Ler o leer, ése es el dilema

Retos escritores y lectores

Óscar Muñoz
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Miércoles 13 de septiembre, 2017

Por defecto, leer es una actividad provechosa que nutre el espíritu del ser humano y está ligada a la práctica escolar. Sin embargo, leer implica algo más que una acción generosa y educativa. Para comenzar, es un proceso de traducción en el que participan necesariamente diversos lenguajes: el del que escribió el texto y el del lector; ambos enfrentan visiones y participan en la traducción.

Al parecer, habría mayor esfuerzo en leer, ya que el lector tendría que esmerarse por conocer y entender el mundo del otro. Aunque mucho se dice de la gran dificultad que significa escribir un texto. También el escritor enfrenta un reto: traducir la visión que tiene del mundo a un mundo de palabras. A final de cuentas, el lector haría una traducción del texto que el escritor elaboró como una traducción de sus ideas. Leer implica, por tanto una serie de traducciones.

Si leer es una actividad noble que favorece el crecimiento del individuo y la sociedad, incluso para aquellos que aún no saben leer o que no tienen el hábito de la lectura. Todos, sin distinción, podrían convenir que la lectura enriquece al ser humano, sin importar que quienes estén de acuerdo con esta premisa lean mucho, poco o nada. Parece que leer es un supuesto que contribuye sin recato en el desarrollo humano. Y seguramente no habrá nadie que se atreva a señalar lo contrario.

Pero ¿qué tan importante es leer para el individuo? ¿Leer es “bueno” por sí mismo? ¿Evitar la lectura o leer lo menos posible es “malo”? Para la gran mayoría estas preguntas serían contestadas al instante; para todos leer es importante, necesario y provechoso. Seguramente nadie diría que no. ¿Pero qué tanto de cierto es que la lectura es fuente de sabiduría y aprendizaje?

Según Schopenhauer, en su texto Pensamiento, palabras y música, “cuando leemos, otro piensa por nosotros”. Es decir, el lector sólo conoce lo del otro; en su mente va reconstruyendo lo que el otro ha dicho, como una traducción del texto que es leído. Este filósofo utiliza una analogía para expresar su idea de lectura: “Así como el alumno que está aprendiendo a escribir y copia las palabras que escribe el maestro.” Considera que la lectura impide la reflexión libre del individuo: “Mientras estamos leyendo, nuestra cabeza es, en realidad, un campo de juego de pensamientos ajenos. Y cuando estos se retiran, ¿qué es lo que queda?” Parece que sólo los pensamientos del autor del texto.

De acuerdo con la hipótesis de Schopenhauer, “sucede que quien lee mucho y durante todo el día… gradualmente pierde la capacidad de pensar por sí mismo. Tal es el caso de muchas personas muy cultas. Acaban siendo incultas de tanto leer.” Y con el fin de comprobar su teoría, el filósofo expone una serie de comparaciones: “Una muelle, bajo la presión continua de un cuerpo extraño, acaba perdiendo elasticidad, y el espíritu pierde la suya bajo la imposición constante de pensamientos ajenos. Como el exceso de alimento echa a perder el estómago y daña a todo el organismo, se puede también sobrecargar y sofocar el espíritu por exceso de alimento intelectual.”

Como son pensamientos de Arthur Schopenhauer, seguramente muchos se quedarían sin chistar siquiera frente a sus ideas sobre la lectura. Pero si se siguen las recomendaciones que están en sus palabras, es decir, no quedarse sin reflexionar sobre las reflexiones que ha expresado en su texto, es posible referir que la lectura, más allá de ser un simple reconocimiento de las ideas del otro, también puede ser punto de partida de reflexiones, como una auténtica fuente de sabiduría y pensamiento. Como se puede observar, hay riesgos en la lectura: es probable leer sin dar oportunidad al pensamiento de reflexionar, de asentir en algunos aspectos y disentir en otros, a lo que se le podría llamar ler (tal como algunos funcionarios refieren este proceso). Aunque esta circunstancia de la lectura lleva a concebir el acto de leer como un proceso en el que el lector reconstruye el mundo del otro y construye el suyo propio. Parece que la cuestión está entre ler y leer.