Los de abajo

Las páginas más gloriosas en el balompié las escriben los del montón

Miguel Ángel Cocóm Mayen
Foto: Twitter @FIFAWorldCup
La Jornada Maya

Miércoles 11 de junio, 2018

Hay deportes elitistas y otros que no lo son tanto. El golf, el tenis y el automovilismo son actividades a las cuales difícilmente pueden aspirar los habitantes de los barrios bajos y marginales. Pagar la membresía de un campo de golf, las clases particulares con un instructor de tenis o las partes de un go-kart es privilegio de pocos; en cambio, el boxeo, el beisbol y el futbol están llenos de personajes que crecieron a la sombra y encontraron en sus habilidades atléticas la luz, la fama y el dinero. Con tenistas salidos de las favelas, resulta casi imposible que Brasil conforme un equipo competitivo de Copa Davis; en cambio, con jugadores provenientes de esos asentamientos bien podría integrar media docena de trabucos que lo representen dignamente en torneos internacionales de futbol.

Así, a pesar de que la historia de la FIFA asemeja la trama de una novela de dictadores firmada por Roa Bastos o Vargas Llosa, el balompié insiste en que sus páginas más gloriosas las escriban los de abajo, los del montón, la gleba en pantaloncillo corto. De tal forma que sátrapas como Havelange o Blatter sólo son personajes incidentales de una narrativa en la que el foco central está a ras de césped. Ahí tenemos a Sócrates saltando al campo de juego del estadio Morumbi con una pancarta en la que se lee “Ganar o perder, pero siempre con democracia”, a Cuauhtémoc Blanco dejando atrás con balón controlado la violencia del barrio bravo de Tepito, o a Pelé, de quien escribió Galeano que “Había nacido en casa pobre, en un pueblo remoto, y llegó a las cumbres del poder y la fortuna, donde los negros tienen prohibida la entrada”.

Juan Villoro reafirma este punto cuando dice que “El futbol puede ser practicado por un regordete y no muy rápido y se llama Maradona, por alguien que estuvo a punto de padecer enanismo y es Lionel Messi, por un poliomelítico con los pies torcidos y es Garrincha”. Incluso los hijos más ilustres del futbol también coinciden con esta visión. Al respecto, Ronaldo Nazário, dos veces campeón del mundo y segundo máximo goleador en la historia de los mundiales, señala, en un arranque discursivo equiparable en velocidad a sus dribles en el terreno de juego, que: “El fútbol es lo más democrático que existe en el planeta, es para todos y no le niega oportunidades a nadie.” La democracia del talento y del esfuerzo se construye entre dos porterías.

En el Mundial de Rusia 2018 hemos corroborado estas afirmaciones. De tal forma que dos equipos obreros como Irán y Marruecos hicieron temblar hasta el último minuto a España y Portugal, dos potencias que llegaron con aires de superioridad y creyéndose dueños absolutos del balón. Lo mismo Corea del Sur, una escuadra sin linaje, que dejó tendida en el pasto a Alemania, tetracampeona del mundo.

En el torneo que se suponía era la consagración de Neymar, llegó Mbappé, un joven de 19 años con madre argelina y padre camerunés. Cuando los reflectores apuntaban al físico esculpido en gimnasios de Cristiano Ronaldo, apareció Harry Kane, futbolista al que el Arsenal rechazó por sobrepeso hace algunos años. En los campos de juego donde Messi debía escribir su legado, irrumpió Lukaku, futbolista que en su niñez tuvo que tomar leche mezclada con agua para que su familia llegará a fin de mes con despensa básica en el refrigerador. Bajo los tres palos donde tenía que brillar el portero más caro del mundo, David De Gea encajó 11 goles en 12 disparos con dirección al arco, mientras que Guillermo Ochoa, quien juega para el modesto Standard de Lieja, atajó 17 ocasiones a gol, lo cual habla muy bien de él, pero muy mal de la defensa mexicana.

El soccer es impredecible, tal vez por eso mueve a tantas personas alrededor del orbe. Es cierto, el equipo de Cambridge le puede ganar diez de diez en canotaje a un conjunto de pelados, pero esos mismos aristócratas seguro pierden, y por goleada, en un campo llanero enmarcado por dos porterías. Y es que el futbol es la revolución con balón en 90 minutos.

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