuba ha solventado las fatalidades ocasionadas por la crisis que sufre Venezuela, principal socio de la isla. Esta situación se refleja en el récord alcanzado por las importaciones cubanas desde China, al lograr mil 900 millones de dólares. Los planes de inversión se han visto presentes en proyectos para establecer una empresa mixta y un centro para desarrollar energías renovables, hasta un campo de golf de 500 millones de dólares.
Lo más sobresaliente fue la adjudicación de un contrato a la empresa china BGP, para la explotación petrolera en la Zona Económica Exclusiva, en una superficie que abarca 25 mil kilómetros cuadrados. Esta región está vedada para las empresas estadunidenses y se ubica a un poco más de 100 kilómetros de la frontera con Estados Unidos.

No es casual que ante la suspicacia que ello podría ocasionar, el portavoz chino, Geng Shuang, aclaró que el incremento de inversiones de su país en Cuba no buscaba adelantarse o prevenir la presencia de compañías estadunidenses; más bien, agregó, forma parte de la cooperación entre “buenos socios”.

Otro buen socio de China es sin duda México. Mientras Trump hace lo posible para que empresas estadunidenses retornen a su país, como sucedió con la Ford, China se expande y aprovecha las bondades de la reforma energética mexicana. En diciembre pasado, la empresa China Offshore Oil Corporation E&P México, adquirió dos bloques en la zona del golfo de México conocida como “Cinturón plegado perdido”, de alto potencial petrolero.

El contrato le permitirá explorar y extraer hidrocarburos en una extensión de 3 mil 500 kilómetros cuadrados, ubicada a 220 kilómetros de la costa de Tamaulipas y a tan sólo 44 kilómetros de la frontera con Estados Unidos. En esta ocasión, la cercanía de la presencia china no fue objeto de una aclaración de parte de las autoridades asiáticas, razón por la que el motivo geopolítico quedó en suspenso.

Así, la presencia estadunidense en el mar de China Meridional y la China en el Golfo-Caribe, han estrechado la enorme distancia que separa a ambas potencias, de poco más de 11 mil kilómetros, para ponerlas frente a frente en dos escenarios geoestratégicos de importancia mundial. Como resultado, es probable que estas posiciones logren equilibrar la hegemonía entre ambas naciones en su disputa por la supremacía.

*Profesor investigador, CIESAS Peninsular
Chetumal, Quintana Roo
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