El tren en tiempo maya

Este laboratorio será dirigido directamente por López Obrador

Texto y foto: Fabrizio León Diez
La Jornada Maya

Martes 14 de agosto, 2018

El murmullo del tren seguirá siendo un paisaje sonoro que nos remite a la nostalgia, aunque ahora su presencia se convertirá en parte de la iconografía del mundo maya y transformará las relaciones en la península de Yucatán, al unir a Mérida y Campeche con Quintana Roo, por medio de las grandes zonas arqueológicas de Calakmul, Palenque, Chichén Itzá y Tulum, los principales atractivos culturales del sur mexicano para los viajeros del planeta.

Lo anunciado ayer por el presidente electo es un laboratorio que pondrá a prueba las nuevas fórmulas creadas por el gobierno. Retomó una idea fundada en proyectos modernos de la vieja guardia y ahora lo reforma con el ímpetu que el poder le confiere y con una mayoría absoluta, proporcional a la simpatía que los empresarios han mostrado, y un guiño al gobierno chino, al que no le gusta cantar mal las rancheras.

Este laboratorio será dirigido directamente por López Obrador y ahí se verán los resultados de las ecuaciones con las que experimentará su gabinete económico, turístico y ambiental.

Como factores en la operación, las pruebas más intensas recaerán en los gobiernos de Mauricio Vila (Yucatán), Alejandro Moreno (Campeche) y Carlos Joaquín (Quintana Roo), así como en la capacidad de negociación que tengan los nuevos coordinadores del gobierno morenista.

Los tres gobernadores se manifestaron en público para ser incluidos en el proyecto, y en forma privada cabildearon por los intereses de su estado con los nuevos protagonistas del gobierno que al parecer, por el anuncio de ayer, sí tuvieron eco.

Lo que viene ahora es esperar las convocatorias y apostar porque la imaginación de quien diseñe el proyecto sea genial y que el laboratorio se constituya en un modelo a seguir; donde las ocurrencias no sean las protagonistas y que la construcción de las vías no se convierta en pesadilla.

El ensayo que viene será como manejar en una vieja locomotora, preparar un coctel en el bar, sin tirarlo, y cenar en el vagón. Esperar a que llegue el tren en una estación, a tiempo, “en cuatro años o menos”, dijo el próximo presidente.

El factor que todavía no ha sido mencionado en este espectacular anuncio del tren maya son, precisamente, los mayas.

Es temprano todavía para hacer las fórmulas que los vuelvan factor fundamental y explícito, pues los resabios de la antigüedad no correrán con la misma velocidad de un destello atrapado por los observatorios de sus antiguas ciudades, que ahora se unirán para su contemplación.

La consulta a los mandatarios, líderes, ejidatarios, sociedades mayas, no sólo es ya un requisito sino un factor intelectual que debe ser transversal en todos los órdenes de gobierno e iniciativa privada; eso le dará justicia a un tercio de la población de la zona y la oportunidad de que su lengua sea considerada, en forma más amplia, como el mayor orgullo de la cultura mexicana y la única manera de encontrar en sus palabras una manera diferente de pensar el progreso.

El ASPY, no va, por ahora

Un ejemplo de lo dicho es lo que sucedió en la interpretación para llevar a buen puerto el Acuerdo para la Sustentabilidad de la Península de Yucatán (ASPY). Para quienes lo negociaron y redactaron estaba implícito que la consulta a las comunidades mayas estaba contemplada en su fórmula, pero bastó que una de ellas no lo viera así, para que a través de un amparo el proyecto se haya quedado quieto, en un estatus que lo coloca en peligro de naufragar.

Es la hora del sureste y es hora de que los constructores del nuevo laboratorio sepan, que el tiempo maya es diferente, igual pasa a la velocidad de un tren, pero a veces tarda tanto como acomodar las ventanas de una pirámide, para ver un atardecer, a tiempo.

Mérida, Yucatán

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